Como un espejo de agua (negra): Sobre el legado de Alejandra Pizarnik

Por: Ana Negro y Juan Pablo Torres Muñiz

 

Imágenes, y ecos propios…
Desde luego, Ana y yo no pretendemos “absolutos”, pero partimos, al caso, de puntos relativamente firmes, los ofrecemos… como puntos de partida para cuestionar.
Aceptando la parcialidad propia de cada visión, es menester, sin embargo, hacer a un lado ilusiones, decorados y/o acertijos de interpretación que distraigan, entretengan apenas o, peor, complazcan; por ejemplo, bajo etiquetas de arte por el arte o de forma por la forma,  además de justificaciones de orden “conceptual”. Puro rollo en torno a una elemental identificación.
Ana sabe que me pregunto más sobre Alejandra como personaje que sobre las otras oscuridades, a que alude en sus textos.
Serena, firme, mi amiga anota con decoro:

 
Despojada de formación literaria, no podría jamás acercarme a ella desde esta perspectiva… Pero probablemente tampoco de ninguna…

 
(Sonreímos.)
El reconocimiento de dicha condición –ojo, con la Pizarnik distante–, redunda en seducción por el reflejo…

 

 

Pizarnik es una creadora a quien no puedo acceder. Porque en ella escribe la locura. Y es casi imposible concebir la creación sin distancia, sin separación que permita la metáfora. En ese sentido, la obra de Pizarnik es una obra quasi imposible. El trabajo hecho por la poeta bajo esas condiciones psíquicas solo puede concebirse a partir de una lucidez y talento excepcionales, con los que resistió lo suficiente como para parir una obra.

 
O a través de la cual la concibió.
Cuanto por lo general es llamado “desequilibrio” no es en realidad sino… otra realidad. Incluso, simplemente, energía (en una forma conocida) operando en un ámbito paralelo. Esto explica en buena medida, el miedo de todo mundo a ingresar a tratamientos, a aceptar, tan siquiera, la necesidad de estos: Consta una clara consciencia de que “el objeto” a tratar no es solo parte de uno mismo, si no un aspecto parcial de su totalidad o la mayoría de esta; casi como otra identidad, refleja de la que reconocemos propia y “sin problemas”.
 

Pizarnik plantea para mí una imposibilidad por el simple hecho de no haber estado personalmente nunca allí. ¿Cómo aproximarse a una experiencia radical que, por estructura, no experimentaremos jamás? Pizarnik es el trabajo de las palabras en el lugar donde la palabra es imposible. Articular las palabras donde solo hay comunión con el silencio:

 

silencio
yo me uno al silencio
yo me he unido al silencio
y me dejo hacer
me dejo beber
me dejo decir
 
Los matices son a veces, también, sombra. La oscuridad es ausencia de luz, pero hay campos en que esta reacciona de un modo sorprendente, un tanto difícil de reconocer: gana o pierde en una gama aparentemente impropia de su as original. Combinación, y refracción. 
Al caso, hablamos  de complejidades y complicaciones.
Quien contempla de veras, toma la realidad, la acepta, y se asombra. Sabe que su propia mente conforma, digamos, otro mundo, tan complejo como el de afuera, de manera que cada color volverá al exterior, será expresado, bajo una nueva apariencia, habrá cambiado a través de él.
La dinámica de este intercambio, su entendimiento, constituye la experiencia. A menudo es indescriptible. Y siempre resulta intransferible.
 
En Alejandra Pizarnik no hay posibilidad de juego, no hay, creo, nada que no sea literal y eso es lo que me impresiona.
 

 

Cómo logró trabajar las conexiones que sobrevivieron a la devastación, y construir toda una arquitectura simbólica. Allí donde el cuerpo había sido capturado, donde se imponía el dolor psíquico, resistió hasta el límite y para cuando el goce la devoró, una obra poética había sido plasmada.

 

“En ella”, bien dices. Porque la luz toda no proviene de ningún lenguaje, sino de una determinada condición, de la experiencia latente, que constituye la propia lumbre; y sus ases o chispazos conforman la obra. Esta llega a nosotros y rasga nuestra oscuridad o, más a menudo todavía, matiza nuestras luces particulares.
¿Dónde se refleja el ardor detrás de los tópicos en la obra de Alejandra? Y sí, me refiero a un espacio, a una pantalla, porque es más fácil reconocer en la piel del personaje, como manto dispuesto a propósito, las sombras del juego chinesco.
Octavio Paz decía que la escritura de Pizarnik ardía… Bien, hay ocasiones en que las brasas se consumen en silencio, en oscuridad…
 
Cuando digo no haber estado allí, me refiero a la mirada mortífera de la Gorgona, que no le fuera ahorrada a ella. Y entonces pienso en Celan, el poeta que blandiera la palabra como gesto definitivo de venganza, en la lengua del verdugo, venganza de la imposible lengua. Venganza definitiva y terrible que torna secundaria la muerte del poeta, suicidado (también él) en las aguas del Sena. Allí encontramos, impiadosa, la mirada de la Gorgona en las serpientes del cabello de Margarete. Mirada en reversa, mirada que ya no es petrificada por el monstruo sino que se levanta como voz de los espectros que acusan al verdugo hasta el fin de los tiempos.
 
