Miradas, encuentros: Diálogo con Adrien Gomet

Con Juan Pablo Torres Muñiz
 
Se dice que los ojos no mienten. Si aceptamos esto, admitiremos también que nunca dicen toda la verdad. Revelan lo que se sabe, lo que se cree, y las dudas. Con ello suele bastar.
Fijémonos más de cerca. En cada uno de ellos, a través de la cornea, el hoyo secuestra la luz hacia otra noche, la de cada quien, privada. Los ojos son, de algún modo, como bocas a otros cielos. O pozos… de silencio.
Los ojos parecen guardar la sustancia de que, con suerte y por obra de un prodigio evolutivo, se destilan mal que bien sintagmas, con los que nos empeñamos en plantear nuestra realidad.
Delatan. Como pozos, ya fue dicho, pero también como fuentes… ¿Qué mana de ellos, puestos a representarlo…?
Adrien, aquí, comparte lo suyo.

Hay un enlace entre todas mis creaciones. Lo entendí solo hace unos años, aunque el enlace estuvo ahí desde el principio.

Para muchos artistas, se trata de una obsesión, un tema recurrente que marca su trabajo, a veces consciente y, a menudo, inconscientemente.
 

 

Lo mío es abandonar, rendirse.
Hay una imagen clavada en mi cabeza; se trata de una persona que se está ahogando, y estoy aterrorizado, fascinado y obsesionado por el momento en que esta persona decide dejar de luchar y dejarse hundir en este abismo negro sin fin. Ese momento constituye mi obsesión. 
Probablemente se lo pueda identificar como la aceptación de la muerte. O el abandono a la existencia.
En mis obras, generalmente lo busco en momentos de melancolía, momentos de contemplación. Una persona que enfrenta el silencio y la inherente soledad del Ser.
 
Lo que entraña tensión; de ahí que surja una imagen. Se trata, en efecto, conforme lo que describes, de un momento decisivo y, como tal, detonador de una narrativa.

 

Ser conscientes de la propia finitud, enfrentar a partir de esta, la vastedad circundante –lo que resulta más arduo aún concebida remotamente una supuesta totalidad–, determina la llamada condición humana. El conflicto que provoca da pie, además, a aquel sentimiento trágico de la vida, según decía Unamuno, que da carácter a nuestra historia. Así, personajes y argumento.
La representación de una actitud auténtica o, de pronto, desenmascarada, cuestiona.

 

Creo que hay una suerte, sí, de literatura de la imagen. Esta es una herramienta; tiendo a usarla cada vez más en mi proceso de creación. Por ejemplo, uno de mis artistas vivos favoritos es Aron Wiesenfeld. Si quieres hacer una descripción clínica de su trabajo, solo verás a un personaje de pie sin hacer nada, un escenario vacío sin movimiento, etcétera. Pero en realidad, hay más en su trabajo: compondrás la historia detrás de la imagen, imaginarás lo ocurrido antes y lo que viene después; habrá una atmósfera, emociones del personaje o de los personajes…
 

 

La pintura es como una fotografía tomada en un mundo imaginario; el artista puede elegir cuánto le permitirá crear por sí solo al espectador, por medio de su imaginación.
 
O, más bien, determinar el punto más apropiado a partir del cual dejar al espectador completar la cuestión. Es decisivo, en tal sentido, el grado de elocuencia conque el artista transmite su inquietud, bajo la forma de una afirmación; es por ello que hablamos de una propuesta. Esta habrá de confrontar al espectador/lector, a menudo tentándolo a acercarse en pos de una confirmación de su propia visión, para finalmente hacerla trizas…
El arte no complace; si una forma de expresión, por lograda que sea técnicamente, lo hace, pues no es arte.
Así, aquel conflicto respecto de la finitud, la tensión de esa imagen de ahogo y posterior abandono que describías, toca a quien ve los cuadros. Y entonces cabe referir un verdadero contacto…
 

 

Hay una amplísima variedad de miradas similares a estas de los cuadros, una robusta tradición ramificada.
 
