Mucho más que representación: Sobre la obra de Loredano

Por: Douglas Rodrigo Rada y Juan Pablo Torres Muñiz

  

Hablamos, a menudo, de personajes; pero para referirnos a quienes marcan por sí solos un nuevo tipo, uno al que pertenecerán todos aquellos que en adelante, diremos, se parecerán apenas al original, hablamos  de personalidades.
Las personalidades, se entiende, configuran el molde con su propio carácter, o más bien de cuanto se revela de este –al caso– por medio de la escritura.
Loredano sí que tenía ojo al respecto. Su obra va siempre más allá de la representación. Y la visión de Douglas Rodrigo Rada ofrece sobre ella especiales luces.
Vamos tentando entre los cuadros…

 

 

La faz. Y el cuerpo. Ambos como realidades. O ambos como proyecciones de una verdad más honda. ¿Cómo ves el asunto?
 
Me interesa especialmente la capacidad que tiene de deformar la imagen del cuerpo y del retrato hasta el borde del desdibujo, de la deformación monstruosa.
El límite entre el dibujo gestual y la figura reconocible.
 
Lo monstruoso, con causa en la desproporción… Pero Loredano elige el punto justo, provocador, a menudo. Cómo, ese es otro asunto.
Acaso su visión se desprenda de sus lecturas, pero también de su memoria e indirectamente, también, de percepciones apenas procesadas, ecos que llegaban a él de encuentros con los autores, tanto los ocurridos en la realidad como los dados por medio de la ficción, y en la ficción.
En todo caso, da con el rasgo que distingue, la cualidad, y… la eleva.
 

 

La identidad en el trazo. El rasgo como firma…
 
Eso es lo que más sorpresa me da, la seguridad del trazo y la construcción de una forma que parecería ser de alguna manera producto de un gesto, pero que es a la vez intencional.
 

  

Gesto que proviene de la lectura, que tienta un anticipo y demuestra conocimiento.
Loredano nos ofrece una suerte de nueva encarnación, también en la ficción, de la voz del autor, esta vez grabando la personalidad afuera, pero en estrecha relación con la obra; es decir, con ella, pero también desde ella y a través de ella.
La exageración se convierte, entonces, en fórmula para sostener el espectro amplio. ¡Y es que cada quien es tan complejo!
La ausencia de solemnidad en sus figuraciones se debe en buena medida, a la propia fuerza –transparentada– de las mismas personalidades. 

 

 

Qué hay sobre la imagen como grafía: La línea que dibuja el nombre.
 
Hay una tensión compleja entre el personaje retratado y el intento de proyectarlo en un dibujo.
¿Se podrá?
¿Es posible la conjugación?

 

La aproximación a un carácter reconocible, por su grado de efectividad, el tino, la precisión conque da con el espíritu reconocible detrás del discurso de cada autor, con sus gestos. El enorme acierto de su planteamiento, amplio, en la imagen, que permite acomodar con relativa facilidad la interpretación de cada lector. Son méritos, méritos…

 

 

Se dice que la caricatura es una interpretación de la identidad de una persona, ya sea una síntesis de la forma física o alguna interpretación de su identidad individual proyectada en su físico. El concepto de alma es complicado pero estoy seguro que la sensibilidad del artista puede permitirle entrever la relación que hay entre su forma física y su temperamento.
 
El rasgo de “un alma”. Sustancia.
Aquí, los verdaderos amos de las voces, discutibles, nos enfrentan en silencio elocuente…
 
 
Leer a Loredano –sí– desafía, como toda lectura inteligente.
Sencillez, complejidad. Los difícil como si fuera fácil. La hondura y el balance tan propios, en una fórmula secreta…
La composición se completa en el diálogo.
 
 
Su trabajo escapa a la categoría típica…
 
La parte de Loredano que más me interesa no es la caricatura, ni la relación que genera con el personaje retratado, sino más bien, me interesan algunas rupturas que genera sobre el referente de identidad corporal y como esto mismo hace evidente el dibujo y la capacidad de fracturación de la realidad a través del arte.
 

 

No las veo como caricaturas. Son dibujos, son arte. Son retratos. Son esquemas corporales.

 

 

Lejos de servir apenas como proyecciones de una identidad, instrumento de cierto saber, e incluso, poderosa ilustración, la visión de Loredano vale por sí misma como obra “independiente”, a través del juego transtextual, instando a una revisión de la perspectiva personal, de la imagen popular…, de la cultura.

 


Bordear el exceso y ser sutil a través de lo grotesco (!)…

Cuestionar mitos. Ser compasivo con el ángel intransmisible, que falla al obrar… Atender la pretensión y perdonar el desbarro en afán de hondura.
Hay mucho de humanidad: He aquí nuestras deformidades… Todo cuanto surge de nuestra actitud, y proceder… Y en estos autores, el obrar…
Vaya autor, Loredano…

 

 

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