Tras el ataque: Diálogo con Emilio Seraquive

Con Juan Pablo Torres Muñiz
 

Resulta más o menos fácil identificar el trabajo de Emilio Seraquive con un ataque. Esto mismo nos plantea la cuestión de cómo es que se lo encaja. Y, luego, pues cómo a menudo se lo encasilla.
El contacto es rápido, violento, pero demora lo suyo en reflejar su verdadero impacto. Como un gancho al torso.
Hablar con el propio autor es como recibir aire aventado con la toalla en la esquina del cuadrilátero. Se agradece.

  

Veredas frías es el nombre de esta propuesta, pero aún no he terminado; sigo alimentando el imaginario que antecede a cada ejercicio plástico con hechos cercanos a mi realidad, reforzando estas mismas ideas previas.

 

  

La pretensión es lograr, en cierta forma, un estado ideal de disposición…, de atención, a decir de Marguerite Yourcenar.

 

Busco cierta poética en el arte mediante el ejercicio artístico de la pintura, el dibujo y la instalación, en cuanto a la construcción de imágenes, el tratamiento de los materiales, colores y texturas.
 
La experiencia de esta invención, este descubrimiento por medio del material, se desarrolla, digamos, en un tiempo fuera del tiempo; cabe que el mismo alcance finalmente al espectador, abstrayéndolo también. (Como hemos dicho varias veces, se trata de comunicación, de un encuentro.)

 

 

Parto de experiencias propias: viajes, y de la vida misma. Pero me interesa sugerir conceptos abstractos como la armonía, la complejidad de la elaboración del pensamiento, el orden a partir del caos, y cuestionar así al llamado hombre contemporáneo.

 
Servir como un prisma. Dejarse atravesar por la luz de la realidad como la percibe uno.
En caso uno conciba una suerte de sentido previo, inherente a esa realidad, supuestamente objetiva, pretenderá entonces hacer de médium.

 
El mundo (espacio) y la actualidad (tiempo) que vivimos siembran incertidumbre.
Para mí el arte debe aportar una mirada esencial ya que es el espacio de mayor libertad que posee el ser humano, con todas sus interrogantes. Mi reto como artista consiste en sintetizar pensamientos y emociones propias a través de la imagen y su lectura desde un sentido metafórico.

 

  

Apelar siempre a la inteligencia –en su multiplicidad de facetas o, si se quiere, incluso, variedad de tipos–, a la sensibilidad. No solamente al instinto, a la sorpresa o la provocación. La elocuencia de la imagen depende siempre de su capacidad alusiva. La atribución de un sentido, el entendimiento, es posible solo a través de una red más amplia; lenguaje y por detrás de este, una suerte de sistema predeterminado; encima, para funcionar como un complejo atravesado, la cultura.
Esto, entre Chomsky y Foucault.

 

El paso del tiempo, los itinerarios agotados, el agotamiento de recursos, la enajenación del hombre por el hombre son asuntos recurrentes en mi obra; nos hablan de una manera errónea de pensar como supuesta especie dominante. Parto de ello; como lineamiento adquiere mayor fuerza a través de su expresión en ejercicios plásticos como la pintura, el dibujo y las instalaciones (campos como extensiones de la pintura y el dibujo, en que aparecen personajes próximos a la realidad, finalmente transfigurados en mi obra).

 

 

La metáfora invita a responder por nuestra parte con una referencia propia, a completar el sentido de la proposición poniendo en juego distintos niveles de comprensión. La transmisión de contenidos por medio de ella refleja el carácter parcial de nuestro conocimiento.
Idea, signo, símbolo e imagen sirven como estaciones radiantes; a través de la conexión que tejemos entre ellas es posible el asombro, resulta factible, incluso, jugar con el humor.

 
Se trata de una introspección, en base a la memoria y a la experiencia vivida; una búsqueda en la materia, desde las posibilidades que esta ofrece por medio del trabajo, y en cuanto a su valor, su significado y al sentido de su transformación.

Desde 2015 utilizo concepciones más contemporáneas, como los ejercicios de apropiación y empleo de memoria colectiva; me ayudan a manipular material  de lo más diverso, en ocasiones encontrado en ese azar. Todo esto ayuda.
Me baso también, por ejemplo, en el trabajo visual de grandes exponentes como Neo Rauch, Takashi Murakami y Cai Guo-Qiang.

Estas que mencionas son bien distintas la una de la otra, por cierto. Hay, sin embargo, una conexión evidente entre ellas, que explica la variedad de sus formas en cada caso: la violenta manifestación de un cambio en el orden esperado, una violencia de lo armónico, no en cuanto a su forma o su sencilla presentación, si no a propósito del significado que se atribuye por consenso a sus símbolos componentes.

 

  

Una rasgadura en la lógica.
Desastre.

Veredas frías va de eso. El desastre cotidiano provocado por el ser humano, representado en imágenes grotescas que caricaturizan el real comportamiento del hombre en un ambiente  debilitado.
Sobre estos seres desequilibrados, un discurso en el que queda de manifiesto la incompetencia del humano, y este es el punto de inicio para el desequilibrio del planeta.
 
La alusión al impulso de negación es quizá demasiado obvia, y como todo lo obvio, grotesco en cierta medida. Se trata de negar la muerte, los ciclos incontrolables.
El miedo es el calor. El miedo es la primera señal de vida.
Primero el grito, el llanto, que nos han arrebatado de la plenitud. El tiempo se desgarra en lenguaje. Dolor, consciencia y sufrimiento. La condición humana.
El miedo surge del reconocimiento de los propios límites y el inicio de lo demás. Por medio del miedo se configura el mundo.
Y la risa es la fractura del miedo, ilusión. Una suerte de olvido.
Quien más teme, más bromea; quien es más consciente de su miedo, lo hace mejor.

 

  

Por medio de los seres que ves aquí, se pretende enfatizar la crisis existencial del individuo y a la vez se evoca aquella naturaleza destructiva del hombre por el hombre, y del medio en el que habita. Son seres que deambulan por un escenario caótico y claustrofóbico, desértico como su interior mental, sin salida ni conciencia vital…

 
(Pese al empeño de Emilio, incluso a su precisión, los personajes que describe lo llevan a la saga, van siempre varios pasos por delante de sus palabras, como debe ser. Incluso le niegan parte de su faz, como si una vez entre líneas, formas y volúmenes, presos de otro ámbito, ya como material, fuera de la abstracción del sueño, hicieran frente al observador por cuenta propia, aunque no sin delatar sus raíces. Cuestión de toda ficción.)

 
… Hasta los seres más inocentes que deambulan por este mundo están condenados por nuestros errores. El raciocinio ya no es suficiente…, ni siquiera esto vale en tiempos caóticos y dispersos.
Si crees que de veras puedes hacer algo, te engañas; nada es predecible; solo el arte brinda la oportunidad de decir algo sobre tu destino…

 


Afán por extender las posibilidades del entendimiento. Literalmente, de tender más y más líneas, conexiones, más, y más rápidas. De un punto a otro, por medio de esa abstracción que representa, de hecho, el desplazamiento: un valor y un disvalor, complementarios: el código binario.

Pero el tiempo es acaso otra ilusión…
¿Cabe reír?

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