Facetas y monstruos: Sobre la propuesta de Miles Johnston

Por: Leyla Justo
 
Las imágenes refieren, por una parte, a la típica estampa de la jovencita bella, seguramente popular. Con el primer cigarrillo, por ejemplo: una provocación de la belleza, como lugar común. La típica chica fresa. Pero cobra protagonismo, aquí, el otro lado: lo que los demás no ven, lo que se lleva adentro.
Esto, sin embargo, es obvio, viene a ser otro lugar común.
¿Qué representan, entonces, las otras caras? ¿Qué facetas son, y qué valor se les atribuye?
Así provoca Miles Johnston…
 

 

Alude al carácter temporal de las facetas, a la posibilidad de disponer de ellas como simples caretas.
Tratándose de jovencitas, parece fácil el juego. Sin embargo, la propia necesidad de cambio permanente, denota la dificultad para mantener una, al menos hasta lograr una imagen consistente: fraguar una personalidad.
La realidad es nebulosa…
Aquí, en cada imagen, muy presente, humo, nubes…
  
 
Juega con la perspectiva, y, ojo, la profundidad.
Un corte, un golpe en la cara que lo revuelve todo, o lo invierte, revelando quizá, en el disfuerzo patente, lo auténtico que se pretendía ocultar.
El resultado puede ser cómico. Patético.
Esta expresión interna, curiosamente, no tiene edad.
 

 

Johnston parte de momentos de contemplación. Las muchachas parecen mirar más bien hacia adentro. En lugar de representar dichos momentos como plácidos, sugiere una cuestión honda que las abstrae. Dudas. Preguntas.
Entonces… las empieza a rebanar.
¿Cuál es el propósito?

 

 
Sin embargo, en el interior de ellas o a través de la sustancia que revelan los cortes, la pregunta, la cuestión de la identidad su tema se hace más hondo.
Frustrada la intención de comprender (tener conocimiento, poseerlo todo), se abre paso, por fuerza, la posibilidad de un entendimiento: dar con el misterio de un rumbo común. A fin de cuentas, las preguntas fundamentales son más o menos las mismas para todos.

 

 
Asoman nuevos signos.
Del mismo modo en que se alude a las facetas, invenciones sucesivas para enfrentar al mundo, las manos de las muchachas, manifiestan la voluntad por sostener, manejar o, al menos, reconocer la consistencia de tales invenciones.
 
 
Semillas. Posibilidades, potencia de una nueva vida. Flores, la plena realización del cultivo…
Se abre, así, la posibilidad de intervenir. Aunque resulta imposible la invención definitiva (flor eterna), sí se nos ofrece desarrollar invenciones fértiles, además de bellas.

 

  
Los patrones masivos, las y los modelos que alimentan la ilusión de comunidad en esencias (todas y todos, únicos y especiales… ¡bajo el mismo molde!), a menudo estropean el horizonte. Seguirlos, sin más, vacía todo auténtico valor.
 

 

La búsqueda desesperada de definición, fruto de la confusión, puede traer otro tipo de resultados. Que emerja, por ejemplo, lo monstruoso.
Y lo monstruoso se debe a una desproporción. El afán de dar con uno o pocos rasgos que faciliten el reconocimiento propio puede derivar en la exageración de ciertos aspectos de la personalidad, generando una imagen espantosa.
  
 
Es difícil, al cabo, determinar si uno es fruto de este tránsito monstruoso, parte del proceso de formación, o si es más bien fuente de la criatura nueva.
Miles juega con estos ciclos. Los monstruos se asemejan a formas vegetales, troncos con órganos.
La perversión es producto de la perdición en el afán de cultivo.
 
 
Lo monstruoso presenta por su parte múltiples facetas. En determinadas imágenes es posible reconocer no solo nuevas personalidades, sino, en el conjunto de la composición, nuevos signos, más sutiles… El contorno de un corazón, por ejemplo.
En todo caso, refiere al desespero por encontrar una forma de vivir (equivocada en cuanto no atiende la posibilidad de aceptar la vida en sí misma, más allá de uno mismo, e incluso a través).
 
 
En última instancia, seduce la muerte.
Miles plantea, de una parte, explorar el interior de sus criaturas; de otra, contemplar el horror de lo que surge de nosotros.
No ofrece respuestas.
 
  
Cuestiona.
A ver…
 
 

 

Un comentario

  1. Conciso, real, fantástico e ilusorio; me fascina la forma de analizar y ofrecer una perspectiva artística del arte y del artista en sí, la profundidad con la que se observa y relata el inescrutable pero narrable acontecimiento de estas obras de arte. Gracias y felicitaciones.

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