Voces e imágenes, en estéreo: Diálogo con Pamela Cuenca

Con: Luisa Deguile

  

Entre sonido (música en estéreo) e imágenes. Y acerca de gatos, también. La conversación fluye sin embargo por un cauce natural.
Nos rodean imágenes. Una captura suya, un borde de plaza, como referente de perspectiva particular, entre curiosa y distante, dice lo suyo de un alma escurridiza. Con la lectura de sus textos, el sentido queda más claro.
La propuesta de Pamela va sin aspavientos. Conecta en una y otra vertiente. Funciona.

 

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Voces adentro, y afuera: Sobre Todos los hombres del Rey, de Robert Penn Warren

Por: Roberto Zeballos Rebaza y Guillermo Cóbena


Todos los hombres del rey. Novela inmensa. Nada más con este título, Robert Penn Warren se habría asegurado una enorme admiración. Pero hizo más. Poesía, crítica… Antes y luego. Coronó, digamos, pese al anacronismo que implica tal afirmación, su rica carrera, con esta novela clásica.

Viene bien abordarla, y volver al cabo para compartir apreciaciones… Roberto por su lado, yo del mío, a sabiendas que vendría luego la conversación. Y con la nueva edición, restaurada, qué mejor
 
(Comentario del catálogo de Anagrama:
Willie Talos –inspirado en una figura histórica, Huey Long, el célebre y discutido gobernador populista de Louisiana – es un personaje de poderosa y compleja personalidad: orador amado por las multitudes y dictador sin escrúpulos que se mantiene en el poder mediante la corrupción y el chantaje. Robert Penn Warren ha escrito una de las grandes novelas políticas del siglo XX y una original exploración del tema inagotable del conocimiento de uno mismo, donde se entrelazan varios destinos. En el centro, Willie Talos, abogado de origen humilde que llegará a gobernador del estado, que seduce a Anne Stanton, a su hermano Adam y a Jack Burden, los insatisfechos hijos de las familias poderosas del estado. Adam Stanton es el idealista puro y Jack Burden es un desarraigado que pretende ser sólo un espectador inteligente.)

 

 

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Como un espejo de agua (negra): Sobre el legado de Alejandra Pizarnik

Por: Ana Negro y Juan Pablo Torres Muñiz

 

Imágenes, y ecos propios…
Desde luego, Ana y yo no pretendemos “absolutos”, pero partimos, al caso, de puntos relativamente firmes, los ofrecemos… como puntos de partida para cuestionar.
Aceptando la parcialidad propia de cada visión, es menester, sin embargo, hacer a un lado ilusiones, decorados y/o acertijos de interpretación que distraigan, entretengan apenas o, peor, complazcan; por ejemplo, bajo etiquetas de arte por el arte o de forma por la forma,  además de justificaciones de orden “conceptual”. Puro rollo en torno a una elemental identificación.
Ana sabe que me pregunto más sobre Alejandra como personaje que sobre las otras oscuridades, a que alude en sus textos.
Serena, firme, mi amiga anota con decoro:

 
Despojada de formación literaria, no podría jamás acercarme a ella desde esta perspectiva… Pero probablemente tampoco de ninguna…

 
(Sonreímos.)
El reconocimiento de dicha condición –ojo, con la Pizarnik distante–, redunda en seducción por el reflejo…

 

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A la luz: Sobre Comienza Cabot Wright, de James Purdy

Por: Lena Marin
 
Es verdad que, cada cierto tiempo, la obra de James Purdy es reivindicada, pero también que a continuación y casi de inmediato, se la echa de vuelta al olvido. Esto se debe quizá a que su carácter, la visión que refleja en ella, obliga al lector –como ante una gresca inevitable– a tomar partido, cuestionando su época, cualquiera sea esta, pero más todavía a sí mismo, cualquiera sea su edad y experiencia.
Certeros puñetazos, más que empujones o tirones de la camisa: el lenguaje de Purdy, áspero, denso, es enormemente efectivo; conecta y sacude de inmediato lo más delicado, esa fragilidad tras el punto que, además, pareciese elegir con especial malicia. Asesta, en permanente movimiento, frases y oraciones; de ello que, en lugar de un matón agresivo, nos veamos ante un ligero púgil, de gran maña y sangre fría.
Su obra representa el desafío de la cruda calle, desnuda de pronto, sorprendente, dolorosa, si anduvimos demasiado tiempo haciéndonos de la vista gorda: es la luz sobre la sombra, que siempre pudimos encender, por la que alguien ha venido por fin a preguntarnos.
Comienza Cabot Wright es un buen ejemplo de todas estas cualidades.
  

Haber, amar y poseer: Sobre Lazos de familia, de Clarice Lispector

Por: Gabriela Solorio

 

Básicamente, los cuentos de Lazos de Familia se estructuran en tres fases siguiendo una secuencia elemental: la inauguración, realización o proceso de transformación y clausura. En el proceso de transformación se impone un orden, una lógica particular que lleva al conocimiento de aquello que denominamos “lo femenino”.
Lispector plantea un conocimiento del ser, no desde la “superior” razón que nace con la filosofía moderna a partir de la doble duda de Descartes, sino desde la “inferior”, presidida por los sentidos. En otras palabras, plantea que es posible acceder a la verdad a través de las percepciones sensoriales, dejando de lado el razonamiento lógico. Las protagonistas de Lazos de familia no buscan una verdad, sin embargo la encuentran. Esta se revela a sí misma como en la antigüedad sacra, desde la naturaleza –como una interiorización de la realidad entera – sin la mediación de instrumento creado por el hombre. La verdad se manifiesta lejos de las palabras: “la verdad sólo cabría en símbolos, sólo en símbolos la recibirían”. Ello es lo que determina, a mi parecer, la perspectiva desde la que podemos dar un primer paso para analizar la narrativa de Lispector: empezar de que su posición para acceder al conocimiento se configura dentro de lo sacro.

 

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A un lado el ruido: Sobre Las chicas, novela de Emma Cline

Por: Guillermo Cóbena

 

Hay primeras novelas de jóvenes autores, sorprendentes. Y hay obras enormes. Llámalo sueño, Los reconocimientos, Los Buddenbrock rebosan madurez artística. También en Dientes blancos la juventud palpita, apuesta mayor: a todo o nada. En la suma, vaya que trascienden. Pero conviene recordar que estos son casos excepcionales. Cabe afirmarlo no por gratuito escepticismo, si no porque, en efecto, la riqueza de una obra, debida directamente a la fidelidad para con el valor auténtico de su sentido (en juego, la visión entera del autor), revela contenido y forma comprometidos en una entrega personal respecto, evidentemente, de lo que mejor sabe y/o conoce.
No hay edad que garantice del todo, ni el saber por sí mismo, ni el saber comunicarlo.

Finalmente, hay novelas como Las chicas, de Emma Cline, que resultarían sorprendentes si no se las anunciara a gritos como obras mayores.

 

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