Caminos y orillas: Diálogo con Karina Pacheco

Con: Juan Pablo Torres Muñiz

Una pausa en el camino. El paisaje se abre, amplio…

Para referirnos a términos como ficción y realidad, conviene tener clara, previamente, otra diferenciación, la existente entre realidad y verdad. Así nos es más sencillo reconocer tanto ficciones como realidades verdaderas, auténticas, lo mismo que dar fácilmente con lo real no verdadero, es decir, lo falso, errado, la burda mentira y el engaño.
La verdad es relativa; más bien, subjetiva. Se sostiene en el artificio del lenguaje. De modo que la representación de la realidad, más allá, la transmisión de una experiencia o sus frutos, a través de proposiciones, acaba, en última instancia, por subrayar la imposibilidad del entendimiento pleno del mensaje.
La interpretación implica una intervención. En la escritura, los hechos nunca le ocurren, simplemente, a uno; es uno que los incorpora, y por medio de ello procura comprender; para esto emplea la imaginación, que relaciona, teje. Hablamos de Intellegere.
Karina Pacheco, amable siempre, interviene, a propósito de su narrativa…
 

 

Es a veces a partir de imágenes inquietantes… Estas pueden proceder de algo visto u oído a medias, o de imaginar metafóricamente un acontecimiento fuerte. Por ejemplo, escuchar el relato de un hecho por demás inhumano podría provocar un deseo de taparse los oídos. Habría algo metafórico y a la vez extraño en un oído que unos días después amanece sangrando, y por allí puede empezar otra historia, que toma la forma de un cuento o una novela. En otras ocasiones, el punto de partida viene de observar una serie de hechos que fracturan la sociedad en la que vives y/o te pueden fracturar a ti misma o a personas cercanas; poco a poco esas observaciones van quedando en un pozo, y al momento de escribir una historia van emergiendo con nuevas formas y voces y se van entretejiendo con elementos que nacen de la imaginación.

 
Un nuevo quiebre siempre hace más complejo el prisma, o lo reduce y convierte por completo en uno nuevo. Así, cambia también la invención: el personaje dispuesto a compartir su experiencia. La voz para la historia surge en buena medida, por tanto, de esta  misma…

 
El trabajo con el lenguaje es muy importante pues permite expresar de manera más o menos aguda aquello que planteas como historia; además, hay que recordar que lo que una como escritora tiene claro sobre lo que ha escrito, puede ser poco o nada inteligible para el lector, salvo que haya un buen trabajo hecho, sea para responder a una intención de dejar las cosas claras o solamente sugeridas. De otro lado, puede ser también problemático si te obsesionas demasiado con el lenguaje empleado y reduces la fuerza de la historia lanzada.

 
Decíamos en un principio autenticidad. Se trata de fidelidad a la realidad con la que, y en que uno mismo se encuentra; más incluso: se desarrolla. Esta entrega plena al objeto, al fenómeno, tanto al exterior como al interior de uno, con sus múltiples implicaciones, revela, libre, la visión que, por tanto, más propiamente nos representa (al menos en el momento).

 

 

El tejido en sí mismo revela las claves de su construcción, motivos, formas, procesos y complicaciones, que son también claves de la invención elaborada de uno mismo, pero que nunca nos reflejan del todo. Y el diferencia, la posibilidad de aprender…

 
Siempre hay algo de nosotros y de nuestras experiencias personales que se despliega en la escritura de ficción; pero en mi caso, escribo más desde la observación y atención a las memorias e historias colectivas, a cómo pueden influir en diferentes “yo” ficcionales; también desde la observación de cómo nuestras diferentes posiciones en la sociedad nos hacen menos o más vulnerables a las grandes historias y estructuras que nos envuelven.

 
Reducir una labor así a la de testigo o ventrílocuo, equivaldría a menos que nada. Las categorías a menudo exceden en el comentario, el lugar que en todo caso les toca: apenas instrumento para clasificar, haciendo más sencilla la búsqueda de tal o cual perfil por preferencia o como referencia y/o fuente útil.

