Condena de los verbos, – el horror: Sobre cuerpos, perspectiva, y Fuga de muerte, de Paul Celan

Por Ana Negro y Lena Marin
 

Compartiendo impresiones. Fue sobre una de sus muestras en particular: Imágenes, escorzo y fuga. Ana y yo andábamos.
Recuerdo: Primero pies. Cuerpos tendidos. Anonimato. Indefensión. A merced de unos ojos. De un ojo. Humano, siempre. Cruel, también.
Nos llevó a evocar lo atroz, algo como el sueño de la voluntad de la máquina. Y el canto del lamento hondo, en la voz de Celan…
Ana Negro, pupilas como brasas; ofrece con su obra, memoria. Conmoción.

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Negro sobre blanco: Sobre el sentido o finalidad de la obra de arte

Por: Ana Negro y Juan Pablo Torres Muñiz
 
En efecto, suele hablarse de quien crea, por un lado, y de quien contempla y entiende, incluso comprende, por el otro…
Ana mira de soslayo una de sus propias obras.
Nuevo sorbo de café…
 
Diré nada o prácticamente nada de mi autoría; se trata solo de la posición particular de quien habla en relación con el tema del sentido o finalidad de la obra de arte…
  
Ecos, voces…

 

 

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El fuego, el nervio: Sobre la obra de Egon Schiele

Por: Ana Negro y Guillermo Cóbena

  

Represión, liberación. Discusiones a partir del legado de Freud; y con este mismo, acaso. La época, a través de un nervio que tensa de veras a la masa entera. Son varios los temas; la propuesta revuelve.
Hay quien dice que la obra de Egon “nos hunde” en el goce, el mismo que, por otra parte, según los románticos, habría de elevarnos.
Y, ya puestos, el asunto se presta bien a formular contrastes. De una parte la expresión, de otra, la comunicación.
También es por esto último que esta obra no solo ampara el tránsito por diversas perspectivas; sino que además prende de veras, y desgarra etiquetas continuamente, de época en época. Convierte en ceniza términos simplones como  “inspiración pura” o “demonios personales”…

 

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Como un espejo de agua (negra): Sobre el legado de Alejandra Pizarnik

Por: Ana Negro y Juan Pablo Torres Muñiz

 

Imágenes, y ecos propios…
Desde luego, Ana y yo no pretendemos “absolutos”, pero partimos, al caso, de puntos relativamente firmes, los ofrecemos… como puntos de partida para cuestionar.
Aceptando la parcialidad propia de cada visión, es menester, sin embargo, hacer a un lado ilusiones, decorados y/o acertijos de interpretación que distraigan, entretengan apenas o, peor, complazcan; por ejemplo, bajo etiquetas de arte por el arte o de forma por la forma,  además de justificaciones de orden “conceptual”. Puro rollo en torno a una elemental identificación.
Ana sabe que me pregunto más sobre Alejandra como personaje que sobre las otras oscuridades, a que alude en sus textos.
Serena, firme, mi amiga anota con decoro:

 
Despojada de formación literaria, no podría jamás acercarme a ella desde esta perspectiva… Pero probablemente tampoco de ninguna…

 
(Sonreímos.)
El reconocimiento de dicha condición –ojo, con la Pizarnik distante–, redunda en seducción por el reflejo…

 

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El frío de la piedra, el candor de la locura: Sobre la obra de Tamara de Lempicka

Por: Ana Negro y Guillermo Cóbena

  

Dijimos del asunto de Tamara… Fue por un comentario contundente, apenas a mención de su nombre.
Ana Negro. Una visión atravesada por la experimentación, me aclara. Y bien claro lo tengo. Franqueza luminosa, a veces como destello de fuego de arma…
Ante los personajes de los cuadros, nunca a sus pies, pese al porte monumental que lucen siempre, nos citamos a dialogar. A ver qué, café por medio. Dos espressos.
Su voz se abre paso…

 

Siempre a rigor de verdad, es así, pero tratándose de este quehacer, más aún, más…

 

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Del territorio condicionante: Diálogo con Sergio Palazon

Con: Juan Pablo Torres Muñiz

 

El cuerpo apremia. En determinado punto, somete a la razón. La doblega o sabotea la estabilidad que en todo caso requiere en sí mismo quien pretenda sostenerla. Nubla. Carcome. Quiebra.
Cada necesidad del cuerpo responde a una lógica, la de la propia vida, pero nada explica el sentido último de esta. A menudo, en su dinámica, deja las proposiciones del lenguaje flotando como ecos en una sala vacía, abandonada, pura teoría… Así se nos va.
El cuerpo es evidencia. Y signo. Marca de lo pasajero, también. Recordatorio. No decimos de lo imperecedero que posea un cuerpo. Son las estructuras y tejidos, esta sustancia que muta y que a menudo sentimos nada más habitar, cuanto nos impide despojarnos de la noción lineal del tiempo… Nacemos y morimos, por medio, una trama de invenciones.
El cuerpo condiciona. Nada primitivo, si no primordial. Ni las estaciones ni otros ciclos nos tocan más que el hambre, que el sueño, que la vejez y nuestra propia muerte. Si acaso algo más queda de nosotros y completa un círculo amplio, evade también el lenguaje, y desde luego la escritura.
He aquí, por todo lo dicho, materia para Sergio Palazon. Él comparte con nosotros la experiencia de sus provocaciones: de un lado la que surge en él y de otro la que sin duda pretende por respuesta.

 

 

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