Tú ves, Ana, y distingues.
La imagen de la autora ha resultado a menudo pozo apropiado para abrevar de reflejos potenciales, para tentar con conjeturas, un vínculo íntimo, y con ello, una justificación.
(Quien enfrenta al que ve lo mismo que uno y acepta su silencio, dejando que este acaso pliegue las diferencias, acepta, confía, y aprende…, también a callar.)
Provoca ver los textos de Pizarnik como bordes del espejo refractante. Y su obra, como proyección: un espejo de agua.
Tal representación, me parece, se sostiene mejor que la de una obra compacta, mas flexible, un prisma capaz de concentrar en la cuestión, sin restar amplitud y carácter polisémico…
  
Una Gorgona más personal…, más de historia personal aún cuanto imposible sustraerla del contexto histórico, de su origen, de las huestes del nazismo azolando Europa en los tiempos de su infancia.

Y entonces tengo la impresión (sólo la impresión) de que su canto es otra cosa que un gesto de venganza. Un testimonio de aquel que ha visto y da cuenta a la especie de lo que la especie es…
Pero hay más. Da cuenta de una suerte de horror de existir, personal, privado. Igualmente terrible. Honesto en el sufrimiento, lúcido y exquisito en la resolución, en particular de
  
Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío.
Es el instante de poner cerrojos a los labios
Oír a los condenados gritar
Contemplar a cada uno de mis nombres
Ahorcados en la nada
 
Cuenta en el contexto, también, el Psicoanálisis… y la nueva posibilidad para cada quien de una épica personal. (Con esto, suman más las tentaciones para la simple identificación.)
Pizarnik supo hacer ecos de un horror inmenso, sin pretender hacer con ellos una música propia para lo horroroso. Pero no alcanzó a silenciar las vibraciones con que otros se sintieron, desde luego, invitados a ver dentro sí un horror igual al de ella; advierto: no uno semejante, como corresponde, salvando las distancias; de manera que nos vemos, de pronto, con miles de afligidos por impostura.
Recuerdo una sentencia de Lucia Berlin, por boca de uno de sus personajes: “Cualquiera que diga que sabe cómo te sientes es un iluso…”
 
Suele concebirse la infancia como el tiempo y el territorio que marcan el devenir. Tener un lugar a donde retornar, una suerte de tierra prometida a donde poder regresar. Regresar a ese tiempo es una vía regia en el trabajo de la creación. Cuando se lee a Pizarnik impresiona la presencia del cuerpo mortífero y del miedo que impregna toda la obra y que se parece más al horror invalidante. El miedo que los maestros orientales vinculan a la locura. El miedo que atraviesa el cuerpo de Alejandra desde su infancia:
 
Yo no sé de la infancia
Más que un miedo luminoso
Y una mano que me arrastra
A mi otra orilla
Mi infancia y su perfume
A pájaro acariciado
 
Pizarnik fue capturada por un horror otro que Celan, sin embargo:
 
Una mirada desde la alcantarilla
Puede ser una visión del mundo
La rebelión consiste en mirar una rosa
Hasta pulverizarse los ojos.
 
Entonces, también ella testimonia. Es genuino el dolor, no hay puesta en escena. Le han dejado a Alejandra un espacio mínimo. Una distancia apenas perceptible ha quedado entre el Otro monstruoso, su Gorgona privada, y ella. Suficiente para construir una obra. Una obra trágica y literal en su culminación autodestructiva.
 
Con lo que se resolvería amparar su escritura como manifestación propia de una etapa, de una consumación particular en medio del conflicto y la contemporaneidad revuelta.
De una parte, atruena la satanización de la violencia. Por otra, la idealización de la contemplación… Lo cierto es que ni a la una ni a la otra les corresponde valor alguno presto a comparación; son, y por ende, transforman, afirman y posibilitan, de tal modo, nuevos periodos…
Acaso estemos ante la Pizarnik como resultado de la experiencia: un espectro inspirador a través de sus versos; siendo su imagen personal, obra involuntaria…
 
No la muerte como la Duras anticipa la suya propia (cuando yo muera, no moriré a casi nada pues lo esencial de lo que me define habrá partido de mí. Solo quedará por morir el cuerpo). Muerte de quien se va “despoblando” de manera progresiva en su obra y anticipa la partida natural del solo cuerpo físico. La muerte de Pizarnik es forzada, no tiene chances estructurales de producir obra sin sacrificio literal del cuerpo físico.
¿Fracaso? Locura. En ese sentido sin posibilidades de elección.

