Del quehacer en el límite: Diálogo con Jorge Eduardo Benavides

Con: Juan Pablo Torres Muñiz
 
La escritura como oficio dista mucho del hábito, de la manía y de la práctica con otros fines, el catártico, por ejemplo (no obstante últimamente se publique por igual de todo). Se eleva como arte al realizar la vocación comunicadora, distinguiéndola principalmente del  afán de mero registro, del servir como herramienta mnemotécnica o de la sola transmisión de información, en que afirma y postula como tal, cada vez con cada obra una nueva realidad, plena. Esta, entendida la lectura, confronta las de los demás, o sus atisbos y bosquejos, sus vacíos, cuestionando respecto de las razones y demás motivos en unos y otros.
Como obra implica, por tanto, una toma de partido. Esta se revela a menudo, no tanto en las sentencias como en las formas mismas que adopta para cada expresión el lenguaje, transparentando en sí el modo de pensar, los mecanismos de la inteligencia en apuesta. Esto último nos lleva un tanto a eso que decía Eliot respecto de que cada quien es su propia sintaxis. 
Hablamos de consciencia y también del resultado de una posición paradójica en que bien se desarrolla mucho más que una teoría de la composición. Todo creador ha de entregarse a sí mismo pleno en atención, de modo que aquello que al cabo lo distinga, sea cuanto quede manifiesto en su elocución, reveladora de condiciones de su consciente, subconsciente e inconsciente, exponiéndolo apenas como remoto prisma, complejo y cambiante.
Conversar con Jorge Eduardo Benavides pinta ideal como ocasión para entrever más al respecto y aprender, especialmente en lo tocante a la novela. El testimonio que –siempre cordial– nos brinda, va, sin embargo, más allá de las letras. Sus modos coinciden en revelar un proceder más amplio. Y un carisma especial.
 

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