Golpe y desbandada: Sobre la propuesta de Laura Makabresku

Por Lena Marin
 
Tratándose de personas, por toda víctima se supone, hay siempre un victimario. Se trata más que de posiciones, de roles. Cada uno de estos es determinado por un comportamiento en relación a su contraparte a través del daño.
Si el corazón ligero de la víctima acarrease siempre alguna culpa del victimario, ¿no implicaría esto una nueva victimización, esta vez en sentido inverso, trocando los roles? ¿Es que es capaz de lastimar al otro, la propia fragilidad?
Laura Makabresku pretende, acaso, hacer de determinadas víctimas, personajes activos. Estos actuarían, de hecho, a través de la contemplación de su propia condición, como si fruto de esta o, más precisamente, como consecuencia de su reflejo en la captura fotográfica, alcanzaran a herirnos.
 

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Risa contra el hielo: Sobre la vuelta de Joker en la cultura popular.

Por Juan Pablo Torres Muñiz
 
¿Qué tanto sorprende de veras el éxito que cosechan hoy, a través de las pantallas, varios viejos héroes, especialmente los de historietas? Al respecto, ¿no era de esperarse el contraste de estos con Elsa, la protagonista de Frozen, personaje, según muchos, revestido de una dignidad de la que ellos carecen? ¿No refuerza el resultado de este contraste la idea de que los machos Iron Man, Spiderman, Flash y los confundidos Skywalker, son en realidad los favoritos solo de los niños y de los hombres aniñados, aparte coleccionistas serios y  otros nostálgicos?
Que esta sea una época de reescrituras apresuradas, remakes y, sin más, plagios a escala industrial, no es coincidencia: Rambo y Rocky, aunque este por medio de su legado, hacen el refrito en franquicia, aparentemente sin cansancio; de hecho, el club entero de veteranos de acción, encarnaciones de la violencia por causa justa, con rostro propio: Schwarzeneger, Van Damme, Lundgren, el mismo Stallone, en otros papeles, y compañía, vuelven porque el puesto quedó vacante demasiado tiempo ya, y porque la burla aquella en relación a las historietas, se da también entre congéneres: de supuestos adultos a mocosos.
Acaso la aparición de Neo, en Matrix, sirvió para declarar solemnemente dicha vacancia: Un héroe desarrolla una lucha, y a través de esta hace significativa su vida, ofreciendo, además, un sentido a la vida de los demás; el personaje interpretado por Reeves (mucho mejor como John Wick, empero remedo de sus predecesores y, por tanto, indigno de mayor mención aquí), encarna al perpetuo adolescente extraviado, de padres ausentes y sin referente alguno que le permita saber de dónde viene ni mucho menos si sirve para algo o apenas vegeta ante su ordenador como tantos otros en un mar de estadística. Sin la menor idea de qué diablos hacer precisamente, ni de quién es él mismo en realidad, vuela y reparte golpes, como típico dibujo luchador de anime, a lo largo de tres filmes cuyo planteamiento inicial, si bien es interesante, incluso cuestionador, finalmente, y justo por la inconsistencia de su protagonista, nada nos dejan, salvo un curioso listado de efectos especiales estrenados cada vez.
Alguien por ahí dice que Neo es en realidad el padre conceptual de la masa Millenial, ese que nunca se enteró que le habían fallado los preservativos, seguramente porque no sabía a qué cuerpo ponérselos, ni cómo, pues a lo mejor había que resolver un acertijo para eso y ya tenía suficiente saltando niveles a lo Mario.

 

 

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Alta narrativa menor, también en cine: Tomando de ejemplo 1917, de Sam Mendes

Por Juan Pablo Torres Muñiz

 

En ocasiones, los mejores ejemplos a propósito de determinada forma de composición, son los de textos en los que hacen falta elementos importantes, pues por contraste con obras más bien conocidas, que obviamente cuentan con ellos, es posible reconocer claramente el valor de estos a partir de su función. Esta clase de crítica, obviamente, conlleva sus propios riesgos, pero no más que las otras; como todas ha de exponer los criterios en base a los cuales llega a un juicio de valor respecto del texto bajo análisis, poniendo a prueba, precisamente, el sistema con que se ha hecho la evaluación; en este caso particular, dicho sistema enfrentará a los que justifican halagos al mismo texto en relación a los mismos elementos de análisis y debe, de hecho, alcanzar a demostrar su efectividad aplicado a casos semejantes.

Puede parecer bastante pretencioso apuntar así a un libro o a una película harto reconocidos, por ejemplo, pero dado que el principal objeto de la crítica es poner a prueba el sistema en que se basa, fomentando ante todo el diálogo, cuanto mayor el esfuerzo, mejor habría de ser recibida esta; es decir, con más empeño. Para bien o para mal. Bienvenida la discusión.
 

 

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Acaso detrás de las voces, y su sombra: Diálogo con Laura V. Alonso

Con Luisa Deguile
 
Voces. Imágenes, también. Incluso como principal punto de partida…
Conversábamos sobre Poundemonium, de Julián Ríos, del viejo asunto de los géneros. Pero lo más importante, la música que contiene, precisamente a través de la cual parece posible desafiar las categorías, no como en otros casos, por eclectismo, sino por una suerte de auténtica renovación a partir de un elemento puro: la palabra.
Al respecto, claro, es grato escuchar a Laura… Así fue que empezó la plática.
 
 

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Decir de drama: Sobre la obra de Robert Heindl

Por Guillermo Cóbena
 
Efectivamente, hablamos de textos, pero qué tan preciso es preguntar qué nos dice, entonces, tal o cual imagen. A distintos lenguajes corresponden obviamente distintas lecturas; por tanto, la cuestión planteada de aquel modo alude tácitamente a una traducción, y supone, sin más, su plena fidelidad. Afirmar que el significado de la imagen es objeto invariable de transmisión a través de la palabra, del decir articulado en el tiempo, constituye un error, grueso, par a declarar idénticas reproducción y explicación.
Si bien esto resulta bastante obvio, la obra de Robert Heindl tienta, en su elocuencia, al intercambio de pareceres, más allá de los objetos de representación, directamente sobre la esencia de todo drama, como si contuviese ciertas claves de fácil traducción al respecto, acaso resumidas.
 

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De pasión y sentido: Sobre BlacKkKlansman, de Spike Lee

Por Mauricio Jarufe y Luisa Deguile
 
¿Cabe decir que felizmente existen todavía formas de cuestionar a propósito de prejuicios raciales sin encallar en la simple provocación? ¿Y a quiénes habría que cuestionar de ese modo?
En cuanto a la primera pregunta, acaso el problema sea, como suele ocurrir en general –más allá del estilo–, el adverbio: ese «felizmente». Si de veras surge la cuestión, ha de ser a través del dolor, del asombro y del dolor. Nada más lejos de la popular acepción de felicidad. Lo que no implica, desde luego, que se tenga que dejar de lado el humor.
En cuanto a la segunda cuestión, queda claro que a quien más le conviene revisar su punto de vista es a quien obvia que este mismo sea solo eso, una perspectiva y, por tanto, en buena medida, una elección consciente; quien se identifica con alguien más o con un grupo  de gente y hace de la identidad su supuesta causa, pues todo lo torna en falacia ad hominem.
El cine de Spike Lee provoca y hasta machaca, pero curiosamente, como de lado, al margen la habitual estridencia de otros medios. Se sirve del arte.
Mauricio tiene algo que decir al respecto, especialmente a partir de su último trabajo…

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