Frutos de la noche: Provocaciones de Mark Ryden

Por: Juan Pablo Torres Muñiz

El árbol de la vida, El árbol de la ciencia… El pecado. Y el ideal,  paraíso perdido. Luego, la promesa de la nueva tierra. Para el pueblo elegido.
¿Qué pueblo? ¿O cuáles, y cuándo – cada cual? Al cabo, ¿cuál de las versiones de la misma promesa, y qué interpretación?
Ante la ausencia de una auténtica tradición de qué preciarse, – tentar la creación de una, sobre sangre, sobre memoria ahogada. – Trabajar. Errar, y volver a levantarse. Quizá sobre la idea de otro, bendiciendo con su sudor la propia frente. Porque sin pasado ilustre, sin un pueblo a la espera, sin quién que defraudar, la apuesta va por todo: tan poco. Coraje, como eslogan. Grabar en caracteres gigantes que, por fuerza del credo (en su eficacia material), por tenacidad, es posible para el nuevo hombre desdeñar finalmente la vieja estirpe.
Por supuesto se trata luego de enarbolar la bandera del sueño, como evidencia de que sí – es posible.
El cine habrá de ser la palestra, aunque no lo dijeran las escrituras…
En efecto, no hay retorno tras haber probado del fruto prohibido: de la duda, la curiosidad y la ambición… Sólo queda, según común acuerdo de las masas, «progresar», triunfar en el artificio: reproducción de la dicha en el modelo regular, popular.


Al principio de Ana Karénina: «Todas las familias felices se parecen unas a otras, cada familia infeliz tiene un motivo diferente para sentirse desgraciada.«
Modelos de felicidad. Para el ejemplo nada más, la familia nuclear reunida en armonía perfecta, sin necesidades por cubrir, y dada a la esmerada superación, generación en generación, – prosperando. Agréguese, una dosis de rebeldía ante las condiciones de este ideal, para completar el marco Pop. – La crítica de la tradición es también, a su modo, tradición de cada nueva juventud…, que si no…, en fin…
He aquí, los rebeldes. Y también, para establecer incluso cierto diálogo, algunos provocadores…
Insistir en que el fruto de El árbol de la ciencia, de algún modo, nos lleve, y pronto (!) al paraíso… ¿a por El árbol de la vida?

 

La tierra prometida, decía. Un nuevo territorio para el hombre  dónde hacerse a sí mismo, lejos del horror y el dogma, presto (inocente, diría Henry James) a la tentación. Alegre en utopías liberales, y… lejos de las revoluciones, más allá de estas. En todo caso, un nuevo comienzo, y como todo nuevo comienzo: huida y sueño. Ilusión de línea recta, abstraídos de todo ciclo.

Un poco de lucidez basta para reconocer tanto el valor contenido en dicha visión, como el riesgo de perderse en ella; el engaño que comporta, pero también, cerrando el círculo, cuanto es capaz de revelarnos de nosotros mismos y nuestra realidad;  maravilla del juego con el otro lado del espejo, para encantar y espantar.

 
 

 

Más acá, sea dicho de una vez: America. Ojo, no América, solo parte de la del Norte, mucho menos que toda, pero sí, el último basto territorio para civilizar. La tierra de las oportunidades. Y en ella, El Sueño Americano
Cuestión de contexto, pues al cabo íbamos acerca de lo Pop…

Conquistar, arrasar, luego edificar y hacer de los frutos de lo moderno, – propiedad. Progresar, y hacer símbolo de cada mérito. Marcas registradas, ilusiones con patente.

¡Cuántos aventureros, vagos, locos y visionarios…!
Hubo muertos, tantos que se convirtieron en fantasmagoría estadística… Y se impusieron al cabo – las familias felices, esas a que aludía el Maestro ruso, si bien con un estilo distinto.
Éxito.

 
Adornaban los salones, retratos de los nobles fundadores de cada familia, de los pastores, también. Sus rostros serenos. Firmeza, sí; cierta perplejidad en una que otra mirada. Padre y madre, uno al lado del otro; detrás, la casa de madera, el horizonte  de los campos fértiles, el territorio acogedor.  La tierra – bien trabajada.
En las habitaciones de los niños, las muñecas, los osos de felpa, las herramientas y las armas. Los cuentos sobre el bosque… Porque no hay que ser confiados, y este oculta tanto. De modo que insistamos: trabajo, astucia, tesón…, también prudencia. No cabe ser tontos; las cosas afuera, chicos, no son tan simples…, no hay que dejarse engañar, no hay que dejarse tentar; el pecado acecha. (Los paletos, para los chistes, y – TV-series en que podamos aprovecharnos de ellos haciéndolos sentir incluidos también: – un modelo espejo, siempre, de modo que algo aportan…
El miedo. Herramienta. Manéjalo, hijo. Aunque, claro, el discurso es un tanto distinto: Vuelve a casa a tiempo; siempre, antes de que anochezca.
Deliciosa infancia. Con algo bueno a qué temer.

 
Los ojos de las criaturas de la noche, de grandes pupilas; gotas de almizcle. Alquitrán. Brillantes. En contraste con la palidez…
El blanco, signo de pureza… o quizá, más bien, lo que en Moby Dick o en el caso del Juez Holden, de Meridiano de sangre
Símbolos. La ternura, lo macabro, lo engañoso. Lo prohibido.
La burla. Al fin y al cabo, se trata de Lobrow Art.  Supuestamente, sin pretensiones…

 

 
Una y otra vez, Pop.
Lo simple, lo sofisticado: poner en evidencia lo dudoso de las condiciones del ideal  al impulso de sueños apenas dirigidos. Surrealismo, fue dicho  mal, por cierto.
Viene Dalí… Sus muletas, sus santos, crucifijos, caballos y horizontes cortados. Masturbación. Efectismo, también. Provocación.
Más recientemente del norte y el globo entero, merced Media, Mark Ryden… y sus criaturas, sus íconos… Su provocación. Pop Surrealism, ahora dicen…
Se reconocen en algunos de sus cuadros los rostros de cantantes, actrices y actores ídolos adolescentes (Katy Perry, Christina Ricci, Di Caprio, entre otros).
Mas llaman especialmente la atención las niñas, menores que nínfulas (!). Sus cristos. Lincoln. La carne. La sangre…
 
 
Pega 
Para Michael Jackson, Ryden diseñó la famosa portada del álbum Dangerous… (que contiene también imágenes de niñas)…
La influencia se hace sentir en Sin City, El imaginario mundo del Doctor Parnassus… y demás estaría mencionar títulos de Tim Burton. Por otro lado, a Lady Gaga. Más recientemente, reconocemos el estilo de algunas de sus pequeñas en el personaje que caracteriza Maddie Ziegler en los videoclips para Sia.
Y quizá para entonces llevamos buen rato notando ciertas… complicaciones.
 
 
¿Son ingenuas…?
Expuestas a bestias, criaturas de la noche, demonios. Degolladas, sangrantes o ilesas, pero dispuestas en terrible juego al espectador, sus pequeñas  musas con aires como de las más maduras de Tamara de Lempicka, en un espectáculo de horror.
Otra forma de provocación. Menos sutil. Mucho menos. Mucho.
 
 
¿Pop?
¿Y cómo que no hay pretensiones artísticas?
 
 
 

Un comentario

  1. Obra maravillosa! Pero claro que controversial.
    Qué buena página! Y cuánto material!

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