Debajo de las notas: Sobre el álbum Secrets, de Allan Holdsworth

Por Juan Pablo Torres Muñiz
 
El lenguaje es invención. Es la manifestación fundamental del pensamiento; constituye en sí mismo, la forma de este.
Los pensamientos ordenados, una vez comunicados efectivamente, conforman textos. Estos, más precisamente, son conjuntos de enunciados que permiten la transmisión de ideas bajo la forma de mensajes coherentes y ordenados; son estructuras compuestas de signos a las que se les atribuye sentido según la situación comunicativa en que se dan.
En el ámbito de las artes, la creación de un lenguaje propio, uno nuevo y original –en la medida en que esto le es posible a nuestra especie–, constituye la máxima pretensión posible de un autor: Ofrecer a través del texto, y a partir de este, un lenguaje insustituible, intocable sin alterar gravemente la esencia misma del pensamiento que desarrolla (sea por medio de hechos, argumentos o música; de formas, colores y volúmenes; etcétera).
La mayoría de entre quienes intentan por su cuenta algo parecido a lo de Allan Holdsworth, en música, logran apenas homenajes interesantes o plagios fragmentarios. La firma del guitarrista, inconfundible desde su primera grabación, queda impresa con especial fuerza en Secrets, su sexto álbum en estudio.
 

 

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