Cuestión de cuestionar: Sobre la motivación en aulas de Literatura

Por Juan Pablo Torres Muñiz
 
Para Fabiana S., agradecido.
  
Un breve ejercicio de imaginación:
De pronto, abrimos los ojos. Ante nosotros, un cruce de calles desconocidas, y a nuestro alrededor, movimiento: gente desplazándose, unos van y otros vuelven, cada cual adonde sus asuntos la requieren o adonde el ocio los invita.
Lo primero que hacemos, claro, una vez nos reconocemos perdidos, sin un paisaje ni monumentos a la vista que nos puedan servir de referencia, es buscar carteles, la portada de un diario o de una revista, algún texto que nos permita saber… Y si no es posible o, peor aún, si lo que vemos está escrito en un idioma para nosotros desconocido, buscaremos contacto con alguien, intercambiar palabras con quien sea nos entienda.
¿Cabe alguna duda? Así estamos requetebién motivados a aprender el nuevo idioma, así como los demás lenguajes de uso en esa supuesta locación.
Es esta una forma de empezar el curso con los estudiantes, salvadas las distancias con la atrocidad de aquella escena. La forma del ensayo nos permite, sin mayor problema, desarrollar el tema apoyándonos en el testimonio, en la experiencia significativa; esta se prestará a diálogo, con miras a responder: ¿cómo motivar a los estudiantes de los distintos niveles de educación, especialmente en cuanto a Lengua y Literatura?

Acaso viejas palabrejas: De la virtud como experiencia del conflicto

Por Juan Pablo Torres Muñiz
 
En diversos medios, entre declaraciones de buenos propósitos, reclamos de padres preocupados por hacer de sus hijos “personas de bien”, así como entre eslóganes de ofertas de amplia variedad de centros educativos, es de lo más corriente darse con eso de formación en valores. De algún modo el término valor ha venido a sustituir, tratándose en efecto, de un vocablo más versátil y manejable, al de virtud. Confusión de hondas implicaciones. Un valor, a fin de cuentas, refiere a una u otra cualidad apreciada según un determinado círculo, de modo que dicha apreciación, obviamente parcial, juega al caso un rol determinante y es fácil de manipular. Antes, en cambio, era más común que se hablara de virtudes, si bien a menudo, lamentablemente, como ocurre en varios sitios todavía, como parte de una enseñanza dogmatizante y por tanto cerrada, paradójicamente, a la práctica misma de las virtudes, la que se da fundamentalmente en y para el diálogo, para el entendimiento a través de las diferencias en pos de una convivencia lo más armónica posible.
 
 

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Consciencia de la forma: Sobre ciertos reduccionismos en torno a la persona humana

Por Guillermo Cóbena

 

Para C.

   

Es fácil dar por sentado que las comodidades de que gozamos al presente forman parte estable de la vida de todos, que corresponden, sin más, a la cultura, que por sobre dichas comodidades, sin alterarlas, es posible cambiar drásticamente el sistema que permite su normal funcionamiento. A menudo damos por supuesto que nuestra posición, la de los seres humanos respecto del resto de la naturaleza, apenas y guarda relación con ella, que tiene de alguna forma vida propia, al margen, por ejemplo, de la evolución. Y se supone que la evolución humana depende directamente de la tecnología; por tanto, del lenguaje. Digamos que desde tal perspectiva los medios son tomados claramente como fines: definen, según muchos creen, al propio ser humano, y a la persona.

¿En qué medida la humanidad requiere realmente un tratamiento distinto del que se da a otras especies? ¿Es posible entender y, ni qué decir luego, atender debidamente a la persona humana si se la tiene como parte de una especie, nada más? ¿En qué consisten las diferencias que justifican la clara distinción de trato?

