La creación del infierno cotidiano: Sobre la propuesta de Béla Tarr

Por: Cristina Mancheno
 
Béla Tarr insiste en que sus películas no caen en períodos distintivos, prefiriendo identificar algo parecido a una evolución constante en lugar de puntos de inflexión marcados. Argumentando, por ejemplo, “si los observas todos juntos, puedes ver que este es el trabajo del mismo hombre”, hay cambios notables en su filmografía, al menos en la superficie. Quizás la idea no sería tan rutinariamente postulada si las últimas partes de su producción no se distinguieran de forma tan poco imitables. Ciertamente hay continuidad en términos de temas, puntos de trama y caracterizaciones, pero en sus películas más recientes, Tarr graba una impresión definitiva e incomparable en el cine moderno, embelleciendo la pantalla con cualidades formales instantáneamente identificables: imágenes en blanco y negro, el prolongado uso de única toma, configuración deprimida y austera, y un elenco de personajes abandonados, cínicos e indigentes. De todos modos, independientemente de si uno ve su obra como una progresión ininterrumpida de elementos comunes o como un avance claramente dividido, es que, en el transcurso de solo nueve filmes y un puñado de cortometrajes, producciones de televisión y documentales, Tarr ha desarrollado una visión singular dentro del panorama cinematográfico internacional. 
 
 

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