Qué, o cuánto atrevimiento: Diálogo con Arim Almuelle

Con: Lena Marin
 
Me hice una idea a partir de las palabras de Juan Pablo Torres, a quien debo el contacto: Ya verás […] las manos, como las ramas de un árbol, trazando en el aire figuras, señalando más bien magnitudes, que corresponden, claro, a lo que dice; y en los ojos, candela…
Se lo comento a Arim. Él ríe…
 
Pero todo tiene más de un ángulo…
 
Diferencia entre vehemencia y pasión… impera la sencillez en el afán por la mayor objetividad posible. Si lo que uno busca de veras importa más que toda ambición particular, ha de ser porque en realidad – une.
Mente abierta. Equivale a atención contra el desbarro en relativismo.
Qué mejor que ir entre símbolos “irrebatibles”…:


A la vuelta del hola, se vienen las preguntas de apariencia sencilla, esas mismas cuya fórmula apenas y cambia; a las que de un tiempo a esta parte se levantan más rumores vacuos que verdaderos tientos de respuesta, y menos todavía cuanto tendría más valor: propuestas para ahondar en su sentido…

  

Que un artista, más aún si su obra es realmente notable, pueda reaccionar de mala manera, molesto, si se le pregunta con todo respeto qué entiende en lo personal por Arte, me sorprende. Pero a muchos, por lo visto, les provoca un enojo tremendo, sin importar el modo. A lo mejor te hayas dado tú también con una sorpresa de esas: que ante la curiosidad de alguien queden indignados, molestos, más que incómodos. Y una pregunta de ese tipo no tendría por qué entrañar “una carga terrible”; más aún cuando probablemente revista de especial importancia para entender mejor la visión del pintor o fotógrafo o escritor de que se trate. En fin, ¿por qué habría de ser tan inapropiado?
 
Quien teme puede intuir la duda respecto del trecho entre su pretensión y el resultado de su trabajo; lo que es simple evidencia de que al margen de su mérito, toda obra es en realidad camino, aproximación, medio, nada más. Apenas una propuesta, nada sin lo que los demás no puedan vivir, pero importante en cuanto brinda la oportunidad de ir más allá.
Si uno cree haber dado con respuestas a través del arte, peor aún, haber establecido un hito con alguna de ellas, dando fin a una cuestión, pues está delirando, no piensa más que en sí mismo, en un estatus ideal.
– Posesión. Nada tiene que ver la ilusión de control (que es negación: delimitación) con el desinteresado sí de toda auténtica vocación.
 
Es este un asunto que a mí en lo personal me importa mucho y siendo como somos, testigos de esta especie de ola de fraudes que parte de la relativización de conceptos, pues creo que urge o revisar y al cabo afianzar algunos de los existentes, o proponer nuevos, pero no dejar el asunto en manos de estafadores…
 
¿Está todo tan claro para todos que sobran las preguntas? ¿Qué implicaría suponer que han quedado establecidas las respuestas como hasta el momento?
Si es cierto que entre esta especie de nuevos conocedores está tan claro qué es arte, ¿por qué necesitan dar tanta explicación para justificar el valor de “obras” que aparte de simplonas, absurdas, sobre nada hacen cuestión (cuanto más parodian o desafían ruidosamente), por qué si luego ellos mismos dicen que arte puede ser cualquier cosa?
 
[Es un engaño, y hay quien ha dicho lo suyo al respecto…

                                                                                                                Sí…]

 

Sé que para ti es muy distinto…

 
Se trata de una conexión con una realidad superior. Esta realidad se presenta de tal forma que provoca decir, corresponde a un ámbito muy por encima de lo simplemente humano.
Esta realidad se suele presentar al artista de forma inesperada durante el ejercicio creativo, que no es otra cosa que una búsqueda por lograr conectarse.

 
Te sigo, y me pregunto por qué tanta resistencia a hablar hoy de lo trascendente. Pero luego recuerdo la cadena de consumo: descarte y renovación, y poco me queda por decir.