 

 

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Poeta del asco: A partir de La moneda falsa, de Charles Baudelaire

Por Héctor Daniel Rosales Lobato
 
Baudelaire escribió un poema, nunca publicado en vida, llamado La moneda falsa; versa acerca de dos amigos que al caminar por los bulevares de París se topan con un mendigo, concediéndole una limosna inmediatamente, sin embargo, uno de ellos es mucho más generoso; al ver la superioridad de la moneda otorgada el narrador se sorprende, pero se sorprende aún más cuando el amigo generoso confiesa tranquilamente: “Era una moneda falsa”.
Pero en mi cerebro miserable, siempre ocupado en buscar lo que no se halla (¡qué abrumadora facultad me ha regalado la naturaleza!), entró de repente la idea de que semejante conducta por parte de mi amigo sólo tenía excusa en el deseo de crear un acontecimiento en la vida de aquel infeliz, y quizá el de conocer las distintas consecuencias, funestas o no, que una moneda falsa puede engendrar en manos de un mendigo. Pero él rompió bruscamente mi divagación recogiendo mis propias palabras: Sí, estáis en lo cierto; no hay placer más dulce que el de sorprender a un hombre dándole más de lo que espera. Entonces vi claro que había querido hacer al mismo tiempo una caridad y un buen negocio. Nunca le perdonaré la inepcia de su cálculo. No hay excusa para la maldad; pero el que es malo, si lo sabe, tiene algún mérito; el vicio más irreparable es el de hacer el mal por tontería.

 

  

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De lo ideal y lo fértil: Reflexiones a partir de una lectura de T. Szasz, en el ámbito de la educación

Por Juan Pablo Torres Muñiz
 
A la muerte de Szasz, parte de la academia psicoanalítica suspiró con culpable alivio: era el adiós a uno de sus críticos más duros. Por otro lado, muchos, dentro y fuera del mismo círculo, lamentaron su partida: las observaciones de Thomas daban lugar, frecuentemente, a fértiles debates.
La aguda, aunque muy discutible observación del Dr. Szasz, al empleo del término enfermedad mental en el ámbito de la Psiquiatría, resulta aprovechable para contemplar la posibilidad de su aplicación por analogía en ámbitos como el de la Educación. En este se da, de hecho con cierta frecuencia, una suerte de tipificación en exceso específica de ciertos extremos considerados perniciosos, así como una idealización parcializada de otras conductas bajo el sesgo de un credo, de una ideología o, sin más, del aliento de una época.
Szasz plantea que el término enfermedad mental ha dejado de servir como referente válido para la constitución de una disciplina, cuya buena intención, finalmente, también pone en entredicho; asimismo, plantea que el mismo término ha venido a reemplazar, con fines egoístas, al mito, antes común, de la brujería y otros similares, dando lugar a prácticas arbitrarias de consecuencias lamentables.
Transitemos: ¿Existe de veras una educación apropiada, óptima, ideal? Y, por cierto, ¿equivalen lo mismo, estas tres calificaciones? ¿Qué determina, en todo caso, si una conducta se encuentra objetivamente fuera de lo esperado como fruto del proceso de aprendizaje, y cómo garantizamos que este criterio sea justo, pertinente, útil más allá de un contexto puntual?

 

 

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Haber, amar y poseer: Sobre Lazos de familia, de Clarice Lispector

Por: Gabriela Solorio

 

Básicamente, los cuentos de Lazos de Familia se estructuran en tres fases siguiendo una secuencia elemental: la inauguración, realización o proceso de transformación y clausura. En el proceso de transformación se impone un orden, una lógica particular que lleva al conocimiento de aquello que denominamos “lo femenino”.
Lispector plantea un conocimiento del ser, no desde la “superior” razón que nace con la filosofía moderna a partir de la doble duda de Descartes, sino desde la “inferior”, presidida por los sentidos. En otras palabras, plantea que es posible acceder a la verdad a través de las percepciones sensoriales, dejando de lado el razonamiento lógico. Las protagonistas de Lazos de familia no buscan una verdad, sin embargo la encuentran. Esta se revela a sí misma como en la antigüedad sacra, desde la naturaleza –como una interiorización de la realidad entera – sin la mediación de instrumento creado por el hombre. La verdad se manifiesta lejos de las palabras: “la verdad sólo cabría en símbolos, sólo en símbolos la recibirían”. Ello es lo que determina, a mi parecer, la perspectiva desde la que podemos dar un primer paso para analizar la narrativa de Lispector: empezar de que su posición para acceder al conocimiento se configura dentro de lo sacro.

 

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