Admiro las artes desde niño; por esto mismo, mis inspiración tiene numerosas fuentes, las que, además, cambian con el tiempo. Pero me reconozco bajo la influencia, sobre todo, del Simbolismo de Odilon Redon, Gustave Moreau, Eugène Carrière, Arnold Böcklin, Franz Stuck, Leon Spilliaert, del Expresionismo de Käthe Kollwitz y Edvard Munch. También, del Realismo Americano (Andrew Wyeth, Edward Hopper), además de la de muchos artistas contemporáneos, como Agostino Arrivabene, Aron Wisenfeld, Anton Semenov y Francesco Balsamo, y los fotógrafos Natalia Drepina, Mira Nedyalkova y Laura Makabresku…
 
 
¿Qué tanto puede decir un par de ojos?; ¿cuánto pueden estos, ocultar? ¿Qué tan amplio es en realidad el universo de un rostro? ¿Qué tanto más allá de las palabras nos puede llevar un gesto, una mueca, y con qué precisión?
Los medios para lograr, como antes fue dicho, la mayor elocuencia posible de la expresión, son decisivos: la imagen es ofrecida como un símbolo referente; debe alcanzarnos sin explicaciones y detonar sobre una red de conexiones que, claro, cuanto más consistente y amplia sea, mayor resonancia ofrecerá (haciendo más fértil, por tanto, la experiencia del enfrentamiento).

 

En mi trabajo quiero hablar sobre las cosas íntimas, la sustancia del Ser y el final de eso. Debe ser un diálogo de tú a tú.

 
Intimidad. Interioridad. Ver, entonces, detrás del cuerpo, a través de él. Por medio de él…

 
Para mí, el cuerpo es una herramienta artística para mostrar al ser humano tal cual es; lo pongo frente a aquello que no cuenta con el disfraz tranquilizador de la civilización (la ropa representa, al caso, lo último de cuanto se puede despojar al ser humano, antes de tenerlo tal cual, hondamente desnudo).
Sé, por otro lado, que para algunos artistas, el cuerpo es un tema en sí mismo; hay otros que representan exclusivamente cuerpos, con resultados, a menudo, fascinantes.

 

La carne, por detrás del cuerpo. Otro tipo de intimidad, la del deseo que palpita, contra la abstracción de un nombre por demás elegante (cuerpo). La carne no discute. La carne pelea. Una contra otra. Marca y se deja marcar.
Vamos más allá: El cuerpo es una respuesta. La carne solo cuestiona…

 

 
Aquí, la exploración reviste otro enfoque… Por medio de su propia variedad…
 
Hago sobre todo creaciones manuales, excepto por algunas fotos para dibujos de referencia, por ejemplo. Pero empleo muchos recursos digitales para prepararme y para aprender: fotos y sesiones de vídeo: estudios de anatomía o cursos de maestros sobre perspectiva, composición, anatomía, etcétera.
Por otro lado, estoy usando muchos procesos digitales para mi fotografía; pero esta parte de mi trabajo permanece aún fuera de vista, como algunas otras de mis creaciones. Todavía no estoy del todo cómodo con la idea de mostrar estas obras. No sé bien por qué.
 
Pero, entretanto…
  
 

Quiero hablar a través del simbolismo de algo que es común a todos los seres humanos en este mundo, sin importar su cultura y creencias…

La muerte nos toca a todos. Y todos reaccionamos, en principio, resistiendo. Luego, empieza la verdadera historia…

Recuerdo lo de Ciorán, en Historia y Utopía: “El máximo desapego que podemos pretender es el de mantenernos en una posición equidistante entre la venganza y el perdón, en medio de una hosquedad y una generosidad igualmente blandas y vacías, destinadas a neutralizarse entre sí.”
Cada quien resuelva como pueda…




(Traducción del inglés por Isabella Farrell.)



 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *