Resonancia: Sobre de la propuesta de Daniel Coves

Por: Guillermo Cóbena


Tientos, aproximaciones.

Esto va de hiperrealismo, pero apenas como técnica y apenas también para empezar. Es pintura, Arte (sí, con mayúscula) y por tanto, ante todo, comunicación.
La propuesta de Daniel va tanto de posibilidades como de imposibilidades. De la aceptación como la alternativa ideal para una contemplación adecuada, pero también de las demás en su enorme variedad, según cada individuo y sus circunstancias, mas acaso privilegiando aquellas que surgen más violentamente contra el miedo.
Provoca, pero advierte, también: cautela. Con una clara invitación al silencio. Un juego inteligente.

 

 

La luz nos dice aquí, mucho del modo, del cómo de la propuesta, pero más allá de la técnica: Las habitaciones se abren y gracias a ella, nos damos sin más con el misterio de otra fuente de energía (en permanente tensión), merced de ella, con una potencial iluminación, al margen de la física: un fenómeno no lumínico.
La palidez de la escena no se confunde nunca con claridad; de hecho, esta es absorbida en buena medida por las melenas, cobertura de los rostros; llevan nuestra atención adonde “alumbra” el misterio.
 

 

Contemplar.
Y cabe preguntarse qué precisamente. Y si lo propio es responder proponiendo algo en particular.
¿De veras tenemos cómo saber de cada problema, cómo saber de los demás? ¿Por qué nos concebimos tan seguido como criaturas comprensivas, si cuesta de veras entender –ya no comprender, siquiera– adónde va uno mismo?
Con los años, mucha gente solo adole(s)ce en menor grado.
 

 

Cuanto pudiera quedar nada más en representación, asomando a ciertos tópicos por actitudes evidentes, sirve a la provocación; nos lleva a acercarnos. Serán, sin embargo, nuestros propios ojos los que encontraremos por detrás los cabellos: imagen viva, con un haz elocuente, de nuestra particular actitud
 

 

El silencio, se dice a veces con tino, puede resultar atronador.
Al caso, será nuestra voz, cuanto menos dos veces, la que resonará: pregunta y respuesta, y un rumor de fondo, complejo. Sin importar lo que hagamos… Si pretendemos que la escena retratada nos resulte ajena, redundaremos en una discusión sobre otredad.
Y el rumor crece, hace eco en los objetos, en lo que vemos más allá de los cuatro lados de cada obra, en los de la memoria, y su espíritu.
 
   
La cortina viva, el cabello, subraya aún más la división.
De una parte, los adolescentes, o a la propia adolescencia representada; detrás, el reflejo de nuestras dolencias latentes, acaso en los párpados cerrados de esos mismos personajes, en que momentáneamente “encarnamos”.
 

 

Pero qué hay de las bocas…
Cautivo el secreto de una posible respuesta, provoca nuestras ansias de confirmación, de no andar tan perdidos como dolorosamente descubrimos.
Este mutismo nada accidental, lejano de la mera parálisis del tiempo, del tránsito del gesto, obliga a revisar más hondo todavía… en las causas de la posible necesidad.
 

 

En fin…
Todos nos hemos visto alguna vez repentinamente conflictuados debido a una pregunta a quema ropa, nos obstante fuera cómodamente calificable, a priori, de irracional.
El silencio aquí, como acto positivo, se presta a amplificar cada tropiezo de nuestras múltiples voces, como ecos de nuestro discurso en plena reestructuración. Más…, nos invita a creernos con la razón, para revelarnos en cambio lo caótico de ese relleno justificante ante la muerte.

 

 

Todo desarrollo implica el paso por fallas. No obstante, hay que seguir afirmando. Entregar síes: chispas en lo oscuro… para no perdernos en la materia farragosa de nuestras propias mentiras…
Cabe la ligera diferencia entre callar y sumar silencio, rendirse y aprender.
Comunicación, decíamos.



Un comentario

  1. IMPRESIONANTE

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