Después de la carne: Diálogo con Vova Kupsyansky y Natasha, su esposa

Con: Juan Pablo Torres Muñiz

   

En cada cuadro, como un fulgor. Brillos, como ecos de risa, tintineos; el horizonte último, sin embargo, luce denso, de colores apagados: algo se los lleva. Una y otra vez, el veloz juego de contrastes dispone a caer en la trampa: apresurarse con una calificación demasiado simple.
Entre su obra, Vova sonríe, cordialísimo. Ah, pero sumaremos en total tres voces: su esposa nos acompaña. Tono sereno, pero chispeante también. El relámpago de un ala contra la oreja, el bastón en la boca del estómago y para cuando recobramos el aliento, leve burbujear sobre la copa…

 

  

Se han cansado de preguntarme si hay algo más que carne provocativamente expuesta, presente en casi todas las piezas de mi arte. Motivo central, en una palabra. Me han cuestionado sobre ello, no una ni dos veces. He permanecido en enfático silencio; de esta forma parezco más listo. Pero últimamente esta molesta pregunta ha hecho que yo mismo empiece a ponderar acerca de qué es, en realidad, lo que hay en mis cuadros. Aparte de la ya mencionada carne. Luego de un prolongado, difícil e infructífero pensar, tras el cual sigo sin entender nada sobre mi pintura y su lugar en el arte contemporáneo, me he hecho a la idea de pasarle esta pregunta a mi esposa, quien es con seguridad realmente lista.
No transcurrió mucho tiempo antes de que llegase su respuesta.
 
Un motivo central, que penetra todas tus obras pictóricas, y representa diferentes etapas de una vida de desastre en progreso. Aun cuando con frecuencia sus señales formales estén lejos todavía, y haya flores y sexo en el aire, el fiasco futuro de tus personajes está ya inevitablemente disuelto en ella…

 

  

Vova, que cuestiona siempre, que provoca pintando, se vuelve. Acaso lo dicho…

 
No, no es que quieras decir que la vida sea un pedazo de mierda, que todas las mujeres son zorras, y que el sol es una puta lámpara. Estás muy lejos de esas generalizaciones de odio a la vida. Es solo que todos tus personajes (que no por gusto han surgido de las profundidades de tu subconsciente), todos sin excepción, son psicópatas. Después de todo, su vida no puede ser feliz ni tranquila, aun cuando parezcan muy contentos en tal o cual momento.

 

(Recuerdo ciertas notas, de la primera vez ante su trabajo. A doble columna, bajo el título Versus…:
De una parte: Entre tufos mundanos, eso que diferenciamos –aunque sea tan discutible el término– como lo elevado: De auténticas y fértiles búsquedas trascendentes a estudios sofisticados y contemplaciones debidamente «encaminadas» por el guía-instructor-afanoso-orientalista, pasando por aficiones de lo más especializadas, sin mucho que destacar, aparte la pose común en la exposición ante el pequeño círculo
De otra: Los verdaderos problemas. Asuntos invencibles. La carne. Cuanto se nos revela al margen de la condición de ciudadanos, a oscuras (figuradamente), a solas con nuestros intestinos, o entre sábanas, descalzos en el suelo, bajo la ilusión de vacío, como si mil conciencias más, emparedadas de igual modo, adelantado el pago de los servicios, no jugaran a lo mismo.)

 

  

De escucharla me quedo sorprendido: ¡vaya, cuán agudo y profundo resulta que soy! Acaso ha llegado el momento de sentirme orgulloso…

 
En esencia, todas tus obras son sobre cuán fuera de onda puede estar un hombre en sus relaciones consigo mismo y con el mundo. Y este hombre es parecido a ti…

 

Sí, sonreí antes de tiempo.

 

Apunta una referencia al personaje desde la perspectiva que emplea…
De la melancolía en las miradas, soledad; la agudeza de las formas superiores… como torres, de cimas no obstante indecisas al aire puro de su elevación; a los vientres, inevitablemente dispuestos a lo terreno (lo más real); y los muslos «ricos de carnes» que, no obstante… distan tanto del ideal… Lo pinta todo como tragedia… o comedia, según se vea.

 

 

Dije “un hombre”, pero he aquí que en sus pinturas esa persona es frecuentemente una mujer. Una mujer es también una persona, ¿verdad?
 
Me estás taladrando por dentro…
 
 
Quizá yo deba explicar este asunto. En justicia, debo añadir que también hay hombres como personajes en mis pinturas….
  
Pero es que las mujeres son muchas más…
 
Es  más sencillo dar forma a un personaje masculino en referencia a su proceder, a su labor y, en última instancia, a sus decisiones, incluso pasadas (con la evidencia del partido adoptado). En cuanto a los personajes femeninos, es distinto: el valor de su misterio, en cada caso, es determinante; de modo que buena parte de su fuerza se vislumbra en cuanto son capaces de provocar, al margen de la razón, de forma, digamos, inexplicable. El más simple de estos motivos es, claro, la belleza, pero el verdadero espectro de motivos complejos se abre prácticamente sin límites…
 

 

Sí. Puedo explicarlo… Bien…
 
Aquí vas a decir que una mujer, como motivo, epicentro y al mismo tiempo víctima de su propio desastre vital es un objeto mucho más agraciado. Los rasgos y fallas en la personalidad de tus personajes, hacen a un hombre vanidoso y a su historia algo fatal, nada gracioso; entonces, una mujer en las misma circunstancias se ve sencillamente como … ¿una dulce tonta?
 
¿Por qué directamente una tonta?

  

En general, esta diferencia entre un hombre y una mujer puede ser fácilmente explicada por su naturaleza psíquica (esas etiquetas que a este propósito existen). Es muy fácil y habitual compadecerse de una mujer. Y también provocarla, humillarse, reírse de ella, ¿no es cierto?

  

Estás demasiado seria hoy. Como alguien que ama a las mujeres con toda su masculinidad, yo…
 

Y debido a tu naturaleza artística que prefiere arruinar la comedia, no eres capaz de crear algo más. Un drama serio, en tu manera de representar las cosas, se vuelve una burla. Sin embargo, siendo sinceros, debo decir que últimamente no estás tan “gracioso” como antes.

  

¿Y cómo explicas eso? ¿Me estoy volviendo mejor?
  
¿Como persona? No, de ninguna manera. Simplemente has cambiado de carácter.
 

  

(Ante la sonrisa de ella, vuelven a mi memoria unas líneas más a propósito de la provocación de Vova:
Atención al medio, escenario de los dramas. La alusión al confort, de por sí incita.
En la urbe, cubiertas las necesidades más básicas, vale decir, garantizada la preservación inmediata, cada quien por su lado, el afán de trascendencia (esta respuesta a la llamada pulsión de muerte) se vierte del todo en una suerte de necesidad bastante más difícil de saciar… Por medio la carne, en y con el otro. Es así que alcanzar la valla del ridículo se torna en propósito de veras complicado… sin una buena dosis de mofa.

 

 

Qué rol tremendo juegan entonces el amor, la pasión, la búsqueda del «yo espiritual»…, la lucha –solo imagen, ojo– por vestirse uno mismo con los colores de causa de ocasión… Y esto, porque la carne es comunión, sensible a la masa, en que a menudo fermenta…)
  

Si antes la heroína formal de tus pinturas era otra psicópata más, y tú permanecías fuera del marco de la composición exclusivamente en el rol de un espectador listillo, ahora te has convertido, tú también, en héroe informal en tus pinturas, lo que quiere decir que ya no es algo tan gracioso para ti y que tu obra está adquiriendo rasgos de… un drama de veras. Hablando en términos generales: ¡Hey, le llegó la crisis de la edad madura!

   

 
Sí, pero no completamente.
  
Ahora te estás convirtiendo realmente en un artista. Ya no eres tan gracioso, pero eres… ¡más interesante!
 
Nuevas son las cuestiones. Con cada personaje… A cada personaje…
 
 

(Traducción por Roberto Zeballos Rebaza) 

 

4 comentarios

  1. ¡A lo Woody Allen!
    Qué difícil hacer esto. Pero funciona, e interesa.

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