Poemas al azar III: Una pequeña antología de poetas norteamericanos

Selección y traducción: Roberto Zeballos Rebaza

  

 
De John Ashbery:
 
 
Algunos árboles
 
Son tan asombrosos: cada uno
Juntándose al vecino, como si el lenguaje
Aún fuera una representación
Pactada por el azar
 
Hallarnos así de lejos del mundo
Esta mañana, sin desacuerdo con él,
Tú y yo somos
De pronto lo que los árboles tratan
 
De contarnos que somos:
Que su simple estar ahí
Significa algo; que pronto
Nos tocaremos, amaremos, hablaremos.
 
Y contentos de no haber inventado
Nada decoroso, estamos cercados;
Un silencio ya colmado de ruido
Una tela en la que aparece un
 
Coro de sonrisas, una mañana invernal.
Puestos en alelante luz, moviéndose,
Nuestros días se visten de tal reticencia
Que estos énfasis parecen su defensa
 
 
Some trees
 
These are amazing: each 
Joining a neighbor, as though speech 
Were a still performance. 
Arranging by chance
 
To meet as far this morning 
From the world as agreeing 
With it, you and I 
Are suddenly what the trees try
 
To tell us we are: 
That their merely being there 
Means something; that soon 
We may touch, love, explain.
 
And glad not to have invented 
Such comeliness, we are surrounded: 
A silence already filled with noises, 
A canvas on which emerges
 
A chorus of smiles, a winter morning. 
Placed in a puzzling light, and moving, 
Our days put on such reticence 
These accents seem their own defense.
 

Miche Pierson

 

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El tren ya había partido: Poemas de Interferencias, de Maurizio Medo

1.
 
Chepa ¡
  
Ni siquiera podía adivinar si aquello
surgía del clímax de algún estúpido juego
o era la vida presentándose para cumplir su jornada.
Dos veces muda, y algo sorda por falta de ganas
aunque sólo tuviera que arrimarme el ascua
y después continuar por allí, de anónima.
 
“Un secreto de costureras”, leí una vez al viejo Adán
sin saber si hablaba de poesía o de cierto sentido.
Pero chepa ¡Aún no logro ensartar por la aguja el hilo.
 
Apenas puedo aguaitar la casa, un ámbito
consagrado por mi padre antes de componer
el réquiem que lo bautizó en difunto
el día que pudo conocer a sus hijos.
 
Mamá prefirió abdicar de tal presente y en vez
huir por el meollo de una foto aparecida
en La Stampa, un día de los años 40,
sin encontrar más recompensa que las ruinas
de esos años perdidos.