De lejos, de cerca: Sobre Scarlet´s Walk, disco de Tori Amos

Por Katiuska Molina
 
Kerouac lo dijo en alguna ocasión: “Detrás de mí, nada, por delante todo, como siempre pasa en la carretera”. La misma idea parece haber guiado hasta el momento a Tori Amos –estudiante aplicada de Kate Bush, pianista solitaria, con músicos talentosos nada más en torno– a traer de la mano a sus chicas (como llama a sus canciones) a una nueva estación: Scarlet’s Walk.
La antigua niña prodigio del Boys for Pele y Little Earthquakes marca de esta manera un punto de inflexión en su carrera: hubo un antes y ahora, a partir de él, menos misterio, algo menos personal. Menudo riesgo para una figura que se hizo de un lugar, efectivamente, transparentando fragilidad, dolor y coraje personales.

 

 

Este viaje por América arranca como con una escena de David Lynch: de pronto ante nosotros, el personaje, sin más explicación; tienes que reconstruir su pasado y dejarte guiar por el instinto. Aquí Tori nos toca, una vez más con la experiencia personal.
Se nos anuncia el desgarro. La primera parte del disco es potente, marca. Promete.
Vamos. Los Ángeles, inicio del Siglo XXI. Scarlet encuentra a Amber Waves, una actriz porno expectorada por la industria, medio acabada y a merced de los depredadores. Con ella se dirige a Alaska para ver las luces que no se apagan, solo ondean* –aurora borealis.
Scarlet regresa sola a los Ángeles, a los brazos de su supuesta alma gemela. Se reúne con ella para partir rumbos otra vez al norte. Durante el viaje descubren que aquello en que creían, la historia de los dos, no era más que un simple cuento… A Sorta Fairytale.
La aventura continúa para Scarlet, que atraviesa así el mapa entero; ahora con un nuevo ritmo, más atrevido, incluso fresco. Con un nuevo amante. A este lo conoce un miércoles, Wednesday. La falta de confianza entre ellos, finalmente lleva a Scarlet a convertirse en algo que nunca quiso: una mujer posesiva, insegura…, frágil. Así que debe dejarlo ir –mientras sigue sola tarareando una canción de Prince… Oh, América…
Sensual, provocadora, toca Strange. Un nuevo personaje en esta road trip. El encuentro con él lleva a Scarlet a cuestionarse. Claro, sale de una relación por falta de confianza, sigue incompleta, pero ahora que se trata quizá solo de cuerpos, al menos en teoría, debería ir mejor: menos afecto comprometido. Sin embargo, ¿qué buscas? ¿cuándo aprenderás?… Si tengo suficiente amor para ambos, entonces quédate**… ¿Es esto, amor?
Es tan difícil soltar. Es tan fácil mentirse a uno mismo…
Llegado este punto el álbum baja el registro. Pierde intensidad; el pulso afloja. Nos apartamos de la intimidad de Scarlet para ver de más lejos su mundo; mejor dicho, el mundo que Tori concibe para ella. Y es de notar que no es esta una distancia en que la cantautora se luzca de veras: lejos de las sábanas y el drama personal, el planteamiento resulta un tanto difuso; el patetismo con que provocadoramente se nos insta a reconocernos junto a Scarlet, no tiene cabida. La señora Amos apuesta con éxito en cuanto a sonido, pero sacrifica hondura con la lírica. Bosqueja apenas, siluetas desajustadas. Una serie de maquetas efectivas, de evocación equívoca.
Terreno inseguro. No existe instinto colectivo. El paso pierde firmeza. Los coros no refieren fantasma alguno, ni leyendas; acompañan de modo más convencional.
Tori sabe decir lo suyo de sí misma, de la mujer y de la pasión personal, pero a gran escala el drama se le va de las manos, la excede. A este nivel, lo social y lo político no coinciden necesariamente ni con lo místico ni con lo espiritual. Felizmente, cada que Tori pone de sí esto, su dolor, en un lamento o en una oración, por lo general en temas a capela, conmueve, te toca. Así, a Carbon, Crazy, Dont Make Come to Vegas, Sweet Sangria, Your Cloud y Pancake, la parte geográfica del disco, conque se trata de conectar por medio de diferentes personajes con USA, sucede, notable, Wampun Prayer.

 

Seguimos viaje. Esta vez a New York.
Caen las torres gemelas. Caos. Bruma. Y un nuevo comienzo, quizás. I Can’t See New York es testimonio, en efecto, de una experiencia atroz, sí, en el lugar de los hechos.
Mrs. Jesus la ayuda a alcanzar su siguiente paradero. Se convence que aún queda algo para ella en el camino… Quizá continuar con la lucha, pero ¿contra qué? ¿Es que faltan causas? No, para nada. Religión, conservadurismo, patriarcado…; en realidad sobran. El asunto es cómo.
Hay una fuerte carga de patetismo, pero es del que nos conecta y cuestiona. El sonido es menos sofisticado.
Al llegar a una nueva ciudad, Scarlet se entera que un entrañable amigo gay ha fallecido. Taxi Ride la lleva a reencontrarse con él por última vez, tan solo para darse cuenta de que la traición existe aun después de la muerte y de que, como dice, hasta una perra glamorosa puede sentir necesidad***.

A continuación Scarlet se ve desdoblada en su fe y su deseo; descubre así –con Another girl’s Paradise– una verdad amarga que yacía ante sus ojos desde el principio: las mujeres no pueden desearse le bien desinteresadamente; no hay auténtica paridad entre ellas. De manera que somos todos hermanos en soledad.
Lo que cuenta es la experiencia del camino; más que el destino, las ítacas. O para continuar con el espíritu propio de este viaje, al menos en pretensión, siguiendo a Thompson: “Hazte del ticket, disfruta el viaje”. Scarlet’s Walk

 

 

Descorazonada, Scarlet llega a Virginia. Los nativos a los que les arrebataron sus tierras viven como extraños en su propio país. El desplazamiento ha sido espiritual, humano. Somos barridos. Pero esto se siente en cada corazón.
Parece que no hay futuro, y los Estados Unidos de Tori Amos bien podría ser cualquier otro país.
Vamos, venimos, volvemos, nos perdemos. Civilizaciones desaparecen, amores cambian, algunos mueren. Lo único que queda es polvo que rueda. Gold Dust, en nuestras manos.

 

 

Hasta el momento, este el único álbum conceptual de la artista. No convence del todo, pero sorprende; por momentos asombra. Tori se luce bajo las formas que domina. El problema va en el riesgo: conectar diferentes canciones por medio de un tema general más allá del drama individual, de la situación dolorosa irrepetible y el cambio de registro que hacerlo requiere.
La panorámica no es lo suyo, el paisaje exterior. Lo suyo es el hogar, aunque roto, las entrañas. Su afán por abarcar parte de una nación la pierde. Nos desconectamos durante el disfuerzo, idos con las notas de coros remotos. Confunde identidad con floclore y los personajes de los temas de la parte central del disco lucen como un pretexto.
Mejor conectarnos en el dolor. A fin de cuentas, de eso se trata la vida. De andar, de hacer camino…
Veamos qué viene.




*Los asteriscos refieren a citas traducidas de cada canción.



3 comentarios

  1. Es impresionante. Qué buen artículo! Por fin una página con crítica musical que no dice solo si algo es o no suficientemente cool.

  2. I like this post, enjoyed this one regards for posting.

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