Celebraciones: Cuento de María José Caro

Árbol de navidad
 
En mis recuerdos, el árbol siempre es distinto. A veces es un ficus tupido que se sostiene del techo del auto como pino navideño en una película. Otras veces, se trata de un tronco escuálido de hojas amarillentas resbalándose por el parabrisas. Lo que nunca cambia es el auto: un Toyota gris de dos puertas que según mi padre se importaba a pedido desde Japón. Tampoco cambia la expresión de mi madre al verlo bajar del vehículo con la camisa a medio abotonar, los ojos desorbitados y el pantalón sucio. La recuerdo revisando el capó, los parachoques y después pateando la puerta del copiloto, mientras mi padre se tambaleaba hasta a la casa. Me veo siguiéndolos, vestida con aquel pijama de Gasparín que había deformado de tanto jalar hacia abajo. Tal vez intentando convertirme yo misma en un fantasma.
 

Barbara Coleman Dubois

 

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