Del otro lado, la luz: Diálogo con Ricardo Córdova

Con: Juan Pablo Torres Muñiz
 
(La construcción es de 1901. El resanado, excelente. Pasamos encantados. La tarde es el momento. Ricardo, la mar de cordial…)
 
Aun al interior, la clave se mantiene: una insinuación de la propia luz a través de las ventanas. Como si nos cediera siempre el lugar, preservada del conocimiento con el intercambio de posiciones. La comunicación, en clave silenciosa.
La cuestión en los cuadros posee una clara estructura, corresponde a la fórmula de un lenguaje, en este caso, particular, de suficiente elocuencia; toda posible respuesta pretensión que nos es ajena queda más allá, del otro lado del umbral. El paso a través corresponde a cada quien, en sueño solitario.
Lo importante es el camino…
 
 

Memoria…
 
¿De dónde? Un viejo recuerdo… En el colegio. Ayudaba a las monjas en las clases de Arte; me elegían para ir con ellas al depósito a recoger los materiales. Allí había de todo. Eran donaciones de Estados Unidos. La variedad, las formas, me llamaron mucho la atención. Fue como un primer contacto.
Luego fue ver a un maestro en lo suyo. Asistimos a una clase sobre acuarela. Lo vi realizando una obra ante todos. Me llevó a matricularme en clases de verano.
Empecé copiando, de todo.
 
Era, de pronto, el mundo de afuera. Para aprender… Y un lenguaje. Y los medios…

 

 

(La comunicación entre los dos ámbitos, el interior, íntimo –que no privado–, y el del signo de escala mayor –que, no obstante, asoma como proyección de un deseo informe: una representación abstracta, o como objeto evocador–, nos lleva a la cuestión de en qué medida podemos realmente desprendemos de nosotros mismos y tentar un conocimiento más objetivo. Echar a partir… En qué medida, por cierto, no corresponde un deseo de este tipo a la pura teoría, al juego hipotético…)

 

Vivimos en un medio en que lo fríamente cerebral pesa mucho por sobre lo emotivo y lo intuitivo. Puro utilitarismo…
Pero en mi caso, por ejemplo, veo claro que, casi por respuesta del instinto, el tema, todo esto, estaba ahí adentro.
Leyendo, en el mundo de la teoría, cargas, envuelves y a la vez diluyes tu tema. Te nutres, por supuesto; es necesario. Pero si eres poco cuidadoso también te puedes extraviar… Aunque esto a veces también es conviene un tanto…

 


(La luz de estos recintos proviene de afuera, pero solo figuradamente. El espacio interior vibra todo, y en él se licuan las formas. Vemos como en un abrupto despertar, antes que el ojo haga foco en los distintos planos de la realidad circundante, por tanto suspendida. Atención, pues he aquí que reconocemos, el sueño o la evidencia de otra consciencia, que asoma como un ojo desde afuera; más bien el cuerpo enorme, inaprensible que determina de veras los ciclos, en cuyo espectro gravita la reducida porción de mundo que nos toca.)

 

 

Ya en clases de dibujo técnico (a las que asistía libremente, en paralelo a mis otros estudios universitarios), nos llevaron a un viejo edificio, invitándonos a elaborar algo propio.
Dibujé una gárgola al cabo de una escalinata que no iba a ninguna parte. Cuando el profesor vio mi trabajo me dijo que claramente estaba copiando a su hermano, un pintor reputado al que como a otros en el medio, entonces, yo no conocía. Fui a una exposición suya y quedé impactado. En dos sentidos: Por una parte, hacía lo suyo muy bien; resultaba impresionante y motivador. Por otro lado, me daba con que ya alguien había hecho lo que yo quería… En parte.

 

 

Creación: el imposible desde cero, por si fuera poco, con nosotros como origen.
La reelaboración es otro asunto. Da paso a la invención: un objeto adecuado a nuestro entendimiento, manejable en la comunicación; lo ofrecemos como imagen, resumiendo cuanto es posible de nuestra propia complejidad, y con un amplio margen alusivo, a fin de no sesgar aspectos que a nosotros mismos se nos escapan y de los que bien podemos aprender en la interacción con los demás (esto último, desde luego, dependiendo de nuestra madurez).

 

 

Gané una serie de concursos entonces no había tantos medios de exposición como ahora; tenían, por tanto, una importancia distinta. Lo importante, en todo caso, es que sentí un respaldo a mi propuesta: ahí estaban mis interiores…
Pinta de lo que conoces. Es el asunto.
Vivo en este lugar prácticamente desde siempre. Medio solitario, medio melancólico. He viajado no poco, pero vuelvo…
Sí, algo endogámico… Pero haber persistido en mi tema debió hacerme, en su momento, un pintor medio raro en el circuito. No resultó nada mal.

