Tras el ataque: Diálogo con Emilio Seraquive

Con Juan Pablo Torres Muñiz
 

Resulta más o menos fácil identificar el trabajo de Emilio Seraquive con un ataque. Esto mismo nos plantea la cuestión de cómo es que se lo encaja. Y, luego, pues cómo a menudo se lo encasilla.
El contacto es rápido, violento, pero demora lo suyo en reflejar su verdadero impacto. Como un gancho al torso.
Hablar con el propio autor es como recibir aire aventado con la toalla en la esquina del cuadrilátero. Se agradece.

  

Veredas frías es el nombre de esta propuesta, pero aún no he terminado; sigo alimentando el imaginario que antecede a cada ejercicio plástico con hechos cercanos a mi realidad, reforzando estas mismas ideas previas.

 

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Inusual travesía: Diálogo con Mark Heine

Con: Juan Pablo Torres Muñiz
 
Sumergirse…
Mark Heine. Obra compleja.

Donde para un mal observador se luce predominantemente una técnica excepcional, apenas, brilla en realidad un modo particular de cuestionar desde la ilusión del tiempo suspendido. Así, en cada trazo y toque, una intención.

En juego, por ejemplo, el asunto de la propia identidad y los niveles de consciencia; asimismo, la interacción con el medio. No desde una provocación, si no más bien de una sutil invitación a sumergirse, quizá en el sueño…

 

Caminos y orillas: Diálogo con Karina Pacheco

Con: Juan Pablo Torres Muñiz

Una pausa en el camino. El paisaje se abre, amplio…

Para referirnos a términos como ficción y realidad, conviene tener clara, previamente, otra diferenciación, la existente entre realidad y verdad. Así nos es más sencillo reconocer tanto ficciones como realidades verdaderas, auténticas, lo mismo que dar fácilmente con lo real no verdadero, es decir, lo falso, errado, la burda mentira y el engaño.
La verdad es relativa; más bien, subjetiva. Se sostiene en el artificio del lenguaje. De modo que la representación de la realidad, más allá, la transmisión de una experiencia o sus frutos, a través de proposiciones, acaba, en última instancia, por subrayar la imposibilidad del entendimiento pleno del mensaje.
La interpretación implica una intervención. En la escritura, los hechos nunca le ocurren, simplemente, a uno; es uno que los incorpora, y por medio de ello procura comprender; para esto emplea la imaginación, que relaciona, teje. Hablamos de Intellegere.
Karina Pacheco, amable siempre, interviene, a propósito de su narrativa…

Los héroes equivocados: Sobre el legado de Sam Peckinpah

Por: Ernesto Carlin y Juan Pablo Torres Muñiz
 
Que si hizo apología de la violencia, que si fue banalización… Mucho ha sido dicho. Desde luego, se le atacó en su momento, enfáticamente, y hoy, sin duda, volarían etiquetas en su contra con más facilidad, una metralla; no obstante, como antes, sin hacerle mella. A Sam Peckinpah se le ha acusado a gusto; su obra, no obstante, perdura. Continúa su influencia mucho más allá de los estándares de violencia que, ciertamente, elevó en el cine; siguiendo una línea más o menos sinuosa desde Shakespeare (cuya vida hoy, pobre, correría peligro) y aviva con sus ecos, nada más por citar un ejemplo, la inmensa novelística de Cormac McCarthy.
Aquí, Ernesto Carlín, siempre cordial, sonríe del otro lado del café y se presta a acompañarnos. A explorar este viejo campo minado…

Del quehacer en el límite: Diálogo con Jorge Eduardo Benavides

Con: Juan Pablo Torres Muñiz
 
La escritura como oficio dista mucho del hábito, de la manía y de la práctica con otros fines, el catártico, por ejemplo (no obstante últimamente se publique por igual de todo). Se eleva como arte al realizar la vocación comunicadora, distinguiéndola principalmente del  afán de mero registro, del servir como herramienta mnemotécnica o de la sola transmisión de información, en que afirma y postula como tal, cada vez con cada obra una nueva realidad, plena. Esta, entendida la lectura, confronta las de los demás, o sus atisbos y bosquejos, sus vacíos, cuestionando respecto de las razones y demás motivos en unos y otros.
Como obra implica, por tanto, una toma de partido. Esta se revela a menudo, no tanto en las sentencias como en las formas mismas que adopta para cada expresión el lenguaje, transparentando en sí el modo de pensar, los mecanismos de la inteligencia en apuesta. Esto último nos lleva un tanto a eso que decía Eliot respecto de que cada quien es su propia sintaxis. 
Hablamos de consciencia y también del resultado de una posición paradójica en que bien se desarrolla mucho más que una teoría de la composición. Todo creador ha de entregarse a sí mismo pleno en atención, de modo que aquello que al cabo lo distinga, sea cuanto quede manifiesto en su elocución, reveladora de condiciones de su consciente, subconsciente e inconsciente, exponiéndolo apenas como remoto prisma, complejo y cambiante.
Conversar con Jorge Eduardo Benavides pinta ideal como ocasión para entrever más al respecto y aprender, especialmente en lo tocante a la novela. El testimonio que –siempre cordial– nos brinda, va, sin embargo, más allá de las letras. Sus modos coinciden en revelar un proceder más amplio. Y un carisma especial.
 

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Desaforo: Sobre la propuesta de Kinki Texas

Por: Guillermo Cóbena

 

La alegría brota siempre del recorte de una perspectiva, de su violenta parcialidad. Se concentra en el favor de la fortuna, o la ilusión; en todo caso responde a la justificación del rumbo adoptado, la actitud tenaz, tozuda o inconmovible que nos ha traído adonde nos encontramos. El placer de creerse justificado impulsa a la sonrisa y a la risa. De manera que nos adelantamos a estorbar con ruido el probable asomo de la duda, por muy remoto que sea. Es nuestra vida, nuestra realidad la que se impone. Sobre la de los demás.
Muestran los dientes, sus armas, y aunque no pueda descartarse el riesgo de ser herido en plena algarabía, en tanto uno se manifieste claramente plegado al motivo del ágape (la muerte, inminente o potencial, del otro), será bien acogido.
Es la fiesta.
Bienvenidos sean a las celebraciones de Kinki Texas…



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