Adonde perdemos la mirada: Diálogo con Isaac Pelepko

Con: Juan Pablo Torres Muñiz
 
Miradas perdidas, decimos. Al caso, podemos empezar por ellas, pero Isaac Pelepko plantea desde este punto, entre otros, un espectro de posibilidades particularmente amplio.
Acaso en la tensión del silencio de cada escena asoma la clave: allá donde más bien se encuentra la atención de los personajes es un momento, no un lugar. Una región, sin embargo, transparente.
La pretensión es enorme, porque en medio del drama (atravesado de humor) nos enfrenta a la última cuota de lucidez común a todos. Y paradójicamente provoca trazar, amplio, un arco en que quepa la cuestión. Como si fuera posible.

 


De enfoque sencillo, el propio Isaac pliega su discurso a las posibilidades del lenguaje más directo. Al fin y al cabo la medida de su ambición queda determinada por cuanto es mejor decir sin hablar.



Siento que mi obra se divide en dos grandes grupos; uno, de un realismo más auténtico, que consiste básicamente en retratos y figuras, en los que se pone énfasis en la belleza y la técnica; el otro, tiene que ver más con lo narrativo, es más expresivo y experimental en el estilo, con menos énfasis en “lograr un buen dibujo”.

 

Algunas de estas obras presentan un tema más oscuro y ofrecen una perspectiva satírica. Pienso que el humor es importante y quisiera expresarme con él siempre, o al menos en la mayoría de mis trabajos.

 

 

Irreverencia.
Y no…

Expulsados del paraíso, tenemos la edad del mito y la leyenda, regidos todavía por el tiempo circular. De ella solo se pudo contar y explicar detalles después, sin una Historia como tal. Es que narrar implica establecer una sucesión de hechos, un tiempo lineal (al que corresponden también la causalidad y la primera lógica), lo que aún no nos era propio. (Al igual que el humor.)
Dicen los mismos mitos que nos inscribimos en la nueva tradición con sangre.

 



No estoy seguro de lo que quiera decir, por ejemplo, Literatura de la imagen, pero probablemente respondería que no a expresarme por medio de ella.
Para mí creer en algo tiene que ver siempre con un flujo.

 

A la muerte de Abel, Caín (y con él su descendencia) habrá de trazar solo su camino. Con la inevitabilidad de su propia muerte a cuestas como única certeza, condenado a pensar por tanto en ese otro tiempo que ya no le pertenecerá jamás, erra, y erra. Se pierde y a menudo, intencionalmente, se emboba; otras se entrega a desafiar…

Acaso sea posible regresar en el tiempo si se supera la velocidad última a través de la que se nos manifiesta la realidad. Acaso así podamos atravesar nuestra propia marcha.

Pero entretanto qué…

 

Voy atrapando un montón de información sensorial, de entre todo lo que hay alrededor. Siento que se cuela a través de lo inconsciente en mi obra.
Esta, por otro lado, se nutre definitivamente de la vieja pintura occidental, principalmente, del Manierismo, Barroco, Rococó y bastante del siglo XIX francés. También de la televisión, de dibujos animados y películas de Disney, videojuegos e historietas.



Dura lo que cuenta con el carácter de irresoluble. Cuestiones.
¿Qué aguardamos? ¿Acaso de veras podemos vivir abstraídos de nuestra única certeza? ¿Cabe esperar que el hombre viva en justicia, haciendo buen uso de los recursos a su alcance, si apenas recuerda que morirá devora todo a su alrededor para embriagarse de gozo y olvidar? ¿No cambiarán de manos las joyas, innumerables veces, sin dejar de ser preciosas ni ambicionadas, nada más porque provocan cierta amnesia? ¿No se deprecian solamente los objetos de que nos servimos para vernos reflejados, confirmando una postura, una condición pasajera? 



Los modos, las referencias, aquí en los lienzos, lo testimonian.


El desarrollo de mi estilo tiene más que ver con muchos años de dibujo figurativo; no obstante, diría que los recursos digitales han incrementado el conocimiento de más temas y permiten el fácil acceso a referencias que hace posible un material más creativo.



Miradas perdidas… Pero concertan un encuentro. ¿Cuál es su momento? ¿Acaso no está siempre ahí?

Decir del tiempo implica partir del modo en que lo percibimos y de cómo lo entendemos,  así como de la forma en que asumimos, “progresa”, “retrocede”, “suma en caos” nuestra civilización.

 

Por qué estoy pintando esto, de dónde proviene tal o cual imagen. Las ideas parecen provenir del éter y no estoy seguro de ellas, muchas veces. En ocasiones es algo totalmente estético. Solo quiero hacer una bella fotografía, pero en otras ocasiones tengo más preguntas acerca del origen.



Concebir el conjunto de imágenes como una unidad representa de por sí un nuevo problema.

 

Le preguntaría a alguien más para que ayude a contestar. A un buen observador le preguntaría qué piensas. Pero en general me gusta más el disfrute de la experiencia visual. Que las preguntas se las responda cada quien por sí mismo.



Ventajas de la elocuencia.

Ya otros se mataron pensando. En el ámbito ese de la palabra interminable, la compuesta por todos los caracteres y que se tiempla a través de todos los sonidos; verbo que conjuga por sí solo todos los tiempos y nombra a su vez la voluntad de nombrar, sin antónimos.
En fin, adónde mirar…

 
 
(Traducción por: Roberto Zeballos Rebaza)
 
 

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