Figura de dos cabezas (Una trilogía): Poesía de Alejandro Tarrab

De Litane (2006)
 
 
preguntas esenciales hacia la propia familia 
 
la elasticidad es un modo de salvarse
no lo preví así salté como una bailarina de teatro tour en l’air salté con toda mi familia por los aires los bailarines son atletas de dios pisamos lo inmaculado de cielos de esta ciudad dando dentelladas como fugas de algo eléctrico como demonios ágiles de luz serpenteamos por todo lo profundo no sospechamos entonces cómo se torcería al volver
el llanto para todos
 
imagínese una pintura cortada en pedazos 
pequeños casi monocromáticos a los que luego se usa como piezas de un rompecabezas incluso si una pieza no es monocromática no debería indicar ninguna forma espacial sino que debería aparecer como una mancha de color plana sólo junto con las otras piezas se vuelve un pedazo de cielo azul una sombra un brillo transparente u opaco ¿nos muestran las piezas individuales los auténticos colores 
las partes de la pintura? (wittgenstein)
 

Pavel Tchelitchew

 
minoría de edad autoculpable
 
soñé también contigo 
eras una estrella 
me alcé dentro de ti para quebrarte
para cortar el verso umbilical
de nuestra sangre nostra fría
te descubrí como un mar en calma
descubrí te descubrí los colores
como la mar en calma
abajo nuestro
el insectario se agitaba
taxón como un apocalipsis de caballos
una palabra como danubio no es no es una turba
eras sí calmo pero algo en ti
de tu melancolía castigaba
me arrastraba hacia ti para quebrarte
estuarios tornasoles tan profundos
que conllevan pena
lloré llora como llora el diablo
satán   such as angels weep
lloré llora para darle otra vuelta
 
 
 
De Degenerativa (2009)
 
 
FOTOCOPIADORAS
 
Recuentos del acervo,
elementos intercambiables de una ruta en desuso: novotel early breaks, antología de ideas para las generaciones, la imagen de una mano empuñando un erizo, oscuro erizo marítimo, profetas de la violencia pasando como héroes, volverán los gabinetes del tarot, los adivinos de hoy para hacerme olvidar, artefacto, fuiste una res oculta en una sábana blanca, sábanas, órdenes de viejos repertorios, posición de un animal emulando el sutra, apuntes página 32, archivos de conducta escritos a mano, lexemas, zurcidos invisibles, nave, fotocopiadora. Fingir facilidades. Repasar en negativo: vendo, una odisea. Tracción, cuatro y seis cilindros. Puedo tornar el erizo más y más oscuro, engrosar sus espinas, quemarlo en la página. El esqueleto, el corazón calcáreo, dispone el veneno. Imagino un campo de fotocopiadoras como pinchos negros. Cementerio de lámparas y tambores: los elefantes cederán sus osamentas. Puedo copiar y de hecho copio una adaptación del acecho, una geometría ya sin aura. En un afán de reproductibilidad, de sentir el aura yo mismo al entonar las máquinas. Expongo también una flor, una porción del cuerpo a las descargas. Fotocopiadora: juguete de ejecución. En la réplica, ten years continued, un hombre llora al ver la bandera de su territorio conquistado. Yo también convulsiono, tenso y par los cristales. Error 0172. Entrarás en un periodo de indolencia. La misma carta pero en orden suspendido. Error. Al ejecutar la paginación, me veo en mitad de ese campo de batalla. Sé para mí que tales copiadoras son trampas. Arrestos de un dispositivo. En todas las pantallas es el objeto lo que se entrega en potencia, copio. Hemos reunido para usted esta contienda, esta región minada de aguijones. Podría tornar, como película, hacia los créditos finales. Prepare, combine otra instrucción para la fotocopiadora: 
ajustar o recortar las márgenes.
 
