Contratansferencia: Sobre Música, de Yukio Mishima

Por: Guillermo Cóbena

 

Los motivos por los que aquí se propone, vale la pena abordar Música, de Yukio Mishima, van un poco más allá del ámbito de la escritura como oficio. De hecho, digamos, por quienes nos hemos preguntado qué hacer, y qué no, con lo que sabe; cómo incorporar al propio discurso una nueva perspectiva, con su correspondiente jerga, y cómo no hacerlo. A muchos nos cuesta vencer el deseo de lucir la nueva lección, curiosamente, a menudo, hasta que de veras la hemos aprehendido.
Pese a lo pronto quizá no sea necesario, pero me permito advertir que esta propuesta no va de halagos al autor japonés. El mismo, por otra  parte, los merece sobradamente a causa de otros títulos. En tal sentido, aprovecho y si me permiten, os recomiendo al margen, la tetralogía completa El mar de la fertilidad, la novela Confesiones de una máscara e incluso la también excesiva Sed de amor; asimismo, su narrativa breve: notable.

 

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De silencio elocuente: Sobre la obra reunida de Mario Bellatin

Por: Juan Pablo Torres Muñiz

En el lenguaje escrito, como con el elemento o materia prima que corresponden a la música, la pintura o cualquier otro arte, se conjugan permanentemente, de una parte, la expresión misma del artista a través de la nota, el trazo, el volumen logrado y, de otra, aquello que no se tocó  o se convirtió intencionalmente en fondo: el silencio, el espacio basto, la masa muda. En este juego de complementos, el balance logrado, se revela el talento del artista; y se abre para el espectador, oyente, lector, la posibilidad de penetrar en el misterio de su propuesta: su cuestionamiento; a menudo también, su provocación.

 

(Estas notas corresponden a la lectura de su Obra Reunida y Obra Reunida 2, ambas a cargo de Alfaguara.)

El vértigo y los ecos: Notas sobre la lectura de Los demonios, de Heimito Von Doderer

Por: Guillermo Cóbena

A veces, en efecto, conviene simplemente respirar hondo, frotarse la frente con el torso de la mano y, recuperado el aliento, si bien con la sensación del hierro aún entre frente y nuca, alzar la cabeza para probar a ver de nuevo.
No se trata de extensión, de volumen (aunque son más de mil seiscientas páginas), el asunto va en realidad, netamente, de consistencia. Así, fuera de toda duda, la obra de Heimito Von Doderer (Viena, 1896 – 1966) es enorme, descomunal.
Primer y más grande teórico de la llamada novela total, el alemán apuesta a lo más en Los demonios: plasmar la vida toda a través, claro, de determinados fragmentos de esta, vastamente detallados. Y esto, apenas para empezar.
No siendo mi propósito llegar a la médula del monstruo, lo que excede por mucho mi capacidad, procuraré una cómoda aproximación, más allá de una lista de expresiones de asombro…

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