Convenciones: Sobre el videoclip de Save me, de Keys N Krates

Por: Lena Marin

  

Como si decir absurdo fuera suficiente…

Calificar así tal o cual conducta implica, desde luego, dejar de lado los motivos no razonables de los sujetos agentes, pero no las causas imprevisibles ni las efectivamente irrazonables del fenómeno que protagonizan.
En el videoclip de Adam Beck y Paul Johnston para Save me, de Keys N Krates nos encontramos con una suerte de desorden como provocación.
Desde luego, la buena cuota de humor. Pero, lo mismo, deslizándose liviana, mas no por ello menos tóxica, sirviéndose de aquel mismo humor, y con aparente claridad inofensiva –más bien palidez engañosa, de niebla romántica la dura crítica al tópico social.
Y todo con toques de auténtica originalidad…
 

  

El esquema es sencillo; el modo en que este se ve plasmado, digamos, incluso, la elocución narrativa, son una trampa.
Como un reportaje: brindar pantalla para hacer de la vida escenaLos personajes cumplen sus roles, dicen sus líneas: lo obvio, claro, cuanto sin embargo y de todas formas uno espera confirmar. En ello consiste el tránsito hacia lo nuevo, lo nuevo que el tema seguramente nos depara, pues no en vano se complica más y más, merced de la variedad y la mutabilidad propias del deseo…
 

  

Veamos.
Un conjunto de testimonios y luego la algarabía con motivo en la supuesta confirmación de un don que iguala, que une –dicen los rezos; rezan unas cuantas experiencias.
Surge la cuestión, desde el propio desafío: ser único en lo universal. Acaso creyéndose de veras que es posible trascender más allá del otro, de los demás, pero apelando, no obstante, a su asombro y, por tanto, pretendiendo perdurar en su memoria. Puro romanticismo.
“Enamorarse del amor”… Marea de tan trillado, este lugar común.
 
 
De no ser por la sutileza con que se va pintando situación e historia, configurando un clima y desarrollando como verdad esta ficción, de no ser por la enorme sofisticación con que los realizadores han compuesto cada momento y ensamblado las secuencias, nos veríamos apenas ante algo, cuanto más, pintoresco y patético.
Conviene, por tanto, subrayar lo apostado y, más, el riesgo corrido, también por sobre el soso Pop…
 
Oh, come save me
I´ll show you that the truth stand by
Thinking, oh, this is crazy
Ever since I can´t go out
 

  

¿Es de extrañar que se llegue, aunque tímidamente, a la conmoción, que finalmente se la disimule por medio de la burla?
Acudimos a la ceremonia y atendemos a los hechos, siguiendo a los invitados, debido a su concentración en aparente entrega a por un sí, tentados a pensar, picados por los guiños del tono, en la verdad detrás, el origen negativo, la negación del mismo afán jubiloso.
A fin de cuentas, obviando la sexualidad como mecanismo, de lleno en la sensualidad –que compromete la imaginación–, cada ademán y gesto, de blandir la solidez a reconocer apenas la textura, tienen por objeto –se quiere, se desea– fabricaciones humanas: instrumentos…, prótesis… y medios.
 

  

¿A quién se idealiza sino al amante? La virtud depende de la acción, y es la acción (como proceder manifiesto) el que define como tal a un amante. Por otro lado, el objeto del amor es inconcebible como masa inmóvil, carente de voluntad, pues entonces en nada se distingue del deseo más elemental, del antojo o del impulso por locura.
¿En qué consiste este supuesto amor de los personajes, si en realidad es el mismo? ¿Y contra qué lucha?
 
Oh, come save me
Heaven from your every sound
Thinking oh, you got me craving
Always with my love come down
 

  

Aunque los simples versos lo niegan, entre el frenesí…, vamos de vuelta al título: Save me… (Y el coro repite: I´ve been going on…)
¿Dónde quedamos nosotros?
 
 

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