Arriba en lo profundo: Sobre el videoclip de Pstereo, de Emilie Nicolas

Por: Juan Pablo Torres Muñiz


Soñar. Más bien, al caso, sumergirse en el sueño. Dejarse llevar por la corriente que, ajena a nuestra intervención, deforma la ficción de la memoria, esta versión oficial en que desempeñamos un rol protagónico, y teje ante nosotros una nueva realidad: interpretación en sí misma de aquel lado del espejo, de donde venimos, a menudo exhaustos.

Hay que saber abandonarse. Ofrecer de nuestra parte, sencillamente, un poco de silencio. Y entretanto, claro, disfrutar.
Evocar un sueño no es sencillo. Para revivir la satisfacción del descanso de nosotros mismos que procura, basta en ocasiones con el roce tentador del signo. De libertad, de distancia, de calma o soledad. Activando como con tirar de un hilo, la saudade. Así, respondemos prácticamente todos, en el mismo sentido, con el mínimo de referencias.
Emile Rafael ofrece en su trabajo para el tema Pstereo, una oportunidad singular, encantadora.

  

 
Empezamos en el mar, pero luego es que nos sumergimos de veras…
Visiones que provocan, sin más, paralelos: Una playa fría y un horizonte evanescente tras la turbia palidez de la niebla.

Algo más particularmente: La ruta, arroyo gris de espuma impostada, vía a lo abisal. Como si bajo la escamosa vitalidad del lomo rodante de nuestro tiempo pudiera uno perderse por adelantado a las revelaciones del último mar…
Estamos, pues, no solo más allá, si no detrás del océano que se oiría romper, bramar y tenderse en luces para lamer la tierra, de no ser… un sueño.
 
 
Maravillosos animales.
Vamos un poco más allá, por mera curiosidad: a la pregunta de si se trata de yubartas, jorobadas, boreales; son azules.
A pesar de la distancia, su paso invita a acariciar las formaciones salino-coralinas que coronan sus leves crestas. Ver sus ojos y reconocer en ellos la inmensidad inaprensible de la humilde aceptación con que en silencio contestarían a todas las preguntas.
 
Nights under the trees
We breathe black hole black hole
Together we are pstereo
Soundless messages without a word
We Share our little secrets
I think we are…

  

 
Seguir, andar, pensar en ellas; alcanzarlas en la claridad. En la danza, al ritmo, adivinar la melodía de sus cantos, un nivel más allá, por detrás de nuestra voz y de lo inmediato. El ruido aquel con que nos convencemos de la vida que llevamos, día a día.

Estar pendientes del horizonte, alerta como los ciervos.
Todo es alusión…

 

Do you hear the breeze?
I’m on branches without leaves
I (…)
(…) the once made
We are who we once were

 

 

Detrás de la montaña, adonde el aire es más puro… y menos respirable, el camino se prolonga; las apariciones se hacen más significativas e intensas. Uno las espera sin ansias de comprender a cabalidad el sentido de la revelación.
(Ya fue dicho: es abandono…)
En este caso, la música acompaña al silencio inherente a tal aparición. Refuerza el efecto o, mejor dicho, enriquecida por la imagen, cobra por su parte un tono distinto: endulza el recuerdo de aquel.
Y uno se pregunta he aquí una elocuente muestra calidad en el trabajo del director en qué momento surgió el concepto, si antes acaso, con la canción como complemento…, o por pura inspiración, a partir de esta…


There’s no questions without an answer
The wind, the wingless friends
becomes invisible in broad daylight
in broad daylight
I think we are…
 

 

Entonces conviene recordar lo común de las visiones… Y, de inmediato, destacar que el camino a lo más profundo y obscuro deriva en una nueva claridad, en una nueva perspectiva de la danza. Y que el camino, felizmente, no acaba.
Encallados de vuelta en la vigilia, estamos apenas de vuelta en la orilla.
Podemos seguir soñando.



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