Acaso detrás de las voces, y su sombra: Diálogo con Laura V. Alonso

Con Luisa Deguile
 
Voces. Imágenes, también. Incluso como principal punto de partida…
Conversábamos sobre Poundemonium, de Julián Ríos, del viejo asunto de los géneros. Pero lo más importante, la música que contiene, precisamente a través de la cual parece posible desafiar las categorías, no como en otros casos, por eclectismo, sino por una suerte de auténtica renovación a partir de un elemento puro: la palabra.
Al respecto, claro, es grato escuchar a Laura… Así fue que empezó la plática.
 
 

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Un sitio al cual volver: Sobre la propuesta de Dario Maglionico

Por Lena Marin
 
Lugares. Pertenencias. Posesiones. Límites.
Hablamos de espacios por apropiación: al hacerlo referimos a las dimensiones en que concebimos, discurre o es posible que discurra una realidad, tentando así conocerla. Aquel discurrir corresponde al propio flujo de las ideas, a su disposición, incluso a su fragua en estructura, que entonces se identifica con la geometría del espacio exterior. Surgen los vínculos. Cálculo. Anticipación. Familiaridad.

Se dice mucho lo de tener un lugar, un sitio al cual volver. Las imágenes de Dario nos confrontan con esta aparente ilusión.
 

 
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Línea difusa: Digresiones en diálogo con Celia Anahín

Con Juan Pablo Torres Muñiz
 
Hay ocasiones, cuando los sutiles modos de, digamos, una invitación resultan particularmente apropiados, una ofrenda, producto pleno del esmero que en sí mismos revelan, materia seductora en su conjunto, y no obstante, en apariencia, apenas medio para situarnos en un estado de lo más favorable a la contemplación…, y de pronto nos enfrentan sin más con – la cuestión misma de fondo.
Entonces basta corresponder con un mínimo de delicadeza para caer en cuenta, nos hallamos comprometidos en el asunto, hondamente. Aunque ignoremos el momento en que cedimos, ni de qué modo lo hicimos, dónde estuvo «la trampa», y en qué medida fuimos nosotros mismos que nos metimos en esto. Aparte de qué es «esto mismo»…
Tal especie de insinuación, por lo delicada, se sitúa provocadoramente cerca de la complacencia, nefasta; mas desde tal cercanía, la enfrenta, rompe el cristal del espejo que la representa. Libera el aire del humor de sus poluciones y abre paso al asunto de nuestra fragilidad, cierta propensión a ceder dóciles a determinados perfumes.
Las imágenes de Celia Anahin crean una atmósfera que, digamos, enmudece el entorno, evoca por detrás de él susurros de horizontes lejanos, abandonados en amaneceres y de tarde, a los sueños, – al olvido.
Nos lleva. Vamos. A perdernos con ella.
 
 

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