Más allá, en silencio: Sobre la propuesta de Marco Mazzoni

Por: Lena Marin
 
¿Por qué referir una obra, a juicio propio, carente de valor artístico destacable? ¿Qué merito determina la elección de dicha obra y, ante todo, con qué objeto se la critica?
¿Bastan tales preguntas para sembrar dudas respecto de la propuesta de Marco Mazzoni?
La crítica se ejerce no solo para guiar en cuanto a la novedad, también, en buena medida, como manifestación, a fin de sentar un probable referente para críticas pendientes. Estos textos, por tanto, son ofrecidos para sumar lados al ya complejo prisma con el que el otro, el lector, construye su propia experiencia ante una y/u otra obra.
 

 

El ejercicio de la crítica implica el reconocimiento de las cualidades de un trabajo, tanto las positivas como las negativas, respecto del propósito comunicativo que se le atribuye. En el caso del arte, tal propósito ha de ser siempre cuestionar, es decir confrontar, revolver y nunca complacer reafirmando simplemente la cómoda posición del espectador, lector, oyente, etcétera. En efecto, si la obra no “mueve”, no desplaza a quien se enfrenta a ella, de su habitual punto de vista, desde luego, no lo conmueve, pero mucho menos le brinda una experiencia de la que pueda aprender.
 

 

 

Y si bien, por lo general, se asocia complacencia con comodidad, confort y abandono, con olvido (en serena abstracción por pleno goce de los sentidos), importa lo suyo, para muchos y más a menudo de lo que seguramente se cree, acudir a otra forma de confirmación, sufrida… y sufriente. Se trata de una forma por completo basada en la abstracción, pero a partir de una impresión apresurada, afectada, incluso deforme: ratificación de la propia miseria, de la soledad inconforme, la incomprensión y, en su fase más sensual, de honda melancolía. Desde tal supuesta certeza, la víctima –porque en el mejor de los casos se mostrará presa confundida de algún oscuro aspecto de sí misma–, situada en el desmayo, agarrotada la voluntad, aguarda, por más que lo niegue una y otra vez –clamando, de hecho, por medio de dicha negación– el rescate definitivo: el cariño del otro, la solución final por gracia de una voluntad ajena.
Huida de uno mismo…
 
 

 

En tal afán, es fácilmente reconocible el oropel de culpa; adorno de traición rebosante de motivos secretos, a priori inexplicables, de supuesto misterio. Se pretende provocar bajo la forma de atentado contra la virtud (desde una perspectiva curiosamente conservadora), subrayando así la devoción por el romance, bajo una forma simple, soberana e inflexible: condición y no camino; condena mil veces invencible.
 
 
 
Para ir más allá de tal pose, hacen falta mucho más que imágenes impactantes y potentes signos, tal y como ocurre respecto de una buena novela, para la que no basta ni aquello en su forma equivalente, ni una historia interesante. De otro lado, el dominio técnico de la paleta apenas y conduce, bien publicitado, al prestigio de artesano, lo mismo que una elocución sobresaliente de tan pulcra e, incluso, atrevida en la pirueta, nada garantiza de dotar consistencia a un relato, de darle vida como verdad.
 

 

 

Finalmente, si la poesía es en sí misma experiencia artística, el resultado de la mayor condensación posible y el atrevido vuelo del signo para romper con su forma –y las demás formas–, hasta tocar al otro en silencio (por detrás de los ecos que, en principio, siembra con la palabra, el trazo, la nota y el gesto), representa también, de otro lado, el paradero último de las claves y los guiños: su condena…
 
 
¿Qué lugar tienen aquí las explicaciones para la ausencia de ojos? ¿Qué hay de las alas con respecto a la imaginación y el ruido de su aleteo?
¿Y el color y lo florido contra los fondos huecos?
¿Cabe hablar aquí de muerte y de tumbas?
¿De perfumes?
Estas bocas abiertas, ¿son pozo también para las criaturas volantes? ¿Pero adónde se llevan estas las palabras, a germinar qué?
 

 

Sirva la referencia. Para mejor seguir hacia afuera, arriba en lo profundo, más allá del fin de la noche, adonde la luz ciega de veras, y se nos insta, sin amarguras, asombrados, y al puro silencio…
 

 

4 comentarios

  1. Impresionante!
    Y qué blog que tienen!

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