Todos, y uno mismo: Diálogo con Jhonathan Quezada

Con: Guillermo Cóbena

  

El silencio compartido es grato si se ofrece fértil en la contemplación. Asunto de confianza. En caso se plantee una cuestión, la respuesta de la otra parte revelará mucho más que un eco común, una voz propia, honesta.

Doscientos un retratos, esa es la idea de esta muestra. Doscientos uno sin sucesión ni individualidades; un mundo breve: una gran ventana que, dividida en celdas como las de un panal, se preste a variedad de interpretaciones acerca de un posible nosotros: hombres y mujeres. Y a la vez, pues de nadie más que del mismo Jhonathan…
 
 

Has empezado con la serie hace no mucho.
Hace un tiempo, recuerdo, dijiste que para ti, una ilustración es una imagen que acompaña y adorna un libro, otro texto, una palabra…
 
Bajo esta acepción, claro que no hago ilustración.
El proceso pictórico es lo que importa en mi trabajo, la obra existe en la ejecución, una vez terminada se convierte en un producto, es el acto mismo de pintar lo que me interesa, el resultado es un nombre. Encasillamiento.
 
 
La labor, dices… ¿Qué preguntas te importan sobre ella?
 
Las que tratan del proceso… Pero eso nos llevaría obligatoriamente a hablar de color, textura, forma…, del gesto en la aplicación del pigmento, la influencia exterior, etcétera.
Hablar y hablar.
 
(La mano va a la copa…
Las frases, oraciones, entendido el asunto de la experiencia, del mismo proceso, en efecto, pueden resultar… como una estela, apenas; pobres notas, si no portan un alma propia. Cabe, por ello:)
Tus pinturas, como producto, digamos, dicen lo suyo con suficiencia, transparentan esa historia, que, como todo proceso de formación, implica violencia. Pero hay algo antes –como antes de la gran poesía, bien dice Auden, hay grandes silencios
¿Qué fuentes que no corresponden a la pintura nutren tu labor?
 
Definitivamente la música es parte esencial en el momento de creación, en el caso de los rostros, todos sin excepción los pinté escuchando a Vic Chesnutt; si oyen sus temas y contemplan mis rostros verán que andan, digamos, afinados. A veces me gusta pensar que soy un músico que aprendió a tocar con colores…
 
 
Lo contrario de nuestra amada Joni Mitchell, que decía de sí misma que era una pintora desviada por las circunstancias
 
Otra fuente externa: el cine y la televisión y, por supuesto, todas las imágenes con que doy… y me tropiezo en Internet.
 
 
Sobra hablar de la accesibilidad, hoy, de las nuevas posibilidades de encuentros; pero si atendemos a la proporción de auténticos diálogos entre los miles de roces, choques ligeros y tropiezos, el asunto pinta diferente…
¿De qué manera dialoga tu trabajo con sus fuentes, por ejemplo?
 
Ves mi pintura y las intuyes. Pero no se hacen concretas; son acercamientos. Son ideas desvaneciéndose…
 
Al concretarse al óleo…
 
… sí, como humo de cigarro. Dejan, me imagino, un tufo a condena, a herida por curar…; una sensación abstracta…
 
(Los hombres compartimos…, ¿solo dolor…? Ciertamente, si se tratarse solo de sufrimiento sería patético.
¿No cuentan acaso otras emociones?
A lo mejor el problema radica en qué entendemos comúnmente por dolor
Correr en busca de un amigo para decirle hey, mira: ¡esto es hermoso!, ¿no va de dolor?…
Por ahí se oye estamos terriblemente vivos. Eso y que hay bellezas insoportables…)
 
 
¿Por qué rostros y no otra parte del cuerpo?
 
La decisión surgió espontáneamente.
Es la parte del cuerpo que tiene más expresión; cambia radicalmente con un leve movimiento. En el rostro puedes reconocer estados de ánimo y traducirlos de infinidad de modos a través del color.
En el rostro… el reconocimiento es casi inmediato.
 
