Posesiones, y drama: Diálogo con Lëya Smith

Con: Juan Pablo Torres Muñiz
 
A través de las imágenes, ventanas, como tras el rastro de un perfume…, de una esencia en particular.
No es muy común un balance así: algo de fresca consistencia, fiera; y algo, también, de llaga abierta: Fragilidad blandida como haz de luces. Palidez  de hoja virgen dispuesta al rito, sacrificio en tinta. Sangre. Y risas (!).
Cómo no iba a llamarme la atención, Lëya… Llamado de los bosques y el rojo encendido de la melena…
–De modo que te escribí. Y, desconfiada, igual te reíste…
 

 

Se trata de otra perspectiva: identidad, personae, imagen, comunicación, digamos, pero desde la piel; antes de la edición del fotógrafo, del acabado del pintor, de la última venia del director. Rebelde, además, por otro lado, de la sombra de Lilith…
Y una historia personal…
–Te pregunté, entonces, cómo llegaste a establecerte…
 
Comencé a trabajar como modelo por pura suerte, hace tres años, en 2012…
Sucedió que fui víctima de un duro asalto. El trauma me hizo perder mucho peso, y esto, por supuesto, derivó en otros problemas de salud, grandes. Sentía que… no podía poseer mi propio cuerpo, que no lo controlaba.
Después de un tiempo, fui incapaz de reconocerme a mi misma. Pasé tres meses en ese estado. Al cabo, decidí encontrar una solución: Enfrentar mi imagen, mi cuerpo; se me ocurrió: A través de la fotografía. Me puse en contacto con un artista cuyo trabajo me encantaba, Manu B., y le conté toda mi historia.
Este encuentro me llevó a mi primera sesión. Fue un asunto personal, para propósitos terapéuticos…

 

Finalmente la sesión… fue como un exorcismo, una emancipación, un primer vuelo. Las fotos hablaban mucho y fuerte sin otro tipo de discursos. Hablaban de todo lo que necesitaba decir cuando yo misma no podía articular palabras. Durante estas primeras horas, recobré el control, ya no era esclava de un cuerpo roto; era mi carne controlada por mi mente; no más dolor, o llanto. Se había convertido en un medio.
 

 

Hubo un fin, ya entonces. Se establece en términos sencillos, la diferencia entre contar con una propuesta y ofrecerla, y mero producir…

 

Tomé la decisión de publicar estas fotos, pese a que al principio quería conservarlas solo para mí. Y a partir de entonces fue que realmente todo comenzó… Otros fotógrafos me contactaron para sesiones. Como la experiencia había sido tan positiva y útil, decidí continuar en este camino.
Hoy, esta actividad se ha convertido no solo en una auténtica pasión es mi trabajo profesional y, sobre todo, un real estilo de vida.

 

 

Lëya bromea. Obliga, aguda, a tomarla siempre muy en serio. Su compromiso, que la expone, que traduce la elocuencia de sus gestos a niveles distintos de su personaje.
De viaje en viaje, el resto del diálogo iba quedando en suspenso. Surgió, entre tanto, una oportunidad diferente: observarla a través de sus palabras en redes sociales. Y no anda ella en silencio, precisamente. De modo que leí críticas, comentarios de lo más serios sobre diversas noticias. Anuncios de su trabajo. Saludos. Quejas contra los idiotas esos de la censura hipócrita. Asomos de tratos para presentarse aquí, allá, al cabo de un par de meses, y para nuevas fotografías… 
–Te imaginaba eligiendo. Me preguntaba al respecto…

 

Tengo dos formas diferentes de escoger los proyectos. La primera: el fotógrafo me contacta, me describe su idea, nos encontramos y nos ponemos de acuerdo sobre detalles. Si me gusta el proyecto, la persona, y estamos de acuerdo en los términos, pues acepto la proposición. La segunda es que me guste el trabajo de alguien; podría ser el caso que doy con un nuevo artista. Es muy importante para mi el disfrutar de la forma en que juega con lo estético.: su visión. Entonces me comunico con el fotógrafo. Siempre le temo al rechazo; eso me exige algo de coraje. Envío mi Portafolio, esperando que el artista tenga también un gusto por mí; y si es así, hablamos de lo que podemos hacer juntos. Lo más importante es que se dé ese sentimiento mutuo. Además, no puedo trabajar con alguien que personalmente no me agrada: las sesiones fotográficas son frías, aburridas, nada placenteras, lo que al cabo se refleja en las fotografías. Para ser directa: prefiero trabajar con un artista que se me haga real.
Buena parte de las llamadas fotografías comerciales, carecen, en mi opinión de un mínimo enfoque artístico… Esa clase de proyecto, desde luego, no me interesa.

 

  
Si hablamos de lo comercial, nos referimos, por tanto al público, a la apreciación popular… y al consumo.
Hoy parece haber público para todo. Se atenúa por momentos la distinción entre contemplación y reflexión, de un lado, y consumo y hasta decoración, por otro…
¿De qué forma intervienes en la misma sesión y luego en la edición del material para que este sea de tu gusto?
 
Durante la sesión, claro, me adapto al deseo del fotógrafo. El es el que indica el camino para posar. O, lo opuesto: me deja total libertad, cual es el caso a menudo. Como una regla de oro, así entiendo rápidamente lo que se espera de mí, porque, pues en la mayoría de casos ya conozco bien el trabajo del artista; he explorado su universo antes de la sesión. Entonces actúo y me pongo en la piel de diferentes personajes que corresponden a las expectativas de el ojo que me observa. Trato de descifrar cómo es que el otro me percibe a través de la cámara y esa la clave para que opere la magia: con una mezcla de mi propia personalidad y la creatividad y habilidad de la persona para la cual poso.
 
 

 

Una vez que las fotografías han sido tomadas, rara vez participo más.
Puedo vetar la fotografía que realmente me desagrade. Pero casi nunca ejerzo esta potestad porque sé que observo en desventaja: es mi subjetividad la que habla, que otros pueden percibir de manera diferente la misma imagen, y que el interés artístico por una fotografía no reside necesariamente en la estética de la modelo.
En la mayoría de casos es en realidad el fotógrafo quien escoge las imágenes con que se quedará. Las edita con su propio Know-How, e intenciones, y me envía los resultados que entonces tengo la sorpresa y el placer de descubrir.
Rara vez me decepciono.
 

 

 

Me parece distinguir una línea. Define acaso tus predilecciones. Y refracta,  por tanto, un perfil del artista que eliges para retratarte. TensiónDrama. Determinantes, siempre, de intensidad.
Hace un momento hablamos de la violencia, que derivó de algún modo en tu trabajo. Pero el control necesario en las interpretaciones para las capturas, proviene de más allá, me parece…
Aprendizaje. Carácter…

 
Cuando estaba en la secundaria, llevé lecciones de actuación. Siempre ha sido y será una de mis mayores pasiones. Esto y pintar.
Nunca me he sentido más en calma que cuando estoy en el escenario. De echo siempre he vivido al máximo mis emociones… sin ser capaz de dominarlas del todo. Recientemente me diagnosticaron Trastorno de Personalidad Límite. Obviamente tiene muchos lados malos, pero también algunos buenos. La gente que sufre este trastorno es, digamos, hipersensible a ciertos estímulos. Cualquier emoción, como multiplicado por diez… Cuando estoy feliz estoy por encima de mi cabeza, cuando estoy en duda: la mente sinfín sobrecargada. Cuando estoy triste, un pedazo de mi alma rota; y cuando sufro, con tal dolor que haría cualquier cosa para que este se detenga…
 

 

(… Cuánto de esto dicho, de veras se trasluce me digo. El propio músculo, del discurso. La tensión y/o la placidez, ambas de adolescencia, cada cual según el caso por enfoque, de acuerdo a la visión.
De manera que ciertos instantes vibran, independientemente de la calidad de la fotografía. Momentos de la propia Lëya…
No, eso no es muy común…)
 

 … En mi rutina diaria, no es tan agradable, pero en el escenario o al frente de la cámara, es un gran beneficio. Gracias a mi trabajo en el teatro he aprendido como canalizar mis emociones: dejarlas ir al tiempo que, digamos, son necesitadas…

 
Oportunidad…

 
… Vivo con ellas, las vivo a tal intensidad y seriedad que a menudo ha de ser muy evidente… 
Desde que entendí que podía transmitir todo eso hacia el público, en el teatro…, durante un show de estriptis Neo-Burlesque, o a través de la fotografía, trabajo en ello, pues me parece que lo fundamental de cualquier arte es lograr una profunda transmisión de emociones.

 

 

Digresiones…
Un hombre es capaz de destruir lo cercano, íntimo y cálido, lo concreto y sencillo por una idea, un sueño, una posibilidad de trascender su tiempo, su momento y su espacio; es capaz de matar, claro que sí…
Una mujer es capaz de cortar sus propias alas y destruir su propio futuro, sus posibilidades…, por la plenitud del momento perfecto en que se hace inmortal, sí, por la entrega plena de calidez –hasta hacerlo arder todo; y por ello es capaz también de cortar alas ajenas… Castrar, suele decirse.
En ambos casos, la pretensión de ser y prevalecer. Por sobre los momentos de auténtica entrega, de solo dar…, como una amenaza derivada de querer, de desear, determinar y acabar con todo…
En fin, volviendo bosque y melena roja
¿Cuáles son tus fotografías preferidas?
 
Es muy difícil para mí, escoger…
Cada artista con el que trabajo posee un universo diferente y es esta misma diversidad la que me gusta. Amo actuar e integrar sus mundos. Cada sesión tiene algo que ofrecer y la relación que tengo con la persona que hace las capturas, obviamente afectará en buena medida la apreciación que tenga del resultado final. Por más que me gusten las fotos de sesiones improvisadas, en que la mayor parte de la creación se basa en el mismo modo en que la sesión se desarrolla, en una emoción compartida, en instinto, sin intenciones predeterminadas; como en esas otras realizaciones en que un equipo completo está ahí para obtener un resultado a partir de elementos perfectamente planificados: tema, escenario, maquillaje, peinado; un estilo…; me gusta trabajar lo-más-posible, sea en un estudio o exteriores, con fotógrafos principiantes o experimentados…
 
Entiendo: variedad
 

  

Si das una mirada al sitio Web de cada artista con que he trabajado, verás que comparar sus creaciones podría resultar vano, ¡tan variadas son! Por lo tanto, sí, escoger mi mejor imagen me es a mí casi imposible…
Ahora bien, dicho esto; a partir de algo puramente afectivo, una de mis fotos más significativas es una tomada en mi primera sesión fotográfica. Estaba a penas comenzando a desvestirme en todos los sentidos del término… La encuentro no solamente hermosa, sino también bastante conmovedora.
 
(El drama…, Lëya…)

… Desafortunadamente, nunca fue seleccionada por el fotógrafo y no fue publicada. Permanece como… mi pequeño secreto…

 

En fin…



(Traducción de Roberto Zeballos y Juan Pablo Torres Muñiz)

 

 
 

2 comentarios

  1. Fascinante, y la perspectiva de esa mujer fantástica!

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