Alta narrativa menor, también en cine: Tomando de ejemplo 1917, de Sam Mendes

Por Juan Pablo Torres Muñiz

 

En ocasiones, los mejores ejemplos a propósito de determinada forma de composición, son los de textos en los que hacen falta elementos importantes, pues por contraste con obras más bien conocidas, que obviamente cuentan con ellos, es posible reconocer claramente el valor de estos a partir de su función. Esta clase de crítica, obviamente, conlleva sus propios riesgos, pero no más que las otras; como todas ha de exponer los criterios en base a los cuales llega a un juicio de valor respecto del texto bajo análisis, poniendo a prueba, precisamente, el sistema con que se ha hecho la evaluación; en este caso particular, dicho sistema enfrentará a los que justifican halagos al mismo texto en relación a los mismos elementos de análisis y debe, de hecho, alcanzar a demostrar su efectividad aplicado a casos semejantes.

Puede parecer bastante pretencioso apuntar así a un libro o a una película harto reconocidos, por ejemplo, pero dado que el principal objeto de la crítica es poner a prueba el sistema en que se basa, fomentando ante todo el diálogo, cuanto mayor el esfuerzo, mejor habría de ser recibida esta; es decir, con más empeño. Para bien o para mal. Bienvenida la discusión.
 

 

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De pasión y sentido: Sobre BlacKkKlansman, de Spike Lee

Por Mauricio Jarufe y Luisa Deguile
 
¿Cabe decir que felizmente existen todavía formas de cuestionar a propósito de prejuicios raciales sin encallar en la simple provocación? ¿Y a quiénes habría que cuestionar de ese modo?
En cuanto a la primera pregunta, acaso el problema sea, como suele ocurrir en general –más allá del estilo–, el adverbio: ese «felizmente». Si de veras surge la cuestión, ha de ser a través del dolor, del asombro y del dolor. Nada más lejos de la popular acepción de felicidad. Lo que no implica, desde luego, que se tenga que dejar de lado el humor.
En cuanto a la segunda cuestión, queda claro que a quien más le conviene revisar su punto de vista es a quien obvia que este mismo sea solo eso, una perspectiva y, por tanto, en buena medida, una elección consciente; quien se identifica con alguien más o con un grupo  de gente y hace de la identidad su supuesta causa, pues todo lo torna en falacia ad hominem.
El cine de Spike Lee provoca y hasta machaca, pero curiosamente, como de lado, al margen la habitual estridencia de otros medios. Se sirve del arte.
Mauricio tiene algo que decir al respecto, especialmente a partir de su último trabajo…

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Lo que importa: Sobre la película Call Me by Your Name

Por Mauricio Jarufe
 
Contemplar. Y fijarse detenidamente. Apreciar el detalle. Sentir la música, los rayos de sol, el viento. Todo aquello que compone un día cualquiera. Una mirada. Un suspiro. Algo de Bach interpretado al piano. Algún verso de un maestro grecolatino… Cada elemento cuenta por sí mismo y aporta al conjunto más que cantidad. Cualidad sobre cualidad.
Es con el detalle que se construye lo que conocemos como amor, o una historia al respecto.
Hoy, en una era de lamentable saturación, en la que incluso viene bien hablar de consumo masivo y hasta de malversación del romance, no importa tanto. Aunque Call Me by Your Name no es precisamente una historia de amor, sí lo es sobre el asombro. En relación al amor. El descubrimiento de sensaciones y sentimientos. A partir de ellos, de probables respuestas a las preguntas últimas.
Ahora bien, la curiosidad más sana conduce, si fructifica, en cierto gozo, pero también en dolor. No por nada, las respuestas yacen a veces donde no esperamos quepa, se revelen. En el silencio, por ejemplo; en lo que no se dice. Y en lo que no es posible decir.
He aquí que entra a tallar la contemplación. A través de ella es posible dar con lo implícito, con lo escondido, lo que de pronto asoma por detrás de la niebla, del ruido…
 
 

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Todo un personaje, o todo menos uno: En torno al trabajo de Tom Waits

Por Katiuska Molina y Luisa Deguile
  
No importa si la gente me odia, asumo que la mayoría lo hace. La pregunta importante es, si es que están en la posición de hacer algo al respecto
William S. Burroughs
  
El problema no es Dios, es la verdad; no es el héroe, son sus principios…
Es cuestión de perspectiva. Un héroe, necesariamente, es literatura. Por tanto, pasado e historia trascendente. Nunca presente. Un héroe no es una persona, es una encarnación.
Katiuska sonríe, luego sube el volumen del reproductor, se aparta levemente y lo señala con el vaso. Propone, al caso, un modelo distinto.
Ligero no equivale a superficial, para nada.
Le da al asunto la seriedad de una representante. Y son muchos a los que representa…

Tom. Él, su música. Como fuere, casi siempre precipita reacciones de un extremo u otro: Aunque la música y la voz misma puedan parecer a muchos las de un loco alcoholizado, para otros son las señas de un demonio empecinado en canciones de amor, sobre la vida misma.

 

 

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(Auto)compasión: Sobre el videoclip de Gold, de Chet Faker

Por Guillermo Cóbena
 
La marcha. El compás se abre paso y da pie a la idea de camino, como sendero único. La única forma. Se trata, entonces, de una versión de la historia personal como destino: una visión con la que, acaso, se pretende explicar todo. Justificación…
Hay quienes construyen su vida como el probable guión de una historia; procuran, por tanto, que esta sea entretenida, pero mejor aún si resulta espectacular, así permite pasar por alto los más absurdos saltos, lo incongruente. Cada que se dan a contar de su vida, más todavía cuando dan explicaciones de sus problemas, superados o no, convierten a quienes los rodean en –interesantes– personajes secundarios (como si promovieran, de paso, el casting con su interlocutor).
Bajo la dirección de Hiro Murai, el videoclip de Gold, canción de Chet Faker, nos enfrenta a la farsa de las verdades resolutorias, los manifiestos con los que a menudo se pretende convencer al otro de que se halla ante una víctima…
 

 

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Detrás de la noche: Sobre Moonlight, la película de Barry Jenkins

Por Mauricio Jarufe

  

De repente, azul. Un azul vívido, resplandeciente; un color que, de a pocos, toma nuestra atención. Nos sigue adonde vamos. Un plano-secuencia, azul. Una toma nocturna, lo mismo. Lo vemos constantemente, en los detalles, en el fondo. Moonlight nunca pierde color.
Así compone Barry Jenkins. El azul, melancolía. De la intimidad. Esa que incita a la memoria. La complejidad, contenida en un par de tomas casi a oscuras, con aquel color delineando las imágenes. A través de él, la cámara transita por entre los barrios bajos, donde la violencia y las drogas, por los malos caminos.
Y es aquí donde crece Chiron. La cámara, la mayoría de las veces, la lleva él, como pegada al cuerpo. Esta lo sigue; lo confronta: emociones contenidas en su mirada, su hablar pausado y su silencio. Negro, gay y pobre. Él, que siempre parece tener algo qué contar.