(Cada cambio pauta el tiempo. A menudo, la duración de la escena, su proyección y el modo en que se prolongan tácitamente sus efectos, se debe a una sola sensación, la que, al cabo, determina la memoria del momento.
Hay historias planteadas más allá de la simple sucesión, como un juego de alternativas equidistantes al observador, en una suerte de retablo. Hay de las que refieren a un misterio  subterráneo, al trazo sinuoso de un viaje alucinado… por una especie de gusano sagrado.)
 
 
¿Qué hay del desplazamiento, del tiempo en tu pintura?
 
Cuando el proceso es lo más importante, el movimiento cobra especial interés a través del gesto: Automático, expresivo, descontrolado. Hasta que gesto pictórico y gesto de rostro se confunden… cuerpo y tiempo luchan por no apagarse…

Siendo que así todo muta, ¿qué ocurre con el conjunto de personae, con la persona sola, con la identidad…?
 
Una palabra para estos…
 
Como una clave sin inflamadas pretensiones…
 
… Humanidad.
 
 
¿Y qué me dices de la nuca?
 
No, nunca.
 
Es una retirada…
 
No recuerdo la fuente, pero una vez leí que el rostro de los valientes es cada uno particular, la cobardía tiene uno solo…
 
(El héroe se debe a su proceder. Se erige en protagonista de su tragedia particular…
El mundo es lo que es –citando a Naipaul–, pero en él, siempre hay hombres que se permiten no ser nada
¿De quiénes son estos rostros?)
 
 
Enfrentamientos. Solo es posible darse a ellos con un discurso propio…
 
No encuentro contradicciones en la serie de rostros; probablemente sea lo más honesto que he pintado hasta ahora.
 
 
Concisión con la palabra… ¿Por más… o por menos seguridad que con la pintura?
¿Qué hay de la libertad en este sentido?
 
Siento que la palabra no me basta para explicar sensaciones, sentimientos, estados; asumo, porque no es el medio en que mejor me desenvuelvo. Simplemente. En definitiva, la libertad que me da la pintura es superior: en mis cuadros alcanzo a crear sensaciones por medio del color que se acerquen más a esos estados de otro modo, para mí, indescriptibles, intraducibles.
 
 
Reconocer un impulso, una sensación, y pintar a través de esta. Como preparar una bomba-ventana…
 
El tamaño varía según el estilo, serie o tendencia. Por ejemplo, en los abstractos prefiero una dimensión grande, en los “paisajes” una mediana, en el caso de los dibujos a tinta, prefiero dimensiones pequeñas y en el caso de los rostros… a las circunstancias, condiciones, por ejemplo, al material existente, concretamente al óleo que se tenga en el momento. Se produce una lucha constante entre querer pintar un cuadro de dimensiones medianas o grandes o pintar tres de dimensiones pequeñas…
Todo pintor que a veces carece de materiales sabe que esta sensación concreta sí que atormenta: Cada pincelada es menos (material) cada rastro que se deja con la espátula es un acercamiento a un nuevo vacío.
He dejado de pintar series por semanas para que no se acaben los colores, he preferido comprar material en vez de hacer  gastos básicos como comida, transporte, vestido, etcétera.

 

 
Pero, como bien has dicho, las circunstancias constituyen también, condición de y para la expresión. El asunto se configura a partir del rostro retratado y también de ti mismo al intervenir; del mismo modo, con el no-tiempo de tu contemplación y con no-tiempo, con sus propias condiciones, del modelo…
Comunicación.
Vamos por otro lado: ¿Qué hay del intercambio con otros artistas?
 
Hasta hace poco: no…, hasta que di con los retratos de Cyril Caine, fotógrafo y cineasta francés, y se me ocurrió contactarme con él para ver si podía pintar algunos retratos a partir de sus imágenes; ahora estoy en ese ejercicio y me resulta sorprendente la diferencia para mi proceso…
 
 
Antes de esto la comunicación era nula, imagino, porque no encontraba afinidades suficientes con otro artista que, digamos, me llevaran a acercármele.
Pero, claro, desde antes (hablábamos de fuentes), sostengo un diálogo con Willem de Kooning, Francis Bacon, Vincent Van Gogh, Servulo Gutierrez, Jean Dubuffet, Edvard Munch… por el mismo idioma, visión: del mundo, las personas y… la belleza…
Ellos…
 
Y cientos de tú aquí en torno nuestro…
 
 

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