Género libre: Diálogo con Tatiana Rivero Sanz

Con: Juan Pablo Torres Muñiz

 

De originalidad. De la naturaleza propia de los diálogos –cómodos, en este caso, café por medio. De música. E imágenes: a propósito de su trabajo. Y, por momentos, además, del paisaje en torno, para pensar también figurarse presente– todo lo demás, tantas otras realidades…

Un intercambio sobre si algo se está moviendo de veras y cómo es que, de ser así, mueve consigo las bases “supuestas” para las nuevas propuestas. Distinguiendo entre revolución y revuelta, entendiendo en lo posible el móvil detrás de cada uno de estos fenómenos.
Finalmente, hablar de revolucionarios de veras y de simples revoltosos…

 

 

Tatiana Rivero, Tati…

Coincidíamos en que ya los términos, pues, no pesan lo mismo. Conviene a menos gente, que sea posible determinar una postura y mostrar consistencia.
 
Revolución
… ¿No debe el Arte romper las reglas…, no debe intranquilizar en un nivel u otro?
 
Como que nos quedan dos opciones:
Una. La abstracción, pero no en tanto forma, si no como falsa corriente: mera distracción para pasar el rato; identificarse con falta de definición; decorar o procurarse un fondo, apenas, donde retumbe la propia voz, así no diga nada.
Segunda. La empresa arriesgada: rumbo hacia adentro, y a través de uno mismo (pues se manifiesta en el obrar para con el otro), en una apertura sin peros. Romper con las  convenciones y las invenciones particulares, apenas vemos, nos complacen, en sacrificio de fidelidad para con la propia realidad.
El tema, desde luego, tiene mucho que ver…
 
El tema de fondo de mi obra es la mujer.
¿Qué es la mujer? ¿Qué ve la mujer…, qué mira…?
Durante siglos hemos visto a la mujer a través de los ojos de los hombres…
 
Y decíamos de invenciones.
El segundo sexo
 
… Mi proyecto es mirarlas, observarlas cuando están solas con sus propios pensamientos, incluyéndome a mí misma en el proceso…

 

 

Lo uno a través de lo otro. Es posible, acaso, vislumbrar sus pensamientos…
(Se me viene a la mente…: Siglos de una imagen: las mujeres mismas soñando que las soñamos los hombres…, pero aún desde esta perspectiva, ¿cómo quisieran que las soñemos…? ¿Está entre nuestras posibilidades?)
 
Sin demandas… No quiero intercambiar miradas, ni que tengan que sonreír…, solo mirar.
Sabiendo como se trata y como se ha tratado a las mujeres, mirar es de alguna manera… un acto revolucionario: Tienen dignidad humana; están sus propios pensamientos, sus cuerpos… Mi proyecto es darles: imágenes.
 
Una imagen propia; al caso, una suerte de encarnación. Afán de dar para cada quien con una correspondencia lo más clara posible, redonda, de algún modo…
Abundan las generalizaciones…
Se juzga a los hombres por lo que hacen, a las mujeres, por lo que son. Si bien para una visión humana plena es pertinente reconocer cuánto hay de acertado en dicho supuesto, es determinante, por supuesto, la fragilidad última de cada individuo, en el punto en que se cuestiona a sí mismo, con y a través de su conducta fuera del esquema, contraviniendo lo esperado. Entonces, nos damos con ellas, por su proceder; y ellos en su ser.
 
Precisamente porque como mujer no siento terreno sólido a mi alrededor, no tengo certidumbres, la atmósfera en mis fotos puede resultar algo inquietante. No es casual, se trata de mi propia opinión sobre lo que significa ser una mujer.
¿Es eso de alguna forma revolucionario?
Creo que se solía dar por sentado que la sociedad había logrado un nivel satisfactorio de igualdad… Está claro que no es así prácticamente ni en el mejor de los casos.

 

 

Cuanto menos, hay que preguntarse a quiénes satisface hablar de tal equilibrio…
 
Por todo esto quiero crear una cierta preocupación; que imagines, veas, con desconcierto, a mitad de camino entre fotografía y pintura… para que la/el que mire no “sepa” con certeza; cuestione así la realidad, la textura de la realidad.
 
