Forma en fuga: Diálogo con Jerome Oudot Trëz

Con Juan Pablo Torres Muñiz
 
… Esta disposición, en todo caso, consiste primero en una especie de vaciamiento. Pero ¿de qué? ¿Y qué queda, una vez se ha logrado remover lo que antes ocupara la consciencia? ¿Tiene nombre –y, por tanto, es cognoscible– ese límite desde el cual se produce la obra?
Sí, uno actúa conscientemente, pero en atención de un aliento que lo atraviesa, aunque sesgado por la percepción y el conocimiento previo, al margen aún, en buena medida, del deseo.
¿Qué dicen al respecto los rostros y las formas de Jerome? ¿Qué nos dicen estos sobre la identidad y las estructuras mentales, sobre la cultura, el afuera y el adentro de cada quien?
 

 

No pretendo expresar cosas específicas en mi trabajo. De hecho, soy más un espectador de lo que sucede que un creador que ya sabe a dónde va. Me gusta perderme cuando creo, porque al perderse es cuando uno descubre el mayor tesoro: la sorpresa del hallazgo. Me dejo llevar por lo que venga, sin tratar de controlar o determinar de antemano lo que haré para descubrir lo que emerge cuando lo creo. Hay una noción real de dejar ir. Sin embargo, veo que a menudo son los mismos temas los que vuelven inconscientemente.
Mi trabajo es sobre el ser humano y sus diferentes facetas, sus emociones, su relación con los demás y con el mundo, sus cuestionamientos sobre la vida… Y, por supuesto, todas esas dudas también son mías.
 

 

Se trata de verter la voluntad toda en atención y luego, más o menos como decía Henry James, ser nobles y generosos, corriendo tenaces por la presea. Pero fieles a la realidad inspiradora, al sueño revelador, al intrincado afán cuestionador, ¿qué revelamos de nosotros mismos y qué del exterior?
¿En qué consiste la vocación sino en dar voz al propio tiempo que se muerde la cola, a través –e incluso a pesar– de uno mismo?

 

Todos los elementos en mis composiciones son importantes. La mayoría de ellos vienen espontáneamente porque no pienso en lo que crearé de antemano. Es un proceso creativo que funciona por sentimiento. Coloco mis diferentes elementos como papeles o pintura sin pensar, y siento cuando sucede algo interesante, como si acabara de formarse un equilibrio. Es en este punto que los diferentes elementos encuentran una coherencia entre sí. Una historia interesante toma forma; luego, poco a poco, puedo dar mayor precisión a cada parte.
  

 

Asoman, entonces, líneas rectas, formas fijas, patrones. Una lógica –en este caso, intrusa–…, simplificaciones. Abstracción: la forma comprensible detrás de la realidad, presta a la réplica.
Evidentemente, en los trazos y formas, yace la Matemática, pero más puntualmente, la parte de ellas que se concentra en la extensión y en cómo medirla, en la relación entre puntos, el tejido mismo de las líneas, de la teoría de los ángulos, planos y figuras. Volúmenes.

 

 

Y dijiste también historia. Esta, en cualquiera de sus formas, con o sin mayúscula, refiere a la forma del tiempo en estampas humanas, como proceso. Sucesión; orden; causa y efecto.

 

Sí, el principio de Literatura de la imagen… Tiene sentido para mí.
Considero que cada detalle significa algo en la vida, incluso una simple imagen sin movimiento. Puede decir…, dice decir muchas cosas.
No trato de contar una historia al principio del proceso de creación, pero la obra final tendrá algo que decir, seguro. Algo que vendrá desde lo más profundo de mí, sin que necesariamente haya sido expresado de forma consciente. Por eso, a menudo descubro el significado de mi trabajo luego de haberlo terminado.
 

 

Cada imagen elaborada conscientemente por el ser humano es, desde luego, un texto, y como tal, quiérase o no, una ofrenda. Los textos se prestan a la interpretación de el otro (ese sujeto de otro tiempo y/o lugar); no solo están abiertos a ella, sino que su sola aparición, mejor dicho, su hallazgo, inaugura la posibilidad. En tal sentido, un paisaje natural no constituye verdadero objeto de lectura sino hasta que alguien lo explica como tal por medio de un lenguaje humano…, en un texto de verdad.
 
 Aprendo mucho sobre mí mismo y mi percepción de la vida al observar lo que he creado. Lo que también es muy interesante es escuchar lo que los otros, la audiencia, digamos, ha sentido al ver mi creación. Todos reciben una historia diferente e interpretan mi trabajo a su manera, desde su punto de vista personal. Todas estas historias son importantes para mí porque otras son como espejos, me enseñan mucho de mí mismo.

