Contemplaciones (a través de los signos): Diálogo con Hildy Maze

Con Juan Pablo Torres Muñiz


La forma. Las formas. Se trata de conjuntos de líneas que determinan la base, el contorno, el volumen de las cosas. Límites. Diferencian, distinguen. Separan. Y hacen del objeto, el que es. Más o menos como los nombres. Corresponden al conjunto de características que hacen de una acción, de un proceso o de un fenómeno, diferente cada vez que se desarrolla, o diferente según el sujeto o agente que lo lleva a cabo.

Tenemos, por tanto, que el cuerpo tiene en sí mismo una forma, y que hay formas de cuerpos. Lo mismo que formas de ver…
Hildy comparte la suya propia.

 
Hace años, un amigo me envió El Corazón de los Yoga Sutra. “La forma es vacío, el vacío es forma”. Leer este texto cambió mi vida. En una semana me puse a estudiar y a practicar meditación. Chogyam Trungpa, maestro en meditación budista tibetana y artista, se convirtió en mi guía. Fui instruida para aprender a explorar la naturaleza y hacerla una experiencia personal atravesando las regiones oscuras del pensamiento, nuestros pensamientos y emociones ambiguas.

 

 

Mi práctica de arte contemplativo abstracto se basa completamente en esta comprensión. Que el arte surge de una profunda conexión entre la mente y el corazón. En otras palabras, por medio de una representación de la conciencia sin codicia visual. Comenzar de la incertidumbre, sin tener puntos de referencia en particular.
 
Desde el límite mismo del lenguaje. Abstraídos, lo más posible, de la forma de uno mismo…
¿Qué hay detrás de este afán de obviar las fronteras, y qué detrás del de inventar otras nuevas, jugar a descubrirlas, incluso? ¿En qué medida la abstracción implica de veras una postergación de la noción de cuerpo, y más aún de la de carne?
 

 

¿Qué parte de nosotros penetra en el silencio para refractar la luz del exterior, lo que se suele llamar inspiración?
Finalmente, ¿en qué medida este afán de atravesar los límites, no refleja, simplemente, nuestra obstinación por negar la propia mortalidad?
 
Mi trabajo es dirigido por mi deseo de indagar en la mente a través del arte. Ninguno de nosotros puede escapar al hábito de proyectar pensamientos y conceptos en la realidad misma, en lo que los budistas llamarían “percepción pura”, pero a través de la conciencia de nuestros sesgos internos profundamente arraigados, podemos abrir nuevas ventanas a nuestra mente. Por otro lado, cuando la mente está ocupada en emociones descontroladas y creencias erráticas no podemos ver claramente; es como tratar de ver a través de una ventana sucia.
Con este enfoque contemplativo, mi trabajo implica un intento de describir visualmente estos mismos velos, los eclipses que generan, usando tanto mi experiencia personal como mi experiencia con meditación. 

Comunicación.

Con lo que retornamos al asunto del conocimiento en relación con el supuesto abandono fuera de sus márgenes, de su forma.
 

 

¿Existe para nosotros algo fuera del texto, fuera de la red del lenguaje, y en ese supuesto ámbito, alguna forma o sentido?
Lo que no está en el lenguaje, no existe, es la nada. Lo que no nos impide suponer que esa misma nada –inimaginable, por cierto– lo sea solo para nosotros y que exista, por tanto, algo distinto al margen del lenguaje y, por ende, fuera de nuestra realidad. Donde empieza la fe. En lo imposible, en la completa ausencia de razones.
 

 

Al ahondar bajo la turbulencia de pensamientos, podemos descubrir en nosotros una amplitud detrás de toda la discursividad, los cambios y las muertes en el mundo.
Yo veo este como el acto más rebelde de todos, carga consigo un enorme impacto social; es inconformismo puro por vislumbrar aquella amplitud.
Esencialmente, mi trabajo tienta la vacía, clara e incondicional naturaleza mental que todos tenemos. Cuando conozcamos la naturaleza de nuestra mente, conoceremos la naturaleza de nuestro mundo.
 

 

Parafraseando a Chéjov: Para provocar un verdadero cambio en el hombre hay que exponerlo tal cual es. Así se lo enfrenta consigo mismo, se lo cuestiona.
Pero ¿cuál de todas las visiones posibles exponer?; es más, ¿las de qué plano o dimensión del hombre? ¿Cómo lograr en este último sentido, transversalidad?
Existen, felizmente, distintas representaciones y, desde luego, distintos lenguajes.

Nuestra mente crea collages de pensamientos y patrones como en un sueño. Si examinamos nuestros pensamientos podemos ver que son piezas fragmentadas, vacías de solidez.
Mi piso de estudio está cubierto de una amplia tapicería de papel pintado, rasgado, envejecido y, con frecuencia, pisado por días, incluso meses. Esto favorece al proceso de creación dándole vida con espontaneidad e impredictibilidad.
He descubierto una terrenal, manual y escabrosa forma de trabajar, empleando piezas maduras, arrancadas de otro conjunto, incorporadas luego, cuidadosamente, en otro, como dibujos y pinturas originales.

 

 

Le inventamos un sentido a esto a que nos vemos arrojados entre el nacimiento y la muerte –ambos, por cierto, hechos incontrovertibles, ilógicos e irracionales–. Escribimos. Así, nuestra historia, nuestra vida…
Antes hiciste referencia a la naturaleza, a la realidad. En efecto, al hablar de lo real, de la realización de algo, de hacerlo real, reconocemos que no nos basta ser, solamente; ni solo actuar. De esto último surge la base dual: cero (0) y uno (1); Yin y Yang; objeto (centro) y metáfora (proyección); Tĕhôm –Tiâmat– y Elhoim; vientre y falo. Etcétera…

 

 

Encontrar el pedazo exacto de papel, como serendipia, se siente como encontrar un tesoro: el color particular, la textura que funcionará de alguna manera en una pieza de un rompecabezas aún incompleto. Este proceso de invitar hechos no previstos y encontrar lo inesperado me ayuda a evitar dependencia de ideas preconcebidas. El tratamiento del papel importa también; dependiendo del paso del tiempo y de la luz, adopta nuevas características y, por tanto, cierta calidad de impermanencia.
Así, cada cosa, de otra forma ordinaria e insignificante, se torna especial. Una huella digital, una arruga, una rasgadura, un goteo o una lágrima se convierten en textura y lenguaje.

 

 

Signar. Designar. Asignar. Lo primero consiste en hacer el signo, la marca; lo segundo, en atribuir a alguien o a algo un cargo, un peso: el de un signo; finalmente, lo tercero refiere a señalar lo que le corresponde a una cosa o a un sujeto.
En todos los casos, la correspondencia se debe a un aprendizaje  previo, pero antes de este, a la especial disposición, humana, esencial para la especie, de emplear un lenguaje articulado complejo. Clave del entendimiento.
He aquí, en estos cuadros, la marca del cuerpo, más: de la carne…

 

 

Las obras viven, también, gracias a los títulos cuidadosamente escogidos para ellas. Invitan a los espectadores a moverse más allá de los límites de la imagen en una consideración más contemplativa de la mente en relación al fenómeno que consideramos realidad objetiva.
 

Empleamos las palabras, pero estas, a su vez, nos definen; se nos ofrecen antes de que podamos tan siquiera soñar con nuevos sonidos qué preñar de nuevos significados, referentes a cosas nuevas de verdad.

  

  
Pensamos porque escribimos, y escribimos, es decir, articulamos nuestras ideas en un lenguaje común, aun cuando no sepamos portar adecuadamente un lápiz.
Inventamos, no creamos de la nada.

 
Esencialmente veo mi trabajo como una indagación en evolución. Continúo viviendo, haciendo arte y estudiando los principios de la filosofía contemplativa budista, en permanente búsqueda, como limpiando el polvo de las ventanas para poder ver el mundo y a mí misma más clara y precisamente, con menos agresividad, más ecuanimidad y mejor humor.
  

En la Biblia, es con la palabra que vino la luz. “Dijo Dios…”, empieza la cita. Así, con la palabra, la luz y, con esta, claro, el orden, que explica cada trazo. En un silencio elocuente.

 
 
(Traducción de Katiuska Molina.)
 
 

Un comentario

  1. Me explotó la cecera! Qué bárbaro!

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