Más aún si tenemos, como fue dicho, una encarnación…
 
Como artista me incluyo a mí misma en la imágenes, del modo que lo hizo Frida… Y ahora sé lo difícil que es mostrarse, enseñar la propia vida interior, invitar a través de esta… a sorpresa en los otros, que miran…

 

 

Compartir la búsqueda. El hallazgo de aspectos que a través de otros caminos, por lo general, nos resultan esquivos –en ocasiones por cierta inevitable intervención involuntaria
 
El arte es un viaje.
Las primeras capturas las hago como en una estación de tren: Una vez que abordo, monto el vagón apropiado, sé que debo dejar todo lo demás atrás…, que nunca volveré, y que no sé dónde acabaré…
Se trata de dejarse llevar. Y observar la evolución.
Un proceso con su propio ritmo…, y que de alguna manera parece tener una dirección determinada. Yo solo la sigo.
 
Pero está, también, por supuesto, la cuota de voluntad viva en el trazo subconsciente del rumbo. Y la vocación (que es entrega, no nada más sacrificio).
De manera que nuestra vida deriva siempre en una trama, en historia, pese a que pretendamos, sobre todo, significado, permanecer…; una condición… De modo que nos nos queda más que actuar, arriesgándonos a errar.  Pero siempre afirmando, lejos de las meras reacciones a los de los otros, huyendo.
 
Elijo lo difícil a propósito. Cada instalación, sobre algo que es doloroso, que sé que me hará entender mis propios conflictos.

 

 

Violencia…

 
No se puede evitar…
 
(… Dícese del cambio repentino de estado o del ritmo en el desarrollo de un proceso o rumbo de un fenómeno. Cuanto más drástico el cambio, mayor el grado de violencia.)
Paz no es lo mismo que quietud
 
Trabajo con todo aquello que duele… Siempre habrá un poco de angustia.
Sin embargo, la violencia que me interesa es la que, digamos, apenas se nota, la que forma parte de nuestras vidas. La habitual.
 
El envés. Motivos. Hasta algo como aura.
De algún modo alude a un retorno… a esos lugares en que uno, sin embargo, no estuvo nunca antes (pues en realidad los lleva dentro).
 
Sí, saudade
Siempre.

 

 

En mis fotos voy a un lugar que no existe… es como un enorme sótano, donde todo es confuso, donde hallo recuerdos. Es un lugar triste.
Incluso el baile en mis fotos carga esa saudade. No se baila para otros, sino para uno/a mismo/a…
 
La Danza, como todo arte, es comunicación… No resulta propio decir que uno danza solo, sí, en cambio, que baila solo.
Me atrevo a decir que del carácter de esta forma de expresión en tu trabajo se revela quizá lo más oscuro de su visión.

 

 

La atmósfera de mis imágenes es la de los fados, la de los blues
Se da el momento en que… se comprende el pasado…, lo pasado. Cuando queda nada más la voz desnuda, y ya no se finge…; apenas se habla.
 
Esas verdades esenciales portan un espíritu. Un carácter. Y un estilo.
La manifiesta comprensión de que hablas, te enfrenta también al espíritu, carácter y estilo de la época.
 
No sé cómo no ser romántica.
Y por romántica quiero decir rebosante, impaciente, ciega, soñadora.
 
Es humano… Vivo. Sin ceder a la preponderancia de uno por uno mismo: la ilusión que coarta toda generosidad.
Ser. Dar, compartir…

 

 

Así es: diálogo…

 

Y en tus fotos…

 
Compartirlas ha pasado a ser parte del proceso creativo. Intercambio con otros.
No me lo esperaba, es toda una sorpresa.
 
Más revelaciones, también por vía de la tecnología. Nuestra era…
 
Todo arte es autobiografía…
 
Y por ello, también, referencia… Nuevos padres, nuestros herederos. Tradición y, desde luego, traición.
 
