Delirio, y la marea negra: Sobre el videoclip de XXVI Crimes of love, de Huoratron

Por: Juan Pablo Torres Muñiz


Enormidad.

Vértigo.
Contemplar la mole, inmensos volúmenes desplazándose, suele purgarnos de absurdas pretensiones. Trae consigo paz. O traumatiza. Desde luego, se trata de la confirmación de una certeza simple, dura: la propia finitud. Hay a quienes esta misma visión lleva al pánico, en la negación histérica de la derrota.
Como fuere, al cabo del fenómeno, nos vemos de vuelta en el propio cuerpo, a reconocernos en definición cambiante, misteriosa y, merced de una cuota mínima de sensatez, lejos de instituciones cuyo nombre se destaca con mayúsculas.
El afán de comprensión provoca como salida fácil, tentar símiles: desde la antropomorfización al delirio de paisajes celestiales. De manera que hay quienes confunden energía con voluntad y, en el colmo, causa con razón. Atribuyen todo a una fuerza coherente y, en extremo de soberbia, comprensible.
Huoratron apuesta por el impacto como una forma de… revolvernos en la cuestión.