  

Aciertos…
Que la verdad no sea alcanzable plenamente por ningún sujeto, que quepan a propósito de un texto o de un hecho, sinfín de interpretaciones, no significa que alguien pueda salirse de sí mismo para depositar su finitud en el infinito de posibilidades de lectura y/o interpretación, negando de ese modo su propia mortalidad; eso es pura ilusión. Lo que sobrevive no es la voluntad, la intención ni mucho menos el ánimo, sino los textos. Como dijo Bulgákov, “los manuscritos no arden”…
El rumor sobre ellos muta… La cultura.

 
Muchas fuentes alimentan consciente e inconscientemente mi creación. Ciertamente, todo lo que vivo; mis percepciones del mundo, la sociedad, la vida. Así como las interrogantes profundas, además de lo más común, de mi propia cotidianidad.
Y otras formas de arte. Son de una importancia fundamental. Especialmente la música. Esta me facilita ubicarme en un ambiente que me permite dejarme llevar. A veces prefiero el silencio. Pero depende… Nada permanece quieto.

 
No de este lado. Nada aquí yace dispuesto para el hombre… Y, sin embargo, él espera…
La misma pose lo reduce, pero a su propio gusto. Lo que cuestiona.

 

 

La materialización del ideal en una forma estable. Más afán de permanencia. El absurdo de la felicidad como un estado. Eso a lo que se llama perfección, una torpe caricatura.
Desde luego, esta idealización desplaza ante y sobre todo al propio cuerpo, más precisamente a la carne, en medio de una confusión de sueño, deseo y necesidad, de instinto y mero reflejo; de responsabilidad y culpa.

 

El cuerpo tiene un lugar importante en mi trabajo, es la interfaz que nos une al mundo y uno mismo con los demás.
El proceso de sentir emociones dentro de nuestro cuerpo, dejar que fluyan a través de nosotros en todo momento, sin controlarlas, es la clave para dejarse llevar durante el acto de creación. Este es el estado mental en el que me encuentro cuando creo. Por tanto, es normal que represente cuerpos en mi mismo trabajo.
A veces represento cuerpos que no son ni masculinos ni femeninos. En estos casos, lo importante para mí es presentar al ser humano por encima de todo… para que todos puedan identificarse con el tema en la obra de arte.
  

 

Equilibrio.
Y la aceptación misma de no poder replicar la realidad.
Eso que se suele llamar creación es solo invención. Matiz importante, según se vea.
En su prólogo para Residua de Samuel Beckett, Félix de Azúa afirma del maestro irlandés algo que bien calza a la pretensión de todo artista verdadero: que “no busca una aproximación más o menos verosímil a la realidad sino la creación de una realidad independiente, una realidad literaria (…) Beckett también quiere hacer, no imitar. Por eso todas sus obras son una sola obra y los géneros uno solo.”
Y, también, desde luego, está la técnica.

 

Pintura, escultura, dibujo, mis obras digitales, todo está conectado y se alimenta de forma natural.
Me divierte comprobar que trabajar con unas herramientas en particular, en determinado momento, me desviará de manera muy fluida a otras. Pinto mis esculturas de la misma manera que pinto mis lienzos. Mis obras digitales, por otro lado, consisten en superposiciones de fotos de esculturas, dibujos, pinturas… el resultado de una obra digital puede ser el comienzo de una nueva escultura o de un nuevo dibujo… Es un proceso interminable. Todas las técnicas se responden como ecos.

   

Voces. De la tradición. De las traiciones. De la experimentación.

Sí, para mí, la creación es una forma de lenguaje…

Atendiendo aquel matiz importante, antes referido: La invención significativa constituye su propio lenguaje.
 
Mis obras y el acto de creación me dicen mucho de mí mismo. Mientras dejo espacio para mi participación no consciente descubro cosas que no sabía. Estos descubrimientos constituyen nuevos elementos que me permiten ir más lejos en la misma exploración.
Cuando presento mis trabajos al público durante una exposición, es como si iniciara una conversación con ellos. No espero a que me hagan preguntas sobre mí y el significado de mi trabajo. Prefiero que me digan “su verdad” sobre mi trabajo, la historia que el trabajo les contó, porque no tengo nada más que agregar con palabras, mi creación se expresa mejor de lo que puedo hacer al hablar.

Diálogo.

En que estas criaturas dicen lo suyo por sí mismas. Y la geometría responde a su afán de forma. Pero nos toca a todos…



(Traducción de Isabella Farrell)



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