 
 
AGUA MALA
 
Esta música está grabada en baja, 
pero la bailamos todos. Algo folk como country o algo, no importa. La bailamos. Alzamos los pies, damos saltos, tomamos té helado marca original. Ignoro cómo sea al oeste, nosotros nos lanzamos. Provocamos los cuerpos reales, la tela de esas vestimentas. Muy bajo, como en cámara lenta: las sayas largas de ellas remontan y descienden como anémonas del mar, aunque acá es el desierto; nuestro talar de cuero sacude a mil cuadros por segundo. Tomas de lo más convencional. Alguien se detiene un instante —una eternidad ante las cámaras— para deshacerse de unos zapatos rojos. El resto sigue bailando, arremetiendo con la estática. En baja, el scratch de este sonido. Los espectadores bailan desde sus asientos. Torpes y emocionados aplauden a un ritmo sincopado. La escena, con todo, se enriquece a contratiempo, algo como Schoenberg o algo. Para mí, que también bailo, la estática de la impresión es algo emocionante: fuerzas de expansión como disparos, saltos en la navegación del baile. El baile en baja fidelidad es un momento magnético. El baile en baja fidelidad trae estaciones lejanas: transistores de radio (1954), Regency TR-1; bulbos, triodos de frecuencia. En verdad no sé nada de esto: traté poco el despoblado, las anémonas del mar. Irrefutablemente conozco el video, los radios-transistor, el scratch de este sonido. He traído con ustedes el dodecafonismo, sonidero, universo sincopado. Sé del agua mala que cada verano es arrastrada por las corrientes hacia las costas y quema la piel de los bañistas. Medusas corrientes que tropiezan y envenenan. Pero ustedes, todavía
¿lo creerán?
 
 
 
De Maremágnum (2017)
 
LO QUE TE DIGO SE DESHACE EN EL AIRE
 
Lo que te digo se deshace en el aire.
Esto que te digo, escúchame bien, se enciende, se deshace en el aire.
No palidece y cae para estrecharse entre las ramas y las brozas 
y los restos de una naturaleza ya caída,
se pica y se impacienta, 
se enciende e incinera antes de llegar.
Su destino. Esto que te digo, 
no es sublime, sino etéreamente irreconocible. 
Llega a tus oídos (pavesa, reliquia del carbón), porque lo que se alza y se arroja tiene que llegar, 
tocar algún punto en su impaciencia.
Aunque lo hace —rebasa, quiere meterse— como algo ya crispado, 
ya molido en su agitación y su prisa.
 
De ser algo, esto que te digo, sería la neblina implacable de ese paisaje al pie del Lago. 
Un lago que, tras la vehemencia, descansa en sus heridas, 
un lago que no vi, pero que me mostraste como una imagen distante y blanca: 
aquí estuve sin ti. Éramos algo.
 
Antes de decir, lo que te digo, antes de rayarse en el aire,
las palabras si acaso serían eso: eclipses, 
paisajes de nada que aparecen de pronto y vuelven a romperse. 
Ciudades derruidas, almas derruidas, consumiéndose en el aire.
Pero lo que se alza y quiere penetrar nació para perderse:
la palabra escucha, imperativa y perniciosa, la misma palabra protectora
con su bardo de maldición, la palabra sorda, auscultando los ritmos lentos, 
las palabras remanso de las palabras se queman y se acaban en el aire. 
Estas almas, estos seres convulsos que en algún momento fueron visos,
señales de orientación para las civilizaciones farsantes,
hoy crecen y se escuecen en la boca.
Yo las digo con una maldición. Yo las digo 
para verlas romperse y llegar a su destino incierto ya perdidas.
Con un olor de inmisericordia en el aire. Esto que digo 
se deshace, se pierde como los emporios y las almas en su clamor contrario:
la neblina de una embocadura. Esto, 
mi resabio negro todavía encendido, mi asolada y tonante, envilecida.
 