Por otro lado, bien sabemos, la poesía se encuentra tanto en los grandes versos como lejos de ellos, a menudo en la prosa y ni qué decir de textos discontinuos.

 
Cada autor o autora escribe en los géneros que más le incitan. Si tu impulso y tu originalidad se ven distorsionados para responder a las demandas del mercado, puedes trivializar cualquier género.
A la hora de leer, hay literatura para todos los gustos, y sin duda, como escritor, puedes probar de todo, sean cosas aparentemente triviales o serias; pero dedicarás mucho más tiempo a las lecturas que encuentres más nutritivas, sustanciosas, experimentales, como para abrirte a nuevas preguntas y universos…

 
Sin importar el género que se les asigne. Pienso en Stanislaw Lem, Bruce Chatwin, o Chandler, Cioran, Primo Levi, Alexiévich y el mismo Kipling, o Boswell…

En cuanto a las vivencias, si bien es obvio, superan cualquier etiqueta, resulta cada vez más común verlas puestas en directa relación con determinados «géneros», debido, tanto a que se las clasifica para su mostración en nuevas plataformas y redes, como a que es más expreso, por fomento del mercado, un miope afán de identificación y, por tanto, la rápida categorización…

 

 

Tengo un carácter curioso… Como persona, siempre me ha gustado explorar en montañas, bosques, ciudades, situaciones y disciplinas. Ciertamente algunas me gustan más que otras. (En montañas, prefiero las picudas que combinan hierba y roca). Imagino que por ello mi vocación se ha dirigido a lecturas y profesiones que me han permitido multiplicar esas exploraciones. Tanto la antropología como la literatura impulsan a sumergirte en historias y miradas muy diversas para atisbar la realidad, la humanidad, los cambios, las utopías, las pesadillas y misterios del mundo.

 
Perspectivas. El intercambio es fundamental.

Hablamos también de influencia…

 

No soy consciente de qué autores específicos han influido en mi obra. Sí puedo mencionar que en mis novelas y cuentos, además de la propia literatura, la historia y la antropología son influencias notables. Sigo leyendo muchísimos ensayos y libros de Ciencias Sociales y Humanidades, especialmente los vinculados a asuntos de memoria histórica latinoamericana y universal. En literatura, puedo mencionar autores que me gustan y he seguido mucho, sea porque en sus palabras y estilos encuentro algo que me lleva a grandes reflexiones y/o me alienta a escribir: Marguerite Yourcenar con sus indagaciones en las memorias íntimas así como en el mito y la historia; Carlos Fuentes y Stefan Zweig por su vocación universal y la ambición histórica de gran parte de sus libros; Primo Levi por la invitación a sumergirte hasta el fondo de las luces y sombras de la humanidad; Antonio Muñoz Molina por su capacidad para hacerte reflexionar a través de los detalles y silencios de personajes oscuros y grandiosos que han marcado la historia del último siglo, que es mi siglo; Chimamanda Ngozie Adichie por su brillante versatilidad, tanto cuando escribe sobre feminismo, como cuando en sus novelas cuestiona la construcciones de la identidad o aborda novelas totales como Medio sol amarillo. La lista podría seguir…
Y están el cine, la poesía y la música. Siempre han estado cerca, acompañando sino nutriendo mi vida y seguramente influyendo en mis escritos.
 
Sin embargo, hay algo en el modo en que refieres a tu experiencia, en cuanto a cómo se forma esta, que invita a pensar en un contacto más directo con la realidad…
Cabría preguntar…
 
De qué manera el montañismo influye en mi labor literaria…
 
Sí. Un camino en otro camino… Trama.

 

 

Qué nuevo se teje…
 

Un libro de cuentos en que nuevamente como en mis libros de cuentos anteriores se combinan temas de historia, mito, memoria… y relaciones turbias. En los últimos tres años he ido escribiendo y esbozando varios nuevos. No todos son lo suficientemente consistentes, así que ahora toca descartar algunos, pulir y culminar otros. Pero hay al menos cuatro cuentos que ya están listos.

 
Resuenan los ecos de otras historias entre lomas y montañas…

Hay tantas verdades…




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