Ventriloquía: Arbitrariedades a partir del videoclip de Hole in ocean, de DyE

Por: Juan Pablo Torres Muñiz

 

Ochenta millones de vistas a un videoclip de un músico con muchísimos menos discos vendidos que, por ejemplo, Daft Punk. Tremenda cifra.
Fantasy es el sencillo para el cual fue hecha la correspondiente producción animada. Pero se trata de una pieza en la que de por sí apenas y vale la pena detenerse. El impulso nada más podría venir erradamente del ruido de las imágenes que la acompañan…, y de estas sí que podría decirse algo. (Lo cierto es que el Pulp pega, sobre todo cuando, digamos, sorprende por el cambio de formato o, mejor aún, como en este caso, de ámbito.)
Del fenómeno provocado por Fantasy– suficiente. Basta con que alguien se anime a verlo y haga mayor la cifra aquella.
Estas notas se deben a otra curiosidad: Hole in ocean.

 

 

Aquí, Dalí. Walt Disney…
Un asunto es el estilo, el modo a la reescritura, y otro :

 

 

Veamos
Destino… Su rodaje empezó en 1945. Su lanzamiento se dio recién en 2003. Salvador Dalí, Walt Disney, John Hench. Hubo problemas de financiación debido a la Segunda Guerra Mundial. Luego, – el rescate, como saludable efecto colateral de la nueva edición del musical Fantasía 2000.
Varios premios: Al cabo se trata de un cortometraje cuya vigencia… En fin, pero mejor detenernos, que eso da para otro texto…
¿Qué perdió o qué ganó el film con el juego de Juan de Guillebon (DyE)?
Es mucho más que un asunto de maneras. Trasciende haber dejado fuera el tema original, del compositor mexicano Armando Dominguez…
– Y qué pretendía el francés. – Qué consiguió.
 
Nothing remain nor the picture
A weird goes by any hole time
A weird goes by hole, oh
 
I was swimming in the future out now

And I hate to fade alone

Nothing remain nor the picture
 
Un sueño. Perderse más allá de la física  abstracción de la muerte.
No es posible morirse uno mismo en su sueño. Aunque no se tenga dominio consciente de este, es a su interior, en el mismo trance que encarnamos a Cronos.
La aparición de la criatura ideal ante nosotros (vale decir, en realidad, adentro) para admirar los símbolos de nuestra propia constitución (de lo instintivo, lo cultural, lo elevado y, entre sombras, también lo bajo; lo sublime y lo pervertido, etcétera) podría no ser más que… masturbación. – Una vez más, abstracción, en el placer.
El amor entre Cronos y una mortal. – Afán de plenitud. Pues en la masturbación, la ilusión ¿acaso tiene límites?…
 
A weird goes by any hole time
A weird goes by hole, oh
All in all, is all we all are
 
Mejor volver a lo primero.
Danza. (Y vaya que la coreografía, mucho más que movimiento de bailarines, se altera con lo hecho por DyE.) En este plano, el diseño de Dalí se disfruta, no a pesar, ni siquiera en contra de, si no acaso en un astuto ante y por sobre la composición del francés, dando lugar a una nueva relación en el juego:
La musa, que al caso sería La Música, la melodía en el tiempo, se viste de la textura propia de la imagen, su rasgo definitivo: la sombra  dimensión, medida y, por tanto, – tiempo consciente.
Entretanto, como fondo: esos tonos  la palidez, de hora muerta.
La irrupción de las nubes, el guiño a El perro andaluz… Nada frena de veras ni alcanza a fraccionar el flujo, la ilusión de plenitud. Las miradas huyen, las extremidades se tienden, todo como un suspiro prolongado…
Es, sin embargo, una historia de amor condenada al fracaso. Se presiente. Se teme. Se ve…
Ilusión… De El gran masturbador
Las mismas sombras, y tantos rostros…

 

 

¿Qué tanto sorprende el juego?
¿En qué medida acerca a Dalí, y confunde a quienes no sabían de Destino…?
Y, ¿es necesario acercar – a Dalí? (Pienso, así, de pronto, en Aeon Flux.)
Pienso en Pop… En el calificativo vanguardista. El año 1945(!)… Y, con fondo de sintetizadores, en esa etiqueta  de culto
Suficiente.



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