Condena de los verbos, – el horror: Sobre cuerpos, perspectiva, y Fuga de muerte, de Paul Celan

Por Ana Negro y Lena Marin
 

Compartiendo impresiones. Fue sobre una de sus muestras en particular: Imágenes, escorzo y fuga. Ana y yo andábamos.
Recuerdo: Primero pies. Cuerpos tendidos. Anonimato. Indefensión. A merced de unos ojos. De un ojo. Humano, siempre. Cruel, también.
Nos llevó a evocar lo atroz, algo como el sueño de la voluntad de la máquina. Y el canto del lamento hondo, en la voz de Celan…
Ana Negro, pupilas como brasas; ofrece con su obra, memoria. Conmoción.

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Como un espejo de agua (negra): Sobre el legado de Alejandra Pizarnik

Por: Ana Negro y Juan Pablo Torres Muñiz

 

Imágenes, y ecos propios…
Desde luego, Ana y yo no pretendemos “absolutos”, pero partimos, al caso, de puntos relativamente firmes, los ofrecemos… como puntos de partida para cuestionar.
Aceptando la parcialidad propia de cada visión, es menester, sin embargo, hacer a un lado ilusiones, decorados y/o acertijos de interpretación que distraigan, entretengan apenas o, peor, complazcan; por ejemplo, bajo etiquetas de arte por el arte o de forma por la forma,  además de justificaciones de orden “conceptual”. Puro rollo en torno a una elemental identificación.
Ana sabe que me pregunto más sobre Alejandra como personaje que sobre las otras oscuridades, a que alude en sus textos.
Serena, firme, mi amiga anota con decoro:

 
Despojada de formación literaria, no podría jamás acercarme a ella desde esta perspectiva… Pero probablemente tampoco de ninguna…

 
(Sonreímos.)
El reconocimiento de dicha condición –ojo, con la Pizarnik distante–, redunda en seducción por el reflejo…

 

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El frío de la piedra, el candor de la locura: Sobre la obra de Tamara de Lempicka

Por: Ana Negro y Guillermo Cóbena

  

Dijimos del asunto de Tamara… Fue por un comentario contundente, apenas a mención de su nombre.
Ana Negro. Una visión atravesada por la experimentación, me aclara. Y bien claro lo tengo. Franqueza luminosa, a veces como destello de fuego de arma…
Ante los personajes de los cuadros, nunca a sus pies, pese al porte monumental que lucen siempre, nos citamos a dialogar. A ver qué, café por medio. Dos espressos.
Su voz se abre paso…

 

Siempre a rigor de verdad, es así, pero tratándose de este quehacer, más aún, más…

 

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