Citas, desencuentros: Sobre la propuesta de Sanja Marusik

Por: Lena Marin

  

Como una ilusión; una trampaLa imagen parece prestarse como respuesta al deseo, como si para la satisfacción de este bastara una idea sencilla: una viaje, el paisaje amplio; como si para convencernos fueran suficientes una gran resolución, un notable balance; técnica, mucha técnica…

Pues conviene diferenciar entre hacer camino, por un lado, y nada más recorrer distancias, por otro; entre construir una experiencia y percibir y hasta asombrarse conducido en una suerte de tour relativamente interesante…
Sanja Marusic convoca sin diferenciar, atrapa, y entonces se muestra fiel a principios, claros; es más, luminosos.

 

 

Toda vocación es ejercicio y, como tal trae consigo experiencia; esta se constituye tanto por lo que nos ocurre y como por ese otro algo que hacemos con lo que nos ocurre.
Ante una propuesta original, precisamente por ser original, atendemos, pero lejos de permanecer solamente en un rol pasivo. El asombro inicial, mezclado con cierta oscura familiaridad, da paso, en mayor o menor grado, a la posibilidad de continuar el viaje, de realizar una más prolongada exploración. Así, nuestras cuestiones cobran cuerpo en formulaciones de índole variable, por medio de diversos lenguajes.
 

 

La fotografía tienta a pensar en la realidad como punto de partida para variedad de reflexiones, pero a la vez, en el destino último de todas estas; nos hace partícipes de una invención particular: cobra vida una visión, trascendente gracias a los vínculos que genera por sí misma. Este hecho es, desde luego, mucho más complejo que simplemente atender una “vista”.
En cada imagen el valor de las partes excede no solo el de su suma, o el de la estructura más o menos racional que los contiene; radica en la idea que surge de la comunión, acaso contra el tiempo. En efecto, vemos más que cosas, cada cual en una posición; en general, rompen con el simple yacer y, por ende, con el instante, la unidad, la consistencia –divisible– del tiempo.
 

 

¿Qué más tenemos aquí?
Intensidad de luz y color. Los sujetos, los cuerpos en viaje, pálidos. Lo que alude evidente a la trascedencia más allá de lo corpóreo.
Se hace claro énfasis en la posibilidad de desprenderse de los tramos afirmados, del propio suelo y, figuradamente, volar.
Los paisajes tornan en escenarios, pero además en representaciones de determinadas condiciones del viajero. A punto de ser rotas…
 

 

Sanja procura vaciar de rumores el espacio. Nos confronta. He aquí, la consistencia plástica de su visión; es decir, su voz, elocuente en las formas y colores. De tal manera, se declara ante nosotros en un canto nítido, sin ecos (ni coros que la acompañen)… A ver qué tenemos que decir por nuestra parte…

 

  

Esta voz pura, inocente entraña, curiosamente, la idea de Eva, incluso la de una virgen y, a la vez, debido a la fuerza que la sostiene, la de Lilith. Sí, en franco desafío.
 

  

La propuesta resulta compleja, pero contiene además una buena dosis de… complicación (en este caso, atractiva, por el misterio de su causa).
Se trata de un manifiesto de autonomía, pero también –transparente la actitud de apartamiento, reto– de autosuficiencia. En el lucimiento de la forma, en demostrar la capacidad de generar impacto, al parecer, se arriesga la intención cuestionadora; felizmente, al cabo provoca, siempre, ofrecer por nuestra parte una respuesta.
Pero ¿quién puede determinar de veras “su lugar”, el que a cada quien “le corresponde”– sino quien se reconoce apenas, y siempre, “en camino”?
Estas imágenes… nos ponen a andar.
  

 

¿Pero cómo calificar el logro obtenido así, por medio del artificio?

Gatuno caer sobre las almohadillas.
Como aplaudir de pie y marcharse interrumpiendo el discurso del pedante, acabando de una vez con la fiesta.
O –permítaseme quizá el exceso– como la aparición tardía de quien, con el vestido magnífico, opaca en todo sentido a la novia…
 

  

Ahora bien, ¿hasta dónde es posible llegar a partir de dicha provocación?
Ah, pues depende de cuán fuerte resulte el impulso de dar respuesta, de negar y volverle la espalda da la fuente del vértigo, etcétera.
Sanja evita alusiones fáciles a fondos o discursos de otra índole, más sofisticados, a formas de pretendida robustez de pensamiento, justificantes. Opta ne cambio por la agudeza. Una consistencia que constriñe, grácil. Sin ceder a guiños amistosos, sin acercamientos de intimidad alegre, engañosa. Nos golpea. Alegremente.
 
 
La distancia –vuelta a decirlo– se nos ofrece más bien como posibilidad de un camino significativo.
En estas fotografías, el paso a través, cuanto resulta de nuestros reflejos, impulsos, reparos y juicios, en fin, el propio andar y tropezar, así como cuanto saquemos de ello, la memoria y la experiencia, compone la sustancia que relaciona los extremos.

  

   
Sutil. Y con cuotas de humor: Intriga. Y cuestiona.
 

 

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