Bienvenidos, pecadores: Tres poemas de Mary Karr

Selección y traducción de: Roberto Zeballos Rebaza
 
Réquiem de año nuevo
 
En este negro primer día del año nació
     papá hay que ver 
estos ochenta y seis años atrás quien ahora
     no respira ni ocupa 
masa corporal alguna hace ya diez pero  
     todavía no me acostumbro.
Mi mente puede darle forma en esta silla
     a él que ninguna silla sostiene.
Cada año en esta noche al borde de una nueva
     circunferencia me paro y miro 
hacia él, las carreteras se llenan de borrachos,
     y a papá que se emborrachó hasta 
el fin no se le halla. Papá, estoy a mitad de camino
     de la muerte yo también. El milenio 
se me acerca, y el niño que llevo dentro quien 
     lleva tu fuego en sus miembros
sigue mi estela. ¿Por qué no puedes renacer ya
     grande para mí? Si alzo mis brazos 
aquí en la oscuridad, ¿por qué no puedes 
     agacharte y levantarme?    
Esta pesada carcasa que obtuve de la tuya es 
     tutelaje de amor, pero cada año
si bien una ranura más vieja aún no puedo ni 
     alcanzarte ni escapar 
de la monolítica sombra que dejaste. 
 

Henry Moore

 

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