A un lado el ruido: Sobre Las chicas, novela de Emma Cline

Por: Guillermo Cóbena

 

Hay primeras novelas de jóvenes autores, sorprendentes. Y hay obras enormes. Llámalo sueño, Los reconocimientos, Los Buddenbrock rebosan madurez artística. También en Dientes blancos la juventud palpita, apuesta mayor: a todo o nada. En la suma, vaya que trascienden. Pero conviene recordar que estos son casos excepcionales. No por gratuito escepticismo, si no porque, en efecto, la riqueza de una obra, debida directamente a la fidelidad para con el valor auténtico de su sentido (en juego, la visión entera del autor), revela contenido y forma comprometidos en una entrega personal respecto, evidentemente, de lo que mejor sabe y/o conoce.
(Hay que tener muy claro de qué va lo propio. No hay edad que lo garantice.)

Finalmente, hay novelas como Las chicas, de Emma Cline, que resultarían sorprendentes si no se las anunciara a gritos como obras mayores.

 

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Navegar el tiempo: Sobre la novela El atentado, de Harry Mulisch

Por: Guillermo Cóbena
 
El tiempo. La memoria. El olvido. La verdad (de cada quien) y la realidad (tanto aquella a cuyo margen vivimos, a menudo ciegos por intención, como aquella que al cabo nos alcanza y compromete). La Historia. Ética y moral. Responsabilidad y culpa. El amor y el perdón. Todo un mundo. Y un mundo en que los hechos vuelven, sin repetirse, a través de nombres, de cuadros y de símbolos.
Sí, en esta novela, la ambición es de clásico; Mulisch, además, hace alusión directa a la gran Tragedia Griega. Vaya prueba de pulso…

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Contratansferencia: Sobre Música, de Yukio Mishima

Por: Guillermo Cóbena

 

Los motivos por los que aquí se propone, vale la pena abordar Música, de Yukio Mishima, van un poco más allá del ámbito de la escritura como oficio. De hecho, digamos, por quienes nos hemos preguntado qué hacer, y qué no, con lo que sabe; cómo incorporar al propio discurso una nueva perspectiva, con su correspondiente jerga, y cómo no hacerlo. A muchos nos cuesta vencer el deseo de lucir la nueva lección, curiosamente, a menudo, hasta que de veras la hemos aprehendido.
Pese a lo pronto quizá no sea necesario, pero me permito advertir que esta propuesta no va de halagos al autor japonés. El mismo, por otra  parte, los merece sobradamente a causa de otros títulos. En tal sentido, aprovecho y si me permiten, os recomiendo al margen, la tetralogía completa El mar de la fertilidad, la novela Confesiones de una máscara e incluso la también excesiva Sed de amor; asimismo, su narrativa breve: notable.

 

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