Nuevo freak show: Sobre la propuesta de Anton Seménov

Por: Teffy Bengoa
 
La obra de Anton invita a pensar en un fenómeno comercial del Siglo XVII. Gente asistiendo a ver monstruos u otras rarezas, seres humanos fuera de lo común. Con nosotros, el llamado Freak show
Pero qué tan tentados continuamos desde entonces a acudir –y consumir, aunque vaya palabra esta clase de espectáculo. Aún se congrega gente ante lo monstruoso… ¿para experimentar sorpresa, rechazo, incluso asco y repulsión?
Anton Seménov, por supuesto, lleva el asunto mucho más allá: acaso a una revelación respecto de nosotros mismos y lo que de veras nos convoca.

 

Hay un disfrute en encontrar, en descubrir lo diferente. Pero hay otro, también: el de sentirse efectivamente superior a quienes encarnan lo diferente.
En cuanto al show, no es lo mismo contemplar a la criatura libre, capaz de tocarte, de colarse e invadir el territorio hasta entonces seguro de tus invenciones propias, el universo personal, ideal…, que verlo tras barrotes, bajo control, aislado.

 

Fauces, lomos…
¿Criaturas animalizadas? ¿Y esto, qué implica?
Me permitiré una digresión: Hace un par de semanas le tomé una foto a un cachorro; me pareció atroz reconocer en él… un rostro medio humano.
Lo que no se define, lo que no queda del todo circunscrito a su categoría, rompe con la normalidad… Surge la necesidad de encasillarlo, de aislarlo. De modo que si accedemos a su exposición, habrá de ser bajo pleno control. De nuevo: Jaulas, campos apartados, vitrinas… Aquí…: Los marcos de cada cuadro…
 

 

No es exagerado plantear que, a menudo, los monstruos son simplemente los demás…
Prima un ansia por pertenecer, encajar, ser aceptado entre el común y, sin embargo, por eso mismo, ser especial. La clave, pues, está en la ventaja.
Perseguimos confirmarnos, incluso en nuestros defectos. La diferencia… siembra miedo.

 

 

Las criaturas de Seménov no son monstruos nada más. Algo más complejo, son sobretodo personajes: representaciones de otros seres que, felizmente, no somos nosotros y, por tanto, nos permiten imaginar actos que a lo mejor querríamos cometer.
¿Somos también monstruos? ¿Los somos en nuestros sueños? ¿Somos libres en ellos? ¿Andamos en ellos, desaforados?

 

¿Retrata Anton, sueños?
El inconsciente nos dispone a soñar cosas espantosas; forma parte de un mecanismo de defensa. Nos forjamos en situaciones irreales, también.

Felizmente son sueños, como en un show… Un freak show particular…
 
 
Colores fríos. Tonos grises. Como si viéramos a través de un filtro.
Si hubiera color, si la imagen fuese algo más cálida, el impacto se vería drásticamente reducido. Es esta la representación de un solo largo día gris. O de una noche larga, larga, por una pesadilla que no acaba.
Recordemos que el uso armónico del color es una señal inequívoca de serenidad.

 

  

¿Qué tan importante es el impacto, la violencia del espectáculo?
Felizmente, la oscuridad de Semenov es exagerada: Su mundo está lejos. Es, sin duda, pura ficción…
Su visión resulta tan exagerada en primera instancia, que llama fácilmente la atención. Pero basta detenerse un poco para descubrir que se trata de algo realmente oscuro, cuestionador. Si bien alguien podría dejarlo pasar, Semenov procura asegurar la convocatoria… ¡Bienvenidos!
¿Qué pasa si rompes los barrotes, si quiebras el cristal, si te acercas a estas criaturas y dejas que… te toquen?

 

 

Bocas enormes. Dientes. Sonrisas… Eso o no nada… Mutismo…
Ojos enormes, penetrantes, o lo contrario, “ausencia de luces”…
Contrastes.
Es curioso que los personajes sin ojos, acaso vean más hondo. Y que los que no tienen bocas sean más elocuentes… o ruidosos…
Seménov provoca la pregunta: ¿de qué lado estamos… dentro del cuadro?

 

 

Colemos algo de teoría psicológica; de hecho, los cuadros la traen pronto a colación.
Es patente la lucha por complacer a la masa, la consciencia mayor, a un padre.

 

Pero al fin y al cabo se trata de dibujos, y en particular, representaciones infantiles… Nostalgia de la niñez, y las limitadas responsabilidades de ella.

 

Formas grotescas, deformes, llena de recovecos, detalles pliegues, sombras, arrugas, delicadeza,mucha delicadeza.
Esta obra ¿nos caza o nos seduce?
En todo caso, cuesta despertar.



8 comentarios

  1. Poética, lúgubre, con un gris que te grita palabras de serenidad y seductora, sobretodo seductora. Opinión que aplica para la obra de Semenov y para la crítica de Terry Bengoa sobre esta.

  2. Gran pintura, gran comentario!

  3. Natalia Zegarra

    Hola Teffy muy interesante, yo no soy psicóloga pero al ver estas pinturas me parecen muy perturbadoras, me pareciera que retratan cosas negativas y oscuras. Como dijiste parecen de pesadilla, es mas, si estuviera ahí viendo esas pinturas no me atrevería ni a tocarlas. Cuando era niña y veía cosas horribles en los periódicos o ilustraciones de muerte o tortura no quería ni tocar sus páginas porque sentía que podía tocar la sangre, el terror… ¿Que sabes de Semenov? ¿Tal vez vivió épocas difíciles? ¿tuvo traumas en su niñez? ¿que lo inspiro a retratar estas imágenes?

    • Natalia. Gracias por tu comentario. Y es que Semenov nos cuestiona de esa manera, y a veces nos sentimos sin salida; lo mas interesante es que nos vemos reflejados en instantes de nuestra vida, con su obra. Y tienes mucha razón…. sería estupendo conversar con él.

  4. Qué difícil darse con una página como esta. Espero que les vaya bien.
    He visto que hay mucho material. Felicitaciones!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *