El tiempo en jirones: Diálogo con Tatiana Rivero

Con: Juan Pablo Torres Muñiz
 
Seguirle el pulso al tiempo. Es una forma de decir. Refleja en el fondo una forma de entender el asunto de la experiencia. Al cabo, es imposible concebir la memoria como un ovillo, las imágenes en madeja. El pasado y el presente conviven. Es así que funcionan. En una sola imagen, a veces, se concentra el potencial de algo más. Vislumbramos, dicen.
Para habar de desarrollo también suele darse por supuesto que el esquema lineal funciona. Conviene sacudir un poco la caja de razones, contemplar al final el signo resultante, asentados también los motivos irracionales, entre otros.
Tatiana se desplaza por la sala. Andando entre los cuadros surgen las preguntas.
 
Tengo una imagen que siempre esta ahí… Bajo a un sótano; abro la puerta y ahí esta todo…

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Sueños de urbe y realidad: Sobre la propuesta de Jeremy Mann

Por: Juan Pablo Torres Muñiz

 

Relacionando caminos, destinos, al menos figurados. Experiencias. De viajes – también a través de lecturas. Al contraste con las imágenes, surgen las notas:

Finales, y principios:
Del tiempo y el río, novela mayor de Thomas Wolfe, concluye en una escena que coincide en sorprendente medida con otra, correspondiente por su parte al inicio de la igualmente notable, inmensa, Llámalo sueño, de Henry Roth. La vuelta en un caso, el primer arribo, en el otro. Tierra firme y atrás la bastedad del océano, una nueva oportunidad, siempre. De pronto (cosa de luz y rumores) nos encontramos también en una escena (o toma, acaso, por gracia del periscopio) de John Dos Passos…
 

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Adonde perdemos la mirada: Diálogo con Isaac Pelepko

Con: Juan Pablo Torres Muñiz
 
Miradas perdidas, decimos. Al caso, podemos empezar por ellas, pero Isaac Pelepko plantea desde este punto, entre otros, un espectro de posibilidades particularmente amplio.
Acaso en la tensión del silencio de cada escena asoma la clave: allá donde más bien se encuentra la atención de los personajes es un momento, no un lugar. Una región, sin embargo, transparente.
La pretensión es enorme, porque en medio del drama (atravesado de humor) nos enfrenta a la última cuota de lucidez común a todos. Y paradójicamente provoca trazar, amplio, un arco en que quepa la cuestión. Como si fuera posible.

 

Contratansferencia: Sobre Música, de Yukio Mishima

Por: Guillermo Cóbena

 

Los motivos por los que aquí se propone, vale la pena abordar Música, de Yukio Mishima, van un poco más allá del ámbito de la escritura como oficio. De hecho, digamos, por quienes nos hemos preguntado qué hacer, y qué no, con lo que sabe; cómo incorporar al propio discurso una nueva perspectiva, con su correspondiente jerga, y cómo no hacerlo. A muchos nos cuesta vencer el deseo de lucir la nueva lección, curiosamente, a menudo, hasta que de veras la hemos aprehendido.
Pese a lo pronto quizá no sea necesario, pero me permito advertir que esta propuesta no va de halagos al autor japonés. El mismo, por otra  parte, los merece sobradamente a causa de otros títulos. En tal sentido, aprovecho y si me permiten, os recomiendo al margen, la tetralogía completa El mar de la fertilidad, la novela Confesiones de una máscara e incluso la también excesiva Sed de amor; asimismo, su narrativa breve: notable.

 

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Como la sal, y sus sombras: Diálogo con Red Tweny

Con: Lena Marin



La línea, el trazo, remiten al pulso, pero en ciertas ocasiones, es más, hablan por él. La tensión, en estos casos, atraviesa la obra acabada (que cumple así las veces de portal), recrea el proceso de su creación en sentido inverso y revelan una intención. Un rumbo.
Si recordamos que ninguna intensión implica necesariamente conocimiento, pero sí, siempre, el afán de provocar una reacción, de enfrentar y en el mejor de los casos, cuestionar, entonces podemos hacernos una idea de cómo abrirnos a este mensaje sin palabras.
Con Red Tweny, se presta la ocasión a decir de esta particular forma de elocuencia.

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Contacto: Sobre la propuesta de Neil Craver

Por: Luisa Deguile
  
Tentación de contacto. Como suele ocurrir, bajo la ilusión de que son otras fuerzas las que nos conducen más allá de la propia voluntad…
Así, la curiosidad, el hambre que bien podría explicar el modo furtivo de las capturas, pinta de fuerza distinta, una como determinada por la Física: sí, surge del vacío. De tal forma que nuestro lado, el del espectador, digo, se ofrece presto al particular carácter de cada quien y sus circunstancias. A que lo llenemos.
La posición nos es concedida en el borde mismo de la sombra desde la que acechar.
En todo caso, a salvo: Son ellas las que están desnudas.
Pero Neil Craver nos hace partícipes de algo más…
 
 

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