 

Y es algo especial de veras.
Esa realidad superior, digamos, llega al artista…, lo alcanza y lo hiere. Como una revelación, lo deslumbra con el rayo de su último misterio; esta luz extraña, indescriptible, maravillosa, conlleva a la experiencia de lo sublime.
Se trata de un terreno poco conocido. Para poder penetrar en él es necesario despojarnos de nuestras ropas humanas, la carne…
 
El ruido de nuestro propio rollo justificante. Posesión –nuevamente.
Se me viene a la mente la Psicología oriental, que decía Marguerite Yourcenar, en lugar de Filosofía oriental. Ella misma afirmaba que para un escritor y lo mismo aplica en este caso a todo artista– es indispensable saber entregarse, volcar completa su atención a lo que ve, sea dentro o fuera de sí mismo; esto implica en todos los casos contemplar y, por tanto, desprenderse del lastre de multitud de ideas. Un desnudamiento en otro plano. Un ejercicio de honestidad.
 
El espíritu como voyeur, se me ocurre…
Así como en el mito, el Rey Arturo fue elegido para sacar la espada de la roca y gobernar, el artista resulta especial por su capacidad de atravesar el umbral. Pero el único gobierno del artista es sobre sus pinceles, sobre sus horas de trabajo: disciplina y voluntad, para entregarse a una meditación profunda. La conexión se rige acaso por leyes desconocidas, mas es posible acercarnos, disponernos, abrirnos a la posibilidad e, incluso, como don, provocarla.
 
Artesanía, oficio. Y el éxito por conjugación de talento, trabajo y fortuna, a decir de Naipaul…
Es el conocimiento de la propia técnica, el reconocimiento de una herencia cultural y el aprendizaje constante, en conjunto, el punto más flaco en la crisis crítica por la que ciertos mamarrachos, brotes o accidentes reciben luego la etiqueta de obra de arte, o peor aún, de arte en sí mismos. Y el arte no es un objeto. Ni una performance. Mucho menos una actitud.
La sensibilidad juega un rol capital cuando se comprende el arte como fenómeno, un fenómeno comunicativo. Y la disciplina toma el lugar que le corresponde respecto de ella.
 
La disciplina se convierte en un monstruo indomable si es que no ha dado uno con el móvil a qué aplicarla como valor, y en relación a su vez con otros valores.
Autoestima antes de disciplina, por ejemplo.
Cuando tu has encontrado tu pasión, la disciplina es placer, porque nos acerca al objetivo, noblemente. Es medio pleno. De modo que el tedio desaparece. El tedio se origina en un error humano.
 
Por vocación, entrega, no sacrificio…
De manera que hablar de valores, principios, etcétera, conserva su vigencia una vez se le quita de encima la pátina cursi, el patetismo y sobre todo el miedo al rechazo, más aún que al del mero ridículo.
 
Se habla de pérdida de valores, pero nadie dice qué lo provoca. Pienso en la pérdida de sensibilidad… En la falta de cultivo de la sensibilidad.
Esta es una suerte de contacto directo: ser, tocar, del ser, sin filtros. Detrás de la sensibilidad está el ser desnudo, esencia.
Uno mismo está delante de la sensibilidad, la idea de uno
 
Y su bagaje.
 
¿Qué alcanza a decirte hoy La piedad de Miguel Ángel? ¿De veras te cuestiona? ¿Lo hace directamente? ¿Cuánto demoras en ponerte en contexto?
 
Inteligencia… Inter-ligar.
Quien pueda tejer más rápido con sus referencias y, como dices, trasladarse más pronto al contexto apropiado, mejor y más habrá de disfrutar; pero este disfrute, que corresponde en realidad al asombro, dista de la complacencia. De hecho se debe a lo contrario, al hallazgo de la diferencia…
Sí, conviene desmitificar, lo que equivale también a devolver a su contexto original cada objeto, y volver la atención al fenómeno que suscita, aunque en el medio más favorable.
Quien busca su reflejo pretende solo confirmarse en la reducida idea que conserva de sí mismo: lo que preserva como saber brinda la medida de cuánto prefiere más bien ignorar, de cuánto – teme.
 
¿Hoy, quién cuestiona de veras? ¿Hoy mismo, qué es vigente por más de un día, y qué formula su pregunta a través de un lenguaje común, vulgar si se quiere, pero con hondura?
Felizmente, hay quienes dan con ellos… Pero…

  

Sí, el mercado es un problema.
 
Es difícil hablar de estos temas. También porque atraviesan cuestiones metafísicas… Y aunque es sano el contraste, no es tan fácil saber quién llamar por problemas de este tipo… Cuidado, que todo el mundo se pregunta cosas por el estilo…?
Es muy fácil perder la lucidez.
 
Felizmente, otras luces… se abren paso…

 

La idea es compartir…



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