Fieras, rituales: Sobre el videoclip para Fade, de Kanye West

Por Luisa Deguile

  

La intención, desde luego, era impresionar; el resultado sobrepasa cuanto se estimaba de manos de una figura controversial, sí, poco más que eso, y no precisamente por su agudeza. Kanye West cuenta, sin embargo, con un solvente equipo de producción…

Russell Linnetz dirigió el videoclip para Fade. Juventud. Ímpetu, y poco a qué temer, de poco saber. Pero el concepto bien claro. Salvaje.
Se trata de una realización ambiciosa en clave de homenaje Pop, por un lado, y, por otro, de una alegoría que roza de modo fácilmente apreciable el límite de lo que comúnmente se tiene por buen gusto. Refresca, por puro atrevimiento, un medio abarrotado de juegos simplones y sofisticados mamotretos…
Valga la expresión, esto se ve simple, pero es otra cosa

 

 
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Consciencia del dolor, y la culpa: Sobre los videoclips de Tool

Por David Kattán y Guillermo Cóbena

  

Ecléctica, compleja –no complicada, simplemente–, agresiva, efectivamente provocadora, la propuesta musical de Tool es de sobra elocuente por sí misma; la banda, además, la ha acompañado desde el principio con una considerable producción de imagen. Es respecto a esta, específicamente en cuanto a los videoclips, que nos reunimos David y yo a conversar esta vez.

 

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Para precipitarnos, para hundirnos: Sobre el videoclip de Accelerate, de Sussane Sundorf

Por: Luisa Deguile

  

Desde los primeros acordes, en la vibración, los contrastes.
Con la violencia que entraña todo acto de creación: Parece que es la propia imagen la que produce el sonido, como un instrumento complejo más. Al juego de sintetizadores responde una ola, elemento percutivo.

Y al ojo –en blanco y negro–, la sucesión hipnótica.
Resulta tremendo como afirmación, pero es que dista de ser simple lo que Stian Andersen ha logrado con el tema de Sussan Sundorf.
Veamos:
 

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Convenciones: Sobre el videoclip de Save me, de Keys N Krates

Por: Lena Marin

  

Como si decir absurdo fuera suficiente…

Calificar así tal o cual conducta implica, desde luego, dejar de lado los motivos no razonables de los sujetos agentes, pero no las causas imprevisibles ni las efectivamente irrazonables del fenómeno que protagonizan.
En el videoclip de Adam Beck y Paul Johnston para Save me, de Keys N Krates nos encontramos con una suerte de desorden como provocación.
Desde luego, la buena cuota de humor. Pero, lo mismo, deslizándose liviana, mas no por ello menos tóxica, sirviéndose de aquel mismo humor, y con aparente claridad inofensiva –más bien palidez engañosa, de niebla romántica la dura crítica al tópico social.
Y todo con toques de auténtica originalidad…
 

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De brillante relojería, y terror: Sobre el videoclip de Pursuit, de Gesaffelstein

Por: Luisa Deguile

  

Arrollador. La secuencia sostiene el voltaje alto e invita, apenas al cabo de la primera vista, a su repetición.
Se trata de una marcha. Es el pulso, compás machacante. De modo que el ritmo, parece, varía apenas y resulta más bien en una suerte de medida fija, implacable cuenta regresiva; esta corresponde a la presentación de los elementos en sucesión amenazante.

Se trata, también, de una exposición. Asoman de inmediato ciertas ideas: museos, monumentos, Historia. En una pretendida demostración, juego bárbaro: alarmante realización.
Fleur & Manu han compuesto para el tema de Gesaffelstein, han tejido con Pursuit, un espectáculo atronador…
 

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La creación del infierno cotidiano: Sobre la propuesta de Béla Tarr

Por: Cristina Mancheno
 
Béla Tarr insiste en que sus películas no caen en períodos distintivos, prefiriendo identificar algo parecido a una evolución constante en lugar de puntos de inflexión marcados. Argumentando, por ejemplo, “si los observas todos juntos, puedes ver que este es el trabajo del mismo hombre”, hay cambios notables en su filmografía, al menos en la superficie. Quizás la idea no sería tan rutinariamente postulada si las últimas partes de su producción no se distinguieran de forma tan poco imitables. Ciertamente hay continuidad en términos de temas, puntos de trama y caracterizaciones, pero en sus películas más recientes, Tarr graba una impresión definitiva e incomparable en el cine moderno, embelleciendo la pantalla con cualidades formales instantáneamente identificables: imágenes en blanco y negro, el prolongado uso de única toma, configuración deprimida y austera, y un elenco de personajes abandonados, cínicos e indigentes. De todos modos, independientemente de si uno ve su obra como una progresión ininterrumpida de elementos comunes o como un avance claramente dividido, es que, en el transcurso de solo nueve filmes y un puñado de cortometrajes, producciones de televisión y documentales, Tarr ha desarrollado una visión singular dentro del panorama cinematográfico internacional. 
 
 

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