Tientos, transformaciones: Sobre el videoclip de Nasty, de The prodigy

Por: Lena Marin

  

Inquietud, inteligencia. La astucia, como recurso. Pero, sobretodo, instinto.

La ciudad, ámbito salvaje también, a su manera, en este caso, pinta principalmente como escenario para la confrontación. Con signo común en la sangre, es inundada por ella. Cada escena, en consecuencia, aparece marcada por el presagio.
La luz incontrovertible se halla, en todo caso, del otro lado, detrás del color, como motivo. Vemos, por tanto, que la bestia ejecutora lleva dentro de sí la fuerza plena de esta afirmación para el paso sin retorno: sus ojos son un sí ciego. Fuerzan la aceptación del destino que deparan.
En contraste, el hombre y sus creaciones… Calles y edificios, toda esa invención que implica un no, por pretensión de ver, de saber, de creer que es posible escapar de la muerte; dominar, al menos, parte del tiempo por medio hasta que toca el turno. Ilusión de normalidad, de dominio.
De la violenta confusión de estos roles, va el vídeo…
 

  

El ojo que nos trae / nos lleva, sigue y rastrea, vibra con la misma inquietud que el alma de la presa –presa engañosa, además, del pánico.
La criatura que huye en este caso, se supone, por lo general, en el rol de cazador, desafiante de otro tipo de peligros. Son los hombres, al caso, conquistadores, por medio de sus herramientas, de su labor en grupo, de su aparente superioridad…
En el trabajo de Oliver Jones, la ciudad se presta no solo como escenario para la persecución, sino que favorece a la apreciación de cada rol (cuestionable), como oscuro fondo.
Siempre estará más cerca del auténtico dominio, aquel que en el silencio contacte de veras a la muerte, reconociéndose vivo. Quien sepa escuchar. A sí mismo, uno, complejo, implicado su miedo.
 
 
A menudo confundimos límites con simples negaciones; como si un no fuera la vía más rápida para determinar la particularidad de un sujeto. Ni lo es, ni traza auténtica diferencia; lo contrario.
A la caza, los hombres se unen. Sobre galope, como sombra que lame los muros del laberinto.  La idea es vencer con nuestras luces el imperio de la sombra, al reloj de marcha irreversibles. Los malos de veras pretenden ser ellos mismos agentes de la noche. Todo, engaño…
Este videoclip juega con la idea de una celebración del ocaso. Justifica el tinte del cielo, subraya el presagio del imperio de la sombra. Pero conlleva a la pregunta de quién es acogido de veras por esta.

 

  

Conviene atender que aquí, la búsqueda, sin embargo, el juego de la evasión, es la lid esencial, en interesante refracción de la complejidad humana. Curiosamente, el valor del desafío radica en desenmarañar el ruido de la fuga, en dar con la clave antes de cualquier desenlace bestial. Voluntad e inteligencia.
Gracias a Turguéniev, por ejemplo, reconocemos que gracias a las reglas, la etiqueta, las persecuciones en Relatos de un cazador, importan mucho más que mero deporte (demasiado cerca de lo bestial). En el matiz de pretendido afán por justicia en la lucha, se revela claramente la necesidad de una justificación para la actividad ya innecesaria, de matar; hacerla pasar por más que mera demostración, por rito.
Esta producción, claro, es menos sutil. Alude más bien a algo como querer hacer de la pornografía, erotismo profundo…
Dice The prodigy…:
 
Nasty, nasty
Triple-X-rated
Nasty, nasty
Justice, a waste-pit
 
La cuestión surge de los significados atribuibles a cada signo.
Nuevamente, la luz…: ¿cegadora, ciega…, la propia ceguera, acaso…?
Y la ciudad, una costra, restos del ámbito superficial, fértil en obstáculos para la carrera.
La lucha por apresurar el destino a un tiro: a todo o nada, revela la verdadera falta de control de la situación, la que, por cierto, se intenta negar…
 
Nasty, nasty
Deeper in the dirt
Nasty, nasty
Making bodies hurt
 
Esto nos lleva a la última confrontación, cuando la bestia brilla, de vuelta en el bosque.
 

 

Y en este punto las preguntas se multiplican, pero ya contra el tiempo.
La transformación (lo más previsible) ha dado paso, repentinamente, a cierta calma.
De pronto, una sensación similar a la rápida desaceleración de un avión sobre la pista, las llantas ardiendo tras el choque a tierra, en una pista demasiado corta. Engañosa sensación que cambia el carácter de lo inevitable:
Pero, ¿en qué nos hemos metido…?

 

  

The Prodigy pretende, como siempre, provocar.
Condenamos parece decirnos, sin más–, condenamos negando una realidad, poco agradable…(!)
Y si esto fuera todo, si no hubiera más, todo quedaría en… So raw, so nasty… And so poor… Pero felizmente están los símbolos. Felizmente, los versos son tan pocos y la imagen brilla.
Felizmente, el rojo, tanto, también…
 
 

2 comentarios

  1. Alucinante. Para seguirlos, chicos, qué buena página!

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