Lo que importa: Sobre la película Call Me by Your Name

Por Mauricio Jarufe
 
Contemplar. Y fijarse detenidamente. Apreciar el detalle. Sentir la música, los rayos de sol, el viento. Todo aquello que compone un día cualquiera. Una mirada. Un suspiro. Algo de Bach interpretado al piano. Algún verso de un maestro grecolatino… Cada elemento cuenta por sí mismo y aporta al conjunto más que cantidad. Cualidad sobre cualidad.
Es con el detalle que se construye lo que conocemos como amor, o una historia al respecto.
Hoy, en una era de lamentable saturación, en la que incluso viene bien hablar de consumo masivo y hasta de malversación del romance, no importa tanto. Aunque Call Me by Your Name no es precisamente una historia de amor, sí lo es sobre el asombro. En relación al amor. El descubrimiento de sensaciones y sentimientos. A partir de ellos, de probables respuestas a las preguntas últimas.
Ahora bien, la curiosidad más sana conduce, si fructifica, en cierto gozo, pero también en dolor. No por nada, las respuestas yacen a veces donde no esperamos quepa, se revelen. En el silencio, por ejemplo; en lo que no se dice. Y en lo que no es posible decir.
He aquí que entra a tallar la contemplación. A través de ella es posible dar con lo implícito, con lo escondido, lo que de pronto asoma por detrás de la niebla, del ruido…
 
 

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Todo un personaje, o todo menos uno: En torno al trabajo de Tom Waits

Por Katiuska Molina y Luisa Deguile
  
No importa si la gente me odia, asumo que la mayoría lo hace. La pregunta importante es, si es que están en la posición de hacer algo al respecto
William S. Burroughs
  
El problema no es Dios, es la verdad; no es el héroe, son sus principios…
Es cuestión de perspectiva. Un héroe, necesariamente, es literatura. Por tanto, pasado e historia trascendente. Nunca presente. Un héroe no es una persona, es una encarnación.
Katiuska sonríe, luego sube el volumen del reproductor, se aparta levemente y lo señala con el vaso. Propone, al caso, un modelo distinto.
Ligero no equivale a superficial, para nada.
Le da al asunto la seriedad de una representante. Y son muchos a los que representa…

Tom. Él, su música. Como fuere, casi siempre precipita reacciones de un extremo u otro: Aunque la música y la voz misma puedan parecer a muchos las de un loco alcoholizado, para otros son las señas de un demonio empecinado en canciones de amor, sobre la vida misma.

 

 

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(Auto)compasión: Sobre el videoclip de Gold, de Chet Faker

Por Guillermo Cóbena
 
La marcha. El compás se abre paso y da pie a la idea de camino, como sendero único. La única forma. Se trata, entonces, de una versión de la historia personal como destino: una visión con la que, acaso, se pretende explicar todo. Justificación…
Hay quienes construyen su vida como el probable guión de una historia; procuran, por tanto, que esta sea entretenida, pero mejor aún si resulta espectacular, así permite pasar por alto los más absurdos saltos, lo incongruente. Cada que se dan a contar de su vida, más todavía cuando dan explicaciones de sus problemas, superados o no, convierten a quienes los rodean en –interesantes– personajes secundarios (como si promovieran, de paso, el casting con su interlocutor).
Bajo la dirección de Hiro Murai, el videoclip de Gold, canción de Chet Faker, nos enfrenta a la farsa de las verdades resolutorias, los manifiestos con los que a menudo se pretende convencer al otro de que se halla ante una víctima…
 

 

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Detrás de la noche: Sobre Moonlight, la película de Barry Jenkins

Por Mauricio Jarufe

  

De repente, azul. Un azul vívido, resplandeciente; un color que, de a pocos, toma nuestra atención. Nos sigue adonde vamos. Un plano-secuencia, azul. Una toma nocturna, lo mismo. Lo vemos constantemente, en los detalles, en el fondo. Moonlight nunca pierde color.
Así compone Barry Jenkins. El azul, melancolía. De la intimidad. Esa que incita a la memoria. La complejidad, contenida en un par de tomas casi a oscuras, con aquel color delineando las imágenes. A través de él, la cámara transita por entre los barrios bajos, donde la violencia y las drogas, por los malos caminos.
Y es aquí donde crece Chiron. La cámara, la mayoría de las veces, la lleva él, como pegada al cuerpo. Esta lo sigue; lo confronta: emociones contenidas en su mirada, su hablar pausado y su silencio. Negro, gay y pobre. Él, que siempre parece tener algo qué contar.
 

Debajo de las notas: Sobre el álbum Secrets, de Allan Holdsworth

Por Juan Pablo Torres Muñiz
 
El lenguaje es invención. Es la manifestación fundamental del pensamiento; constituye en sí mismo, la forma de este.
Los pensamientos ordenados, una vez comunicados efectivamente, conforman textos. Estos, más precisamente, son conjuntos de enunciados que permiten la transmisión de ideas bajo la forma de mensajes coherentes y ordenados; son estructuras compuestas de signos a las que se les atribuye sentido según la situación comunicativa en que se dan.
En el ámbito de las artes, la creación de un lenguaje propio, uno nuevo y original –en la medida en que esto le es posible a nuestra especie–, constituye la máxima pretensión posible de un autor: Ofrecer a través del texto, y a partir de este, un lenguaje insustituible, intocable sin alterar gravemente la esencia misma del pensamiento que desarrolla (sea por medio de hechos, argumentos o música; de formas, colores y volúmenes; etcétera).
La mayoría de entre quienes intentan por su cuenta algo parecido a lo de Allan Holdsworth, en música, logran apenas homenajes interesantes o plagios fragmentarios. La firma del guitarrista, inconfundible desde su primera grabación, queda impresa con especial fuerza en Secrets, su sexto álbum en estudio.
 

 

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Contrastes, caídas: Sobre el videoclip de Alright, de Kendrick Lamar

Por Luisa Deguile y Joaquín Butrón


Divide. Corta o rompe, fractura… Son requerimientos para el supuesto ejercicio del poder en sociedad. Porque este es siempre relativo; implica siempre a un poderoso, de una parte, y afectados, de otra. A fin de cuentas el poder es la capacidad de alterar un estado o el ritmo u orden de un proceso…

Muchos confunden poder con fuerza. Lo primero existe solo en cuanto potencia, mientras que lo segundo, solo con la acción o la omisión; con el auténtico ejercicio. El primero refiere a la competitividad; lo segundo, a la competencia.
Joaquín aguza la vista y, por su parte, dispara…

 
Desde el principio: Oakland. Se ve duro. En gris, luce impresionante; tal vez no bien, que es distinto. Luego, un par de gritos, y a continuación, silencio. De manera que estamos ante varios contrastes, uno seguido de otro: Lucifer y la cruz: policías y delincuentes. Blanco, negro, blanco, negro…

 

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