Obstinación: Sobre la obra de Nicolas de Stäel

Por: Guillermo Cóbena

  

Objetividad, subjetividad. En el primero caso tenemos plena consciencia de la aplicación de la técnica, desde el condicionamiento mismo de la percepción; buscamos la mayor fidelidad posible con la imagen comparable, afín al otro, por tanto, supuestamente, más universal en sus formas. En el segundo caso, un control relativo de los impulsos sub e inconscientes, a por una revelación en el plano de lo, hasta entonces, ininteligible; por influjo, digamos, de ciertos rasgos esenciales del objeto evocador.

Aquí entran en cuestión los modos con que desde la natural percepción, individual, se llega a la aproximación de un significado… y un signo, al cabo, de misterio transmisible.
La obra de Nicolas de Staël provoca respecto de esto y mucho más…
 

 

Complejidad, en vez de complicación. Sencillez, en lugar de simpleza. Cada primera categoría arriesga perderse en su par. El balance tiene lugar a través de una aceptación dificultosa, salvo contadas excepciones: percepciones iluminadas, luego luminosas. Implica aceptación del propio talento, que compromete a su vez, reconocer los modos en que se manifiesta, condicionando, incluso, la visión con que se abre, liberadora (!), la disposición a inquietar, perturbar, desde la habitual identificación de los entes, la comprensión de los fenómenos, así como desde la interpretación que estos acarrean.
A menudo parece indispensable tropezar para evitar después repetir el mal paso. Pero el talento (robusto y curtido) empuja, también, a veces, por la vía del accidente a las cuestiones hondas. Requiere, por tanto, de más, otra forma de adiestramiento. Otra experiencia.

 


Aquí, el Barón Nicolaï Vladimirovitch Staël Von Holstein. Exiliado. Y meses antes de que cumpliera los cuatro años, la Revolución Rusa y el fin de tanto más…
Aquí, el espeso impasto. Con él se obstina en lienzos y, a falta de medios, en sábanas. Pinta, sigue pintando y así continúa al margen de la memoria de su pareja, muerta de pronto en esa misma escasez. Asombra y conecta con la vida violentamente: uno y otro y más rounds, él, también de paso por la Légion Étrangère.
Ataca el plano y evoca a partir de él. Una suerte de juicio fundamental: hace evidente, más aún, delata toda intención de representación con el color. Revela frágil, mil veces, la realidad (compleja, multidimensional), si confundimos la majestuosa indiferencia de los grandes ciclos con un destino, si obviamos las diferencias con nuestra escala y caemos en afectación: presumir alguna propiedad sobre minutos, horas; si jugamos a recrear para nosotros una realidad y hacemos de la memoria otro mundo, si soñamos despiertos y confundimos la tierra en que damos de veras nuestros pasos.

 

 

Más de mil quinientos cuadros en catorce años. Por supuesto, hay de lo que más suma por cuestionar hondo, y de lo que menos…, por menos.
Mas en todos los casos, esa huella suya: intensidad. Marca clara de empasto espeso, grueso. Como si también hubiese tratado de dejar de sí algo vivo, materia incontrovertible en las telas. En la tierra… Tentar así una pertenencia, una patria…
Ámbito, gente. Espíritu. Vida…
 

 

Detengámonos en dos relaciones: objetividad y no-objetividad; luego, figuración y abstracción:
En la primera, el afán por revelar el sentido de la cuestión, que entraña la propia realidad representada, versus la negación alucinada, juego estético como vía que ciertamente abre la posibilidad a dar quizá con alguna cuestión interesante, pero remota. (En estos cuadros, el tenaz uso de la brocha y la paleta dado a afirmar, enfrentando la duda, multiplicándola [!]: por cuanto comprender y cuanto representar…)
En cuanto a la segunda relación, cuestionar a partir de la esencia o la alusión del objeto representado, versus prescindir de toda figuración, acaso en una suerte de vuelo libre, obviando, evadiendo y tomando rumbo contrario a las referencias que aproximan o evocan la realidad preconcebida. (En estos cuadros, tenaz uso de la brocha y la paleta dado a afirmar algo propio, íntimo: un deseo. Imposible sino a través de la consciencia de su carencia.)
Emerge una potencia nueva: la del conflicto por todo o nada

 


En la configuración de la imagen, que tanto debe a la influencia de los maestros holandeses, a varios contemporáneos, a la poesía de Char, su amigo, Nicolas va a la lucha por afirmar sus afectos, al menos en la ficción; su esperanza de posesión. La violencia inocente del trazo delata, no obstante, su permanente temor a la pérdida, el horror del desarraigo.
A lo suyo, al modo, le llamaron tachismo… Término simple, demasiado.
Lo que hay es flama en el color, al que sigue un silencio que abruma de ecos.
Su pintura es también como un disparo.
 


Hay más. Una emotividad que se desplaza una y otra vez de adentro afuera del lienzo… Todo o nada: entre los rasgos que entraña el conocimiento afectuoso, pleno, y la prisa, el desespero del amante que, no obstante, ha sabido besar de inmediato el alma de su objeto; entre la persistencia y la resignación, la lucha por aceptar, así como los dones con que cuestionan los cuadros, la imposibilidad de lograr más… y nada más, un único sí…
De Stäel logra una conciliación a través del diálogo con la tradición, nutriéndose de lo contemporáneo, moviéndose de lo programático al jazz, por ejemplo, con todas las artes a su disposición, tentando la esencia misma, entre pasado y presente, en pos de una posibilidad  de perdurar; es decir, no-tiempo, quizá.
Persiste. Porfía. Es humano. Anda, tropieza, se hunde. Deja huella.
 
 


Apuntalar una patria que ni allá ni aquí, puro anhelo, donde quepa y otra mirada la acepte. Una patria universal.
Le fue imposible evitar, no obstante, la vía dolorosa de la conciencia: saber que se rompe así aquella vieja concepción del tiempo dividido en ciclos, amparador, de idas y vueltas, para cambiarla por la lineal, propia de Occidente, derivada –machaco– de la entrega al fruto del Árbol de la ciencia... y del crimen de Caín.
 

 

Entrega en lugar de sacrificio…
De modo que en determinado momento fue demasiado para Nicolas y la ecuación, con un cambio de signo, se deshizo y le deshizo…
Lejos ya de la pobreza, con un estudio amplio, el autor multiplicó su «producción»; se elevó, además, a través, seguramente, de cierta plenitud (equilibrio entre pretensión tornada en propósito y obtención de un goce pacificador, a partir del desprendimiento). Pero cabe suponer que con el mejoramiento de las condiciones en que vivía y gracias a las cuales soñaba más cerca sus auténticos deseos, se suscitara por fuerza, en su interior, el agrio padecer del desengaño…
 
 

Tragedia, humanidad. Solo se desea lo que no se posee. Por otro lado, se pretende despreciar lo que no da la talla a la visión del propio amor. Entonces, la caída, por mezquindad, es inevitable. Y es que medir, llevar la cuenta implican sacrificio, fines; no entrega.

Fue el suicidio, y una obra incompleta. La tentación de imaginar por él otras posibilidades, ya sin ecos…




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