 

 

Afirmación, pareciera…

 

Un artista hace lo que tiene que hacer. De eso se trata siempre. Con lo que tiene y sobre todo con aquello que le ha sido sustraído o que nunca fue parte de su ser.

 
El legado de Alejandra resulta en una permanente evocación de la consumación que refieres. Visto así, cuestiona la naturaleza humana, su resistencia, y la posibilidad de convertir la extinción en trascendencia… Pero a esto último, sí que hay respuesta y Alejandra la dio acabando con toda posibilidad de dialogar de nuevo con ella.
El silencio que sigue a la muerte de la autora carece de elocuencia, no invita a preguntarse sobre ningún significado. La muerte es y la vida, lo mismo, como hechos. Su sentido es otro asunto y al respecto Alejandra encarnó una opción netamente personal, sujeta, claro, a sus graves circunstancias.
Ninguna otra pregunta a propósito de adónde nos lleva, que no sea ficción…

 
Creo que Pizarnik no pudo haber construido una obra distinta, menos oscura, menos iterativa en lo mortífero. La proximidad de la Gorgona desde su infancia le dejó solo un desfiladero. Supo, quiso y pudo, a pesar de ello, construir un corpus poético aun cuando no, sustraerse al horror inicial que marcó su sino:

 

Simplemente no soy de este mundo… Yo habito con frenesí la luna. No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva… No puedo pensar en cosas concretas; no me interesan. Yo no sé hablar como todos. Mis palabras son extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie… ¿Qué haré cuando me sumerja en mis fantásticos sueños y no pueda ascender? Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver. Es más, no sabré siquiera que hay un “saber volver”. No lo querré acaso.
 
Bien decías del horror, del miedo…
La interpelación a partir de la escritura de Pizarnik tiene otro filo: Optó ella por la afirmación del testimonio. A la muerte, se rindió. Pero en el camino, la carrera, tantas páginas, evidencias de una resistencia, pero también del sacrificio… Este, lamentablemente, acaba en ritual de estetas.
  
Es conmovedora la resistencia que opuso hasta el final. No se trató de venganza en su caso, no testimonió del horror colectivo sino personal. Tal vez no se diferencien tanto al final del recorrido. No lo sé. Los ríos tienen dos márgenes y no se está nunca en ambos a la vez. Siempre se elige.

La entrega es diferente.
Entregar la propia muerte, como Celan –vivo en sus escritos–. Humildemente. Inmenso, él.
Quien afirma y se realiza, eleva siempre la voz en canto, sin anunciarse a sí mismo: nunca apela a una condición, mucho menos se pinta de víctima. Trasciende en su obra. Conmociona dejándola decir lo propio.
Celan… Sí, con la consistencia del prisma que supo construir luchando (ya que felizmente él sí alcanzó a trabajar más que ella). Nos vale a todos por triunfo, al punto que su suicidio no es referente principal de Todesfuge. Ni del resto de su obra, viva, siempre viva.
Habría quizá que ver del mismo modo, puramente como entrega, como bien haces, la herencia completa de Alejandra…
 
Si tuviera que elegir de su producción me quedo con sus poemas y en particular con El Árbol de Diana

Un sentido, el sentido… Recuerdo, del prólogo de Octavio Paz para la edición de Sur; veo cómo calza:
 
“Cristalización verbal por amalgama de insomnio pasional y lucidez meridiana en una disolución de realidad sometida a las más altas temperaturas. El producto no contiene una sola partícula de mentira. (Bot.): el árbol de Diana es transparente y no da sombra. Tiene luz propia, centelleante y breve…

… basta recordar que el árbol de Diana no es un cuerpo que se pueda ver: es un objeto (animado) que nos deja ver más allá, un instrumento natural de visión. Por lo demás, una pequeña prueba de crítica experimental desvanecerá, efectiva y definitivamente, los prejuicios de la ilustración contemporánea: colocado frente al sol, el árbol de Diana refleja sus rayos y los reúne en un foco central llamado poema, que produce un calor luminoso capaz de quemar, fundir y hasta volatilizar a los incrédulos. Se recomienda esta prueba a los críticos literarios de nuestra lengua.”
 
Saber ver a través de su voz, y omitir el ruido de los coros que reclaman para sí reflejos, que cargan la entrega de Alejandra, de oropeles de sacrificio…
 
6
ella se desnuda en el paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe
 

 El asombro invita a mejor comulgar: en silencio…

 

11
ahora
en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada

 

 

Tú, Ana, la entiendes a través de la palabra que se esfuma y deja hablar la verdad detrás, hondas causas, contra la muerte. Sin hacer coros, atendiendo…
Silencio, silencio… cuestionador…




 


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *