De regios espejos, de prismas: Diálogo con Carlos Bracho sobre el trabajo de Brooke Shaden

Con: Juan Pablo Torres Muñiz
 
Dialogamos. Lentes distintas. Sobre el trabajo de Brooke Shaden.
Carlos Bracho, de serena sonrisa, café por medio, – para quien la gran popularidad de la fotógrafa corresponde a una invitación para el ideal y a identificación en otro plano, de sentir que evade términos sencillos. Las imágenes dicen –…, pero qué; ¿cuál es la forma del cristal; cuál su lisura?…
  
… Llegué a su trabajo por casualidad. Lo encontré por medio de las redes sociales, y fue una bofetada que me hizo ver de lo que es capaz una persona cuando es realmente apasionada.
Algo que vale la pena ver.
 

 

Danzante interrumpido: Sobre la nueva muestra de Ana Negro

Por: Juan Pablo Torres Muñiz
 
La artista dijo que optaba esta vez por un nuevo modo, con distintos materiales, algo más sencillo, y un motivo más específico; se trataría, en efecto, de superficies más pequeñas, obras que pensaba terminar en menos tiempo que las precedentes. Se trataba, también, de un asunto de intensidad, era deducible, aunque omitiera comentario al respecto.
La impresión, luego de ver los primeros cuadros terminados, me acercó vertiginosamente al silencio distinto a que me vi obligado a ceder antes, cuando nos conocimos, tras recorrer lo mejor de su obra hasta dicho momento. Más.
Justifica esto, el intento de decir algo a propósito.
 

Línea difusa: Digresiones en diálogo con Celia Anahín

Con Juan Pablo Torres Muñiz
 
Hay ocasiones, cuando los sutiles modos de, digamos, una invitación resultan particularmente apropiados, una ofrenda, producto pleno del esmero que en sí mismos revelan, materia seductora en su conjunto, y no obstante, en apariencia, apenas medio para situarnos en un estado de lo más favorable a la contemplación…, y de pronto nos enfrentan sin más con – la cuestión misma de fondo.
Entonces basta corresponder con un mínimo de delicadeza para caer en cuenta, nos hallamos comprometidos en el asunto, hondamente. Aunque ignoremos el momento en que cedimos, ni de qué modo lo hicimos, dónde estuvo «la trampa», y en qué medida fuimos nosotros mismos que nos metimos en esto. Aparte de qué es «esto mismo»…
Tal especie de insinuación, por lo delicada, se sitúa provocadoramente cerca de la complacencia, nefasta; mas desde tal cercanía, la enfrenta, rompe el cristal del espejo que la representa. Libera el aire del humor de sus poluciones y abre paso al asunto de nuestra fragilidad, cierta propensión a ceder dóciles a determinados perfumes.
Las imágenes de Celia Anahin crean una atmósfera que, digamos, enmudece el entorno, evoca por detrás de él susurros de horizontes lejanos, abandonados en amaneceres y de tarde, a los sueños, – al olvido.
Nos lleva. Vamos. A perdernos con ella.
 
 

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