Alcance y magnitud: Sobre las pretensiones de Christopher Nolan, a partir de Dunkerque

Por: Ernesto Carlín y Juan Pablo Torres Muñiz
 
Un thriller de suspenso épico. Suena rimbombante, pero así lo llama el mismo Christopher Nolan –rimbombante. Dunkerque cuenta con momentos notables; luce un lenguaje cuajado, revelador cuando el excesivo recorte queda de lado y una secuencia supera la dimensión de estampa espectacular, libre al fin de la habitual tendencia del director por el sesgo desconfiado: la nota pedagógica y condescendiente conque, fuera de tiempo, suele darse a surcir la sobrecarga de cabos sueltos.
Esta película se presta bien a un balance de méritos acumulados, así como de posibilidades abiertas más o menos intencionalmente por Nolan y Cia., para próximas tentativas de ambición semejante. Porque vuelve siempre, apresurándose, a temas de peso: las diferencias entre verdad, realidad, experiencia y –ahora– historia. Incluso, algo más.

  

Fecundación: Acerca del videoclip de Earth, de Dream Koala

Por: Luisa Deguile


Como una simple línea, una progresión.

Partimos de nubes en movimiento. Ondulan en cadena. Son estremecimientos de un cuerpo cuya piel apenas y soñamos acariciar con la mirada, sobre el horizonte.
Sin hombres ni otras criaturas menores yendo y viniendo, robando plano alguno, la danza inmensa se alza ajena a todo valor asignable, tan siquiera una escala referente; queda apenas contemplar. El espectáculo conmueve, pues nos devuelve siempre a nuestros límites, violentamente, a la vez que nos aparta de ellos, cuestionándonos respecto de otros horizontes, inmateriales.
Pero el drama, aquí, pretende sembrarlo la música… Por debajo de sus notas, el rumor, los silbidos, para remover una común esencia.

Se nos invita a asomarnos vía ficción, pero mientras, el monóculo se engrosa y la luz llega más y más deformada. ¿Acaso es posible referir un cataclismo si no a través de una ilusión, cediendo además al afán de ponernos en contacto, al menos una pizca, del lado de su causa?

 

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