 

  

Días atrás conversábamos sobre el espacio común para el diálogo, la importancia del intercambio y el aprendizaje…; del modo en que el medio ha ido cambiando…
Toda crítica ha de poner en claro los criterios en que se basa, aquellos con que aborda la obra (su objeto). De tal forma ofrece una perspectiva particular, pero además, a sí misma como un nuevo objeto a otra crítica. Cuestiona y se presta al diálogo.
Hoy la complacencia va más allá de los espectáculos…
Hay terror al desnudo, a la franca exposición de las ideas y motivos en que nos sustentamos. Todo el mundo se muerde las uñas por mostrarse “lo más correcto posible” en apelación a una u otra categoría (máscaras prefabricadas, eslóganes y posturas pseudo-académicas), garantías de estatus. Por puro miedo… Y si alguien objeta estas cascarillas, se viene el lamento: “los chicos” se sienten ultrajados (víctimas, mil veces). Es que se toman a sí mismos como producto directo de la elección realizada; como si la conexión, el movimiento, el verdadero tiempo que impone su carácter en cada paso de la vida real, se hubiera volatilizado entre el gas de la cháchara, con los flashes de tanto selfie, entre los nuevos filtros a disposición.
¿Dónde está el riesgo, si no en la entrega misma?

Nadie es completamente consciente de lo que pinta, ni de porqué lo hace… A uno le sale. Y lo compromete también, más allá de su razón. En consecuencia, la justificación teórica no deja de ser fraude…

Uno puede decir otras cosas, brindar luces, pero cuanto tiene que decir de veras, pues debe estar ahí, en el cuadro.

 

 

Recuerdo, hace unos años, haber asistido a una conferencia; dos pintores intervinieron. Uno de ellos tomaba las preguntas del público como únicamente dirigidas a él, y así, de turno en turno fue extendiendo un discurso bastante complejo; explicaba con citas y alusiones, todo cuanto supuestamente decían sus lienzos. Cuando tocaba ya la última intervención del público, le pregunté al otro pintor –que hasta ese momento apenas y había hablado, permaneciendo en tranquilo silencio–, si por su parte realizaba toda ese vuelo reflexivo para pintar. No. Dijo que no, así de simple, y acabó la conferencia…

Aquí, los cuerpos son espacios, secciones para un color, superficies haciendo las veces de objetos; las texturas, por otra parte, obedecen al juego que conduce, una y otra vez, a la comunicación entre interior y exterior.

Hay, aparte de un clima, un ritmo, una frecuencia…

 
Los impulsos son múltiples. Básicamente surge todo de una imagen. Pero son varias las fuentes. De mi entorno, más cercano, básicamente.
Claro, también está el cine, aunque no resulte muy obvio… Está. Lo mismo que ninguna escena se congela, ni los cuadros de Hopper, por ejemplo, están en primer plano en Hitchcock.
Empleo también fotografías. Las tomo yo. Y cuando no, cuando son de alguien más, las intervengo siempre.
Y la música… Las sensaciones que esta evoca.

 

 

Cada quien, dicen, tiene su propia música. Quizá convenga decir más bien, su variedad.

 
Me pregunto cómo es que alguien se anima a hacer, por ejemplo, una muestra por año. ¡Yo apenas tengo un tema!
Dudo del afán por andar al día…
Ahora, claro, a veces uno se atasca o se siente intoxicado. Entones conviene cambiar, hacer otra cosa. Alguna vez me he puesto a hacer escultura. Pero, claro, no es lo mío, propiamente.

 

 
Lo tuyo responde, además, a un pulso clásico respecto de la luz…

 
Lejos, claro… Rembrandt. Vermeer. Hopper. Rothko…

 
Hoy…

 
He encontrado otros trabajos con tema afín. Pero he notado siempre una intención diferente. En todo caso he procurado, de todas maneras, mantenerme al margen…

 
De este lado…

 

 

Sí… Pero me pregunto si he afectado de algún modo este medio; de ser así, cómo, pintando lo que pinto…

 

Eso arroja ecos como respuesta suficiente a otra pregunta…

 
Algo del tipo ¿porqué no hay personajes? Claro que los hay…

 
He aquí…

 
(La luz se cuela tersa. El tiempo se eleva.)



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