Alcance y magnitud: Sobre las pretensiones de Christopher Nolan, a partir de Dunkerque

Por: Ernesto Carlín y Juan Pablo Torres Muñiz
 
Un thriller de suspenso épico. Suena rimbombante, pero así lo llama el mismo Christopher Nolan –rimbombante. Dunkerque cuenta con momentos notables; luce un lenguaje cuajado, revelador cuando el excesivo recorte queda de lado y una secuencia supera la dimensión de estampa espectacular, libre al fin de la habitual tendencia del director por el sesgo desconfiado: la nota pedagógica y condescendiente conque, fuera de tiempo, suele darse a surcir la sobrecarga de cabos sueltos.
Esta película se presta bien a un balance de méritos acumulados, así como de posibilidades abiertas más o menos intencionalmente por Nolan y Cia., para próximas tentativas de ambición semejante. Porque vuelve siempre, apresurándose, a temas de peso: las diferencias entre verdad, realidad, experiencia y –ahora– historia. Incluso, algo más.