Creo que todos copian a los que rompieron las reglas; por eso cuando parece que alguien está siendo moderno, en realidad, no rompe nada… Son todos Pollock…, Monet…, Picasso…
Intento siempre tener mis propios ojos… pero solo los años te dicen si lo conseguiste o no…
 
Silencio.
Y vacío (que los grandes compositores de cualquier clase de obra cuidan tanto).
Hace falta. Más. Mucho.

 

Sí… falta silencio.
Después de un fenómeno como el de Picasso…, todo queda suspendido por el estupor…
¿Qué queda por romper?
Queda esa cuestión… Entender que es lo que hay que romper…
 
El propio marasmo, quizá (!)…
 
La gente copia… sin reparos: ¡todo, copias de Dalí, de Picasso…!
 

 

Abundan ahora los recursos –a un par de clicks– para lograr formas, texturas, efectos, posibles, antes, solo a través de la experimentación directa…
De pronto, la atmósfera creada tiempo atrás por medio de un largo proceso de moderación de tonos, matices, aprovechando incluso “el encanto” de las deficiencias propias de la tecnología de la época…, pues ahora está aquí, toda, bien dispuesta hasta para la nostalgia en boga…
 
Vemos mucho de eso en Instagram… Y, además, pues en realidad la gente no quiere hacer nada nuevo; prefieren todos ser parte del grupo y hacer solo lo que no les va a poner en peligro…
Es irónico que, al final, incluso lo que escandaliza acaba siendo aceptado y usado por todos… Puedes comprar mil cosas con la cara de Frida… ¡Qué pena!
 
***

 

Andamos…

 

Libres. Le comento, andamos expuestos…
Se trata de dar también con la propia necesidad. Aceptar. Aprender…
Compartir.
 
La mujer vista a través de los ojos de otras mujeres versus imágenes creadas por hombres.
La primera vez que mis padres me llevaron a un estudio para que me tomaran fotos, yo tenía cuatro años… El fotógrafo me dijo que me sentara y que sonriera.
Mi primera reacción fue de sorpresa, después incredulidad, luego enfado. Mi madre se dirigió a mí sonriendo; me dijo que “sonriera” y yo… lo hice y me arrepentí de inmediato; la próxima vez, me prometí a mí misma, estaría preparada… y no iba a sonreír.
Los hombres ven a las mujeres “sonriendo”; las mujeres tienden a querer complacer, es lo que se espera; mi madre me lo dijo con sus ojos.
¿Por qué sentí enfado? Porque una sonrisa es un intercambio entre dos personas que se gustan; es algo que sucede, como las lágrimas… Estas no se fuerzan.
De hecho, yo también tenía mis propias opiniones sobre las lágrimas… Por entonces, estaba decidida a no llorar bajo ninguna circunstancia. Mis hermanos se habían burlado de mí una vez que me caí y cedí al impulso. Ellos no pensaban en complacer a nadie, tenían su mundo. Y yo era uno de ellos. No fue hasta la adolescencia que comprendí todas las sutiles reglas de la feminidad…
 
(Tati… baila.
Viene, va… Se encuentra a sí misma, pero siempre refractada.)
 
Cuando yo fotografío a niñas/mujeres… no quiero que posen. Libres.
Y quiero que los hombres las vean como cuando están solas.
Veo en ellas dignidad, profundidad, compasión, tristeza…
 
La mar. Vasta. Fértil.
 
Últimamente, he decidido mostrar sonrisas en mis fotos; quizá porque lo necesite, quizá porque después de todo, las niñas son así…
Mi única regla: que la sonrisa sea espontánea.

 

 

Causa… sin razón
Celebración de la vida sencillamente porque es.
 
Siempre he admirado lo que hizo Coco Chanel con la moda. Antes de ella, las mujeres se ponían vestidos vaporosos de colores pastel para las fiestas… Cuando ella apareció con nada más un vestido negro, todas entendieron en un instante. Ya no se trataba de ser mostrarse “encantadoras”; ahora querían era ser ellas mismas… El vestido negro fue un desafío.
La niña/mujer abstraída es mi equivalente al vestido negro de Coco Chanel.
 
Revolución…



 

Un comentario

  1. Muy bueno, encuentro mucha lucidez en los pensamientos sobre el arte y las fotos llaman la atención no solo parecen momentos, sinó también caminos.

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