 
ARTE NUESTRO
 
Nos odiamos. Con canciones folk tristes y golpes duros con piedras de sonido, nos damos. Toques bajos, en la cara. Nos gusta lo que hacemos. Estamos aquí para odiarnos, para escupirnos y sacarnos por la cara. Con agujas en el pecho, corazón. Centro, cetro. Bailamos. Juntamos de tal manera las cabezas, que podemos oírnos: arte nuestro. Construimos un refugio, un altar con retratos: nosotros hablando sinsentido, bailando a empellones, recio. Después vemos las fotos daguerrotípicas, quemadas y amarillas, y lloramos casi. Juntos. Con agujas en los ojos, corazón, construimos lo nuestro: canciones tristes, golpes duros que proyectan y pueden leerse, un polvo fino posándose apenas en la piel. En esas fotos hay niños en formol. Engendros diluyéndose en la imagen. Aberraciones de dos cabezas diciéndose al oído arte. Las vemos e imploramos por nosotros, por los hijos de los hijos y así. Acabamos pronto riendo. Es conmovedor. ¿De qué manera una cosa lleva a otra?, ¿de qué manera un extremo queda atrás y nos arrastra hacia otro extremo? Reírse de lo que somos, con las agujas ya cediendo. Sedación. Contracciones de alegría. Empellones de alegría juntos. Entonces, sentimos un nuevo impulso por crear. Algo que llamamos nuestro, que no es tuyo ni mío. Algo heredado, fundamentado, ligado a una historia, pero que no es historia. Algo ajeno no-original, que nos quema y debemos decirlo. Algo flagrante sin su autor. Una performance que acierte en el no-centro de lo creado. Tu cabeza junto a la mía (percusiones, casi no puedo oírte). En secreto me cautivas hay que bailar. Algo efímero, aciago y fraccionado. Azaroso. Led, golpes duros contra la piedra. Estamos aquí para odiarnos. Hay una canción cuya letra dice (no soy bueno traduciendo): nos quitaremos la ropa en la oscuridad y con los dedos, ellos repasarán los huecos de tu columna.
 
 
 
HABÍA FLORES MEDICINALES, FLORES CON HOJAS
 
En el brote de la enfermedad hay florecimientos y caídas, flores pequeñas y amarillas idas y vueltas, anversos y reversos de una cinta mientras avanza. Una aguja graba, calcula con surcos y círculos
 
en los valles de esos abismos. 
 
Los escritos del cuerpo son aquí: el nombre y los apellidos anteriores. El nombre dado en un grito. No el nombre impronunciable, fallado por Di-s. El nombre contrito, la estrofa del nombre que tiene miedo, el nombre ahogado, ahorcado, los comentarios, las murmuraciones alrededor del nombre, el nombre que se acerca a la muerte postergándola, tachándola, el nombre inmunológico, la postura del nombre que se ataca a sí mismo, el nombre echado hacia atrás, puesto de lado, observando el muro de su propia pieza que es el muro grabado en su origen (cerviz) y su naturaleza, la boca al pie de sus entrañas, el nombre y el cuerpo nombrado tragan arena. 
 
Porque miro hacia adentro, porque miro en lo disperso: la llanura, los valles de esos abismos.
 
Había flores medicinales, flores con hojas, donde yo me incliné para decir, con la boca ida hacia la tierra así inclinado: sangre de sangre, palo de sangre, palo de muela. Hojas ásperas, flores en conjunto, racimos de sabia de sangre, angregado, grado, sangre de grado, sangre de drago, sangre de perro. Entrégame sangre, toro vertido, sangre de toro vertido del costado ma min, yescuitl tojisda, ch’ich bot, chchie chucum, ma min tojisda, ma min.
 
Pero en el valle corría un viento seco, viento de insectos en el polvo ma min.
 
Quería un Toro que pesara para el mundo. El año, las escamas del daño: un dragón. Entre los rasgos duros de la estepa veo la huella de un animal nervioso y ligero. Me afilaron y volvieron a aquietarme y entre los rasgos duros de la estepa encuentro mi nombre ahogado, ahorcado, constreñido por cada una de sus letras, mi nombre inmunológico, echado hacia atrás. La débil marca de mi pie y mi arpón y mi cuña de garfio. Aquí los oigo congregarse —arguyen juiciosamente:
 
—De la raíz segrega una leche densa, grado sangre, toro de leche vertida hacia el costado.
 
El cuerpo, el nombre —el cuerpo una vez nombrado, escrito, inscrito y borrado, tachado en los altos muros de la pieza sin cielo, sin suelo, en donde ahora flota un árbol.
 
Porque miro hacia adentro, porque miro en lo disperso.
 
El árbol drago mide 9m. La corteza, su ramaje cubierto por pilosidades estrelladas, inflorescencias cervical sacro ma min. Porque miro hacia adentro
 
porque miro en lo disperso.
Había flores medicinales, flores con hojas.
 
 
 
(Alejandro Tarrab nació en Ciudad de México en 1972. Poeta y ensayista. Actualmente reside en su ciudad de origen.)
 
 

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