La luz como medio: Diálogo con Sasa Gyoker

Con Juan Pablo Torres Muñiz
 
La luz como medio. La sombra como evidencia de la geometría en la visión, como alma del trazo. De manera que lo que vemos, finalmente, es cuanto resiste, de algún modo, el resplandor y define la realidad como la reconocemos. La limita, la determina.
La visión de Sasa deslumbra a través de la luz; toca, irrumpe, corta, por medio de la sombra.
En este sentido es especialmente interesante recordar que ante todo se trata de capturas: reflejos de instantes convertidos –es el arte– en medios para el cuestionamiento; por su elocuencia, en objetos cuestionadores en sí mismos.

 

  

De qué instantes se trata.
Tiempo y espacio en juego…

No hay nada permanente en el mundo de los fenómenos, por lo que no hay deseo de expresar permanencia en mis fotos. En cambio, prefiero apuntar a lo que siento ser el Noumenon detrás o dentro de estas manifestaciones fenoménicas.

 

 

La permanencia en los objetos como tal no es más que un continuo: un flujo de destellos impermanentes. Pero también se podría decir que hay cualidades como la belleza de un rostro humano, un paraguas olvidado junto a la puerta, una tormenta inminente sobre vastos campos, un gesto o una mirada espontánea, un rayo de la luz en ángulo sobre un objeto, una gaviota planeando sola junto al océano, al amanecer; y podría continuar interminablemente… Se trata de puertas a lo que yo llamaría amor, un aspecto de Noumenon.

 

 

Esto implica un continuo desplazamiento, tanto de los objetos como, también, del punto de vista. Todo en movimiento. Espacio y tiempo, ya fue dicho. Aunque ello implique, en apariencia, la aparición de una narrativa, se trata en realidad, propiamente, de una poética.
La distinción es necesaria. Se trata de dos lenguajes profundamente distintos entre sí; el primero corresponde directamente a la razón, a la lógica de causa y efecto, al verbo. El segundo pretende la anulación del tiempo, condicionando completamente la forma al fondo, y viceversa. La musicalidad, de hecho, compone la clave que cierra el sentido mismo de la lectura.

Siento que puedo expresar algo que está más dentro de las imágenes que de las palabras. Resueno con muchas cosas que otros a menudo pasan por alto (la gente regularmente me detiene en la calle para preguntar qué demonios encuentro interesante allí), lo cual considero un regalo ya que no vivo en una ciudad o en una locación excitante y exótica que ofrezca en apariencia mucha materia prima. Sin embargo, las palabras a menudo encuentran su camino hacia mis fotos, en forma de poesía o citas.

 

 

 

Es parecido a deambular, caminar y que, de pronto, venga a ti un poema, quién sabe por qué y de dónde, pero ahí está, un poema que te gusta, pero en el que no has estado pensando durante un buen rato. Pero también se parece a tomar fotos y luego, de repente, descubrirte habiendo sido inspirado por una estrofa, un haiku u una cita.

 

 

En todo caso, si uno no se sorprende a sí mismo durante el proceso de composición, si, de hecho, no ha emprendido este para ir más allá del dominio habitual de un tema o de la técnica, mucho menos alcanzará a sorprender a nadie más sino a través de una mañosa interpretación, en relación a alguna clave del contexto, una falacia ad hominem o algo por el estilo, típico del llamado arte conceptual.
Sí, sorprende el hallazgo, pero lo que guía es el asombro, la apertura a nuevas posibilidades, producto de un enfrentamiento en principio sencillo o solo llamativo.
Esto ocurre a través y, de algún modo, en vía paralela a de la razón. Es, de hecho, un efecto trasversal a los medios de entendimiento. Su lectura, desde siempre, un lío, una burla, si se quiere; una provocación…

 


Me gustaría que mis fotos sean respondidas con la piel, con el alma, más que con la mente. Algunas de mis fotos son sin duda juegos de luz y oscuridad, objetos y sombras de una semi-abstraída manera, muy estilizada, y éstas pueden llegar a uno de manera diferente que, por ejemplo, una extensión de cielo o una onda en el agua…

 

 

Esta forma de plantear las cosas se debe, sin duda a una percepción anterior; es decir, toda visión se desarrolla a la luz de otras perspectivas, de visiones anteriores. Uno aprende a mirar como otros, se apropia así de formas más allá de las originalmente propias, aprende y crece con ello, para dar forma luego a una visión particular.
A fin de cuentas, la escritura es reescritura. En efecto, se trata menos de perseguir la originalidad que de procurar la mayor fidelidad posible a la verdad que constituye nuestra visión de la realidad, una inspiración íntima, robusta y penetrante en directa proporción con nuestras lecturas previas.

 


Son muchos años de mi trabajo en el campo del arte (como asistente de curaduría en la Galería Nacional después de mis estudios en Historia del Arte); sin duda han tenido impacto en mi fotografía. Siempre me han atraído distintos períodos del Arte, pero determinados artistas, incluidos fotógrafos, me han dejado siempre sin aliento, hasta hoy: la belleza retraída, suave y modesta de los siglos XIII y XIV del arte sienés, las expresiones  pictóricas y táctiles, conmovedores juegos de luz y oscuridad en los lienzos de Rembrandt, la ejecución refinada de las xilografías japonesas, las encantadoras pinturas esotéricas de Odilon Redon, el pictorialismo sensual de las fotografías de Stieglitz y Steichen, los pequeños tesoros poema-fotográficos de Masao Yamamoto, el resplandor trascendente, evidente en las polaroid de Tarkovsky, las instantáneas juguetonas, inmediatas y refrescantes del iPhone de Pinkhassov…

¡Dios mío, son tantos grandes…!

 

 

Los ecos que refieres, semejante recorrido a través de las épocas, lleva a pensar también en los medios que, claro, han ido cambiando.
¿De qué forma se ha configurado tu estilo en relación con dichos medios y qué cosas han cambiado para ti?

Intento lograr la mayor parte en la cámara. No me gusta usar filtros o superposiciones. Si hay una divergencia autentica de la foto real en mi “cuarto oscuro”, eso es para desnudar la estructura subyacente de la foto: cómo esta podría ser…

Y trabajo en el brillo, en los niveles y las curvas para lograr la sensación que busco.

 

 

Cada imagen es elocuente.
Siendo así, cada propuesta reduce a la autora en agente, plenamente una medium. Pero como tal, es posible aguardar por una posible reacción más o menos afín a la propia, que se sorprende ante la yo a través de la cual vino a realizarse cada expresión de tu visión.

Me sigo preguntando todo el tiempo después de tomar la foto… Antes, o durante, trato de ser lo más abierta posible, sin esperar nada.

 

 

Quiero mostrar algo que encuentro, que excite mi imaginación, principalmente luz (después de todo, fotografía significa “dibujar en/con luz”). También porque creo que la única forma de vivir para mí es a través de un enfoque espiritual de la existencia.
En cuanto a un observador, estoy muy contenta de escuchar cualquier pregunta. Significa interés: la foto debe haber tenido algún impacto en el observador… ¡eso es algo maravilloso!

De todas formas, la ofrenda está hecha. Quedan la descubierto las sombras, trazos de la forma…

 

 

Una entrega…

 

Rendición abierta.
 
 

(Traducción de Miriam Tejeda.)



 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *