De brillante relojería, y terror: Sobre el videoclip de Pursuit, de Gesaffelstein

Por: Luisa Deguile

  

Arrollador. La secuencia sostiene el voltaje alto e invita, apenas al cabo de la primera vista, a su repetición.
Se trata de una marcha. Es el pulso, compás machacante. De modo que el ritmo, parece, varía apenas y resulta más bien en una suerte de medida fija, implacable cuenta regresiva; esta corresponde a la presentación de los elementos en sucesión amenazante.

Se trata, también, de una exposición. Asoman de inmediato ciertas ideas: museos, monumentos, Historia. En una pretendida demostración, juego bárbaro: alarmante realización.
Fleur & Manu han compuesto para el tema de Gesaffelstein, han tejido con Pursuit, un espectáculo atronador…
 

  

De la pareja “angélica” cada pose como anuncio y toma de una posiciónal podio oscuro y brillante de ángulos severos, inconmovible, brilla con el metal, asomando y luego ocupando lugar central, el afán por la forma: labrar con el cuerpo mortal, el signo perdurable.
Especial atención a la mano: Tomar, prender, moler, golpear. Dar fin; determinar. Controlar.
La secuencia –cuadros enteros, composiciones cada una de los más complejas pretende sacudir, y lo lograLa riqueza de las imágenes refiere como entre ecos de la marcha por la galería, decenas de signos de un amplio pero harto reconocible lenguaje.
Propaganda.
 

  

Surge otro término: estándar. Orden e igualdad. Todo lo cual implica lo general, amplio (suficientemente) e incluso lo ambiguo (permitiendo la mayor diversificación de uso e interpretación posibles), a fin de que se acojan supuestas reformas de la idea original, y se posterguen, sin embargo, indefinidamente, auténticas medidas para un cambio cualitativo.
Límites. Orden. Sometimiento y rendición. Disciplina. Disciplina y repetición. La serie y la masa.
Protocolo. Ceremonia. Tradición.
Para ir de vuelta a la mano del hombre, como instrumento. Su control, en delirio, hasta doblegar la naturaleza: medida y proporción.
El –último– canon…
 

  

Imposición.
Para que conste lo brutal del asunto, la secuencia expone, por contraste, la reacción humana, violenta, que acusa, vencida la resistencia. Pero la reacción ha tenido lugar demasiado tarde. Con lo que se refiere a otra fuente de violencia (y manipulación): la culpa.
 

  

Y advirtamos que a la agresión (la única expresa en toda la secuencia), corresponde –oído– el lamento de ¿la máquinainocente?
¿Y de qué lado nos encontramos nosotros? De golpe, nuestra posición, es decir, el espacio que nos toca, se ve trastocado y, como fuere, invadido, como en una pesadilla.
Los dientes, la saliva, todo demasiado cerca… Luego, pausa.
Mas un instante apenas; luego, vuelta a la carga: las armas. Se alza el estilizado cuerpo dispuesto a vuelo, a atravesar el espacio y llevarnos más allá de nuestra mortalidad, matando.
Claman las hordas…
 

  

La aparición ordenada, la tendenciosa disposición, la ilusión de completa linealidad, nos llevan al tejer de una razón. Acaso –provoca pensar– la razón.
La causalidad, conforme este planteamiento, solo podría tener por motivo –valga también la alusión al término de teoría musical– lo más siniestro.
Efectivamente, la aparición de los múltiples elementos, tienta por la evocación de distintas nociones de historia, masa, poder, moda y, en general, de orden (en tanto perversión, por afán de homogeneización) y nos enfrenta en una brutal mofa– con la materialización de su imperio. Como si nos dijese por medio de las imágenes: contempla lo que una parte de nosotros, inconsciente, romántica y locamente, anhela de asomo, por resistirse a la verdad, por negarla…
  

   

Lo regio y monumental no es y no puede ser lo vivo.
Por otro lado, el poder se extingue en cuanto opera; es siempre advertencia, amenaza. Signo.
El cuestionamiento, desde luego, se da con nuestra reacción, indignación incluso…, salvo para  quienes, resulta de veras seductor creerle un alma a los relojes, espíritu a las placas y a las medallas, para quienes los himnos llevan a admirar a las masas más allá de los coros. Y ayunar frente a los pobres, esperando inspirar algún valor…
 

  

Esto resulta en mucho más que un simple artefacto.
Detona y deja sobrando decir de razas y otras aberraciones aludidas…
Una provocación, atroz, fuera de toda cuenta y compás…
Finalmente: Las calaveras pueden parecer perplejas, pero si dan testimonio de algo es siempre sin voz. Yacen: ellas mismas son